El variopinto planeta peronista está en ebullición. En público o en privado, se multiplican reuniones, charlas y contactos entre dirigentes que han dejado de lado por un momento sus diferencias para explorar qué armado pueden encarar para intentar vencer a Javier Milei el año próximo.
A caballo del deterioro político del Gobierno, que la oposición evalúa prematuramente como irreversible, de la dinámica rosquera participan figuras de peso dentro y fuera del PJ, así como sindicalistas y empresarios muy preocupados por el rumbo económico libertario.
La lista de apellidos involucrados es vasta. Aparecen, entre muchos otros, los gobernadores Kicillof, Llaryora, Jalil, Sáenz; los diputados Pichetto, Monzó, Massot, Tolosa Paz, Michel; “influencers” como Moreno; operadores como Olmos; activistas como Massa; oportunistas como el ¿ex? pastor Gebel y hasta gente cercana a la vicepresidenta Villarruel. Hay más, claro, que prefieren permanecer aún en las sombras.
Jorge Brito, el banquero que sólo quiere jugar en la interna peronista
Del renovado espíritu tertuliano peronista también participan fundaciones y centros de estudios económicos, que buscan avanzar en diagnósticos y, sobre todo, propuestas consensuadas en materia económica y el rol del Estado.
Sin embargo, todos estos movimientos dispares y descoordinados entre sí chocan con una posible bomba desintegradora, generada dentro del propio peronismo. Casi un clásico.
En medio de todas estas tratativas, o justamente debido a ellas, el kirchnerismo duro ha decidido plantear como condición para cualquier “apertura” que la plataforma de acuerdo sea la futura liberación de Cristina Fernández de Kirchner, vía indulto.
Ya no se trata sólo de que esa bandera la levanta La Cámpora, sino otros personajes del cristinismo como Sergio Berni, Teresa García u Oscar Parrilli. Y hasta integrantes del Gabinete bonaerense, como Juan Martín Mena, nada menos que el ministro de Justicia. Cuidado con el riesgo de “albertización”.

Tampoco es casualidad que el epicentro del reclamo por “Cristina libre” sea la provincia de Buenos Aires. Es el núcleo donde se asienta el poder camporista y donde mayores piedras en el camino le pone la agrupación exjuvenil a las aspiraciones presidenciales de Kicillof, quien acaba de sustituir al frente del PJ provincial a Máximo Kirchner, su enemigo íntimo.
La tensión por el condicionamiento cristinista obligó al ministro de Gobierno y hombre de confianza de Kicillof, Carlos Bianco, a realizar varias réplicas cortantes, una de sus especialidades.
“Cristina está proscripta, el peronismo no”. “Sólo con el núcleo duro no vamos a ganar”. “Hay que poner un presidente antes de pensar en un indulto, preocupémonos por que haya un presidente peronista”. Bianco dixit. Agitó peor la furia cristinista contra el kicillofismo.
Más allá del conflicto interno, un debate de estas características azuza otros peligros. Un perdón hacia CFK abarcaría su condena y detención por la causa Vialidad. Pero está siendo juzgada también por los Cuadernos de la corrupción. Y está pendiente el proceso oral y público por Hotesur-Los Sauces, junto a su hijo Máximo y otros involucrados. ¿Qué va a pasar con esos juicios?
Pero el mayor ruido dentro del peronismo no K de esta demanda es que les resulta contrario a la idea de abrir el espacio. Y, en especial, piantavotos. Una suerte de suicidio político anticipado.
Según estudios de opinión pública que circulan en La Plata, la expresidenta mantiene el doble de imagen negativa que positiva. Su posible amnistía no forma parte del menú de preocupaciones sociales, pero entre quienes se pronuncian concita un amplio rechazo. Quien quiera oír, que oiga.
ML