domingo 26 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Opinión
22-08-2021 00:30
22-08-2021 00:30

Lo que más preocupa a Cristina

22-08-2021 00:30

Termina la peor semana para el oficialismo. Han sido días difíciles e interminables, luego de la difusión de fotos y videos de una fiesta indebida, que generó la mayor crisis política desde que el kirchnerismo volvió a la Casa Rosada. Pero no es la imagen de un brindis sin barbijos y con sonrisas durante el confinamiento más estricto lo que angustia a Cristina Kirchner. La verdadera preocupación de la expresidenta es la confirmación del creciente malestar entre los sectores más vulnerables, algo que se evidenció esta semana cuando se produjo la mayor protesta social que se vio en la Argentina en los últimos años, con más de cien mil personas en las calles.

La base electoral del kirchnerismo, la columna vertebral de la avalancha de votos que le permitió regresar al poder, empieza a mostrar signos de agotamiento. El germen de esa desazón es lo que inquieta desde hace tiempo al Frente de Todos y fue la prueba que se materializó este miércoles, con más de un centenar de cortes de tránsito en las principales arterias del país.

Las columnas que marcharon en la Ciudad de Buenos Aires hasta el Ministerio de Desarrollo Social exigieron trabajo, ampliación de planes sociales y el aumento del salario mínimo vital y móvil. También denunciaron la demora en más de tres meses de la llegada de bolsones de alimentos a los comedores que hacen milagros en los barrios populares donde más ha escalado la indigencia tras la irrupción del Covid.

El reclamo fue motorizado por organizaciones sociales y partidos de izquierda opositores, como el Polo Obrero (PO), el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), el Movimiento Piquetero Nacional (MPN), la Organización 17 de Noviembre, el Frente de la Resistencia-Patria Libre, el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y el Frente Popular Darío Santillán (FPDS), entre otros. Son los sectores que ofrecen mayor resistencia al Gobierno. Pero la tensión entre movimientos piqueteros y el kirchnerismo no es nueva.

La base electoral del kirchnerismo muestra signos de agotamiento.

Durante su presidencia, Néstor Kirchner hizo que el diálogo y, fundamentalmente, el financiamiento, sean una prioridad para los representantes de los sectores sociales. El temor a un rebrote del estallido de 2001 permaneció siempre latente por aquellos días. Más tarde, la institucionalización de la protesta social también se convirtió en condición de gobernabilidad para Cristina. Pero la situación del cuarto kirchnerismo es muy distinta: la debacle que sufre Argentina desde hace décadas, sumada a la emergencia desatada por la pandemia, han dejado un Estado en condiciones muy precarias en comparación con la bonanza de la primavera K.

La bomba de tiempo que empezó a correr en medio de la campaña electoral no está activada solo por el movimiento piquetero que desafió al kirchnerismo. Hay, además, un sector oficialista, encarnado en el Movimiento Evita y Barrios de Pie, que también muestra reparos. De raíz peronista, o nacional y popular, como prefieren presentarse, ambas organizaciones se han unido recientemente y en el seno de esa alianza fermenta una peligrosa desconfianza hacia el Gobierno.

El Evita produce incomodidad en el kirchnerismo más duro. Aunque su secretario general, Emilio Pérsico, es funcionario nacional al frente de la Secretaría de Economía Social, en el Instituto Patria recuerdan que representa a un espacio que en 2017 apoyó a Florencio Randazzo en su armado contra Cristina. Tampoco olvidan que durante el macrismo, el Evita dispensó un muy buen trato con las autoridades de Juntos por el Cambio y asumió entonces un rol fundamental en la administración de cientos de miles de planes sociales.

Barrios de Pie también tuvo una filiación muy cercana al kirchnerismo durante los primeros pasos del gobierno de Kirchner. Pero su tendencia de izquierda siempre le permitió ejercer una mayor autonomía. Su nacimiento está vinculado al Movimiento Libres del Sur, que presenta un gran despliegue en todo el país y ostenta una destacada presencia en los conglomerados bonaerenses de mayor densidad y necesidades básicas insatisfechas. Barrios de Pie exhibe la articulación territorial que más poder puede disputarle a La Cámpora, un privilegio nada simpático para la organización de Máximo Kirchner.

En el movimiento piquetero crece la desconfianza con el oficialismo.

Gestado en el calor de las reformas de ajuste impuestas por el menemismo, en especial, los procesos de privatización de YPF, el movimiento piquetero se originó a mediados de los noventa, en medio de los históricos cortes de ruta en Cutral Co y Plaza Huincol o Mosconi y Tatagal. No obstante, su influencia continúa hasta la actualidad, como pudo verse ahora en el impactante copamiento del Puente Pueyrredón. Ha pasado mucho tiempo, pero los piqueteros mantienen el mismo objetivo: erigirse en la figura emergente de una dramática situación social de un país que expande el asistencialismo como única, y errada, herramienta frente a la hecatombe.

Para comprender la real dimensión del fenómeno que representa el movimiento piquetero, es necesario reparar en un pionero y fundamental trabajo realizado por dos destacados cientistas sociales. Hace ya dos décadas, Maristella Svampa y Sebastián Pereyra publicaron Entre la ruta y el barro. La experiencia de las organizaciones piqueteras, que se ha convertido en un ensayo revelador.

La socióloga e investigadora del Conicet y el politólogo y docente de la UBA señalaron prontamente en ese estudio los “nuevos repertorios de acción” desplegados por este ascendente actor social, a través de una estrategia que fue implementada para sortear un problema de origen: al ser desocupados, los piqueteros no podían tomar medidas de fuerza en las fábricas, por lo que diseñaron protestas callejeras que les otorgaron, a la vez, un amplio impacto político y una alta visibilización mediática.

“El movimiento piquetero nace allí donde la desarticulación de los marcos sociales y laborales se realiza de manera brusca y vertiginosa, allí donde la experiencia de la descolectivización adquiere un carácter masivo”, advirtieron Svampa y Pereyra. Desde sus orígenes, explican los autores, el movimiento piquetero estuvo atravesado por diferentes corrientes político-ideológicas, que incluyen desde el populismo nacionalista hasta una multiplicidad de organizaciones partidarias e independientes de corte anticapitalista.

Sin embargo, y pese a su heterogeneidad, el movimiento piquetero logró establecer un repertorio de políticas comunes y un programa de cooperación entre las diferentes corrientes internas para desarrollar una activa presencia en las zonas más humildes. Estableciéndose como un verdadero Estado allí donde no hay Estado, pudo contener a los “descartados”, en palabras del Papa Francisco, y asumió un creciente protagonismo que se mantiene hasta el presente.

Son, a su vez, la contracara de un feroz proceso de fragmentación social, irreversible y en constante crecimiento. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) afirma que existen en la actualidad 22 millones de personas que reciben programas alimentarios o de prestaciones en todo el país, como la Asignación Universal por Hijo o la Asignación por Embarazo. El dato confirma un hecho alarmante: en la última década se duplicó el número alcanzado por ayuda alimentaria en la Argentina. Según cifras oficiales, un 24,4% de los hogares recibía algún auxilio estatal en todo el país en 2010, mientras que ese porcentaje trepó al 47,4% en 2021.

La ayuda alimentaria se duplicó en Argentina en la última década.

Se trata de un escenario explosivo, que ha sido acrecentado en el último año por el impacto económico y social del coronavirus: un reciente informe presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) destaca que Argentina encabeza la lista de países de América Latina que han incrementado los niveles de pobreza en 2020, triplicando el promedio de 3,2 puntos porcentuales de los 17 países de la región analizados.

A tres semanas de la crucial votación en las PASO, las encuestas que ya empezaron a publicarse empiezan a generar alarmas en el Gobierno. Si hasta hace poco, el triunfo en la provincia de Buenos Aires se mostraba garantizado, las diferencias parecen haberse achicado y algunos sondeos han llegado incluso a vaticinar un empate técnico con los candidatos de Juntos por el Cambio.

En la última elección de 2019, el oficialismo obtuvo una abismal ventaja de 15 puntos en suelo bonaerense, lo que le permitió descontar los votos que había logrado el macrismo en el resto del país. Ahora, la mayor caída de adhesiones para el Frente de Todos se produjo en el tercer cordón del conurbano bonaerense. Dentro de los límites de esa región se encuentran los municipios más afectados por la pandemia y las condiciones de pobreza extrema. Y desde allí partieron muchas de las personas que inundaron la 9 de Julio hace tan solo algunas horas.

Hace pocos días, la vicepresidenta le pidió al presidente Alberto Fernández que ponga orden. Cristina no se refería a un cumpleaños.