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COLUMNISTAS / opinion
domingo 6 octubre, 2019

Los daños al ecosistema político del unanimismo

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por Jorge Fontevecchia

Mauricio Macri Foto: Télam

Continúa de ayer: “Mendoza indica que el problema fue Macri” (http://bit.ly/mendoza-problema-macri).

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Cuando el 10 de diciembre lo más probable suceda y Macri deje de ser presidente, quedará no solo un fracaso económico singular sino, también, daños al ecosistema político que llevará tiempo reparar. Nuevamente un gobierno no peronista no exitoso dejará huellas en el inconsciente colectivo. Si a la debacle económica de Alfonsín le sucedieron dos gobiernos peronistas de Menem, y a la debacle económica de De la Rúa, tres gobiernos peronistas del kirchnerismo: ¿cuántos gobiernos peronistas podrían sucederse si el colectivo de lo que no sea oficialismo no lograra articular una representación sólida?

María Eugenia Vidal y Rodríguez Larreta deben resolver su propio Edipo para hacer del PRO un partido de verdad

La representación es vertebrada por un líder carismático o por un partido político. El legado de Macri no dejaría en pie ninguna de las dos condiciones. El, como líder, quedará averiado porque su palabra está tan devaluada como el peso: se devaluó la moneda porque primero se tornaron incumplibles sus promesas.

Y él, como líder, no ayudó al PRO a construirse como un partido político institucional. Actuando como propietario de la organización que fundó, devaluó también a sus principales dirigentes reduciendo a María Eugenia Vidal y a Horacio Rodríguez Larreta a la categoría de dependientes.

Hoy disimulan las críticas internas para tratar de conseguir la mayor cantidad de votos el 27 de octubre y, si como se presume sucederá, pasar a la oposición en diciembre con el mayor número de legisladores e intendentes posible. Pero indefectiblemente el 28 de octubre comenzará el juicio de residencia interno al mariscal de la derrota del PRO.

La conducción del partido radical ya viene haciendo oír sus críticas públicamente desde hace más de un año a través de su presidente, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, su vocero más asertivo.

Antes de su triunfo en Mendoza el domingo anterior, a Alfredo Cornejo el círculo más cercano a Macri lo llamaba peyorativamente “petiso calentón”. Pero su carácter fuerte le permitió ser el único en animarse a decirle a Macri en enero que dejara a Vidal y a Larreta anticipar sus elecciones y en abril que no fuera candidato, que se corriera para dar paso al plan V de María Eugenia Vidal. El año anterior ya se había opuesto a aumentar las tarifas de energía en un año electoral. El tiempo le fue dando la razón en todo al radical de Juntos por el Cambio más crítico de Macri y a la vez más exitoso electoralmente.

Tras derrotar al kirchnerismo en Mendoza, Cornejo dejará triunfante la gobernación de su provincia para venirse a Buenos Aires, a partir del 10 de diciembre, a presidir el bloque de diputados en el Congreso y, de darse lo más probable, ser el jefe de la oposición a un gobierno de Alberto Fernández. Un salto al ámbito nacional que según cómo soplen los vientos políticos, y de lograr ser un visible vocero crítico, podría permitirle calificar para competir con Horacio Rodríguez Larreta por la precandidatura presidencial de 2023 de la alianza PRO-UCR, de mantenerse unida.

Pero más allá del futuro, es muy interesante lo que Cornejo cuenta en detalle sobre la impenetrabilidad de Macri y la dominación emocional sobre María Eugenia Vidal y Rodríguez Larreta. Antes que en la economía, el error de Macri estuvo en la política y fue siempre el mismo, tanto dentro del PRO y dentro de la coalición Cambiemos como con la oposición: no poder sentirse seguro compartiendo poder. Que haya acumulado tres presidentes del Banco Central y tres ministros de Hacienda en 43 meses, uno cada 14 meses, no es la consecuencia de ideas económicas equivocadas –explica Cornejo–, sino de sus ideas políticas equivocadas, porque no entendió que precisaba compartir parte del poder a cambio de lograr el apoyo necesario para implementar las ideas económicas.

El viernes, en el auditorio del Wilson Center en Washington, en su carácter de líder del Frente Renovador, Sergio Massa trató de explicar a los norteamericanos cómo funcionaría la coalición entre el kirchnerismo, el peronismo y el Frente Renovador, comparando el Frente de Todos con un plato de verduras: “Cuando uno come un plato de verduras, conserva en cada verdura todas las vitaminas. Cuando hace un puré, pierde el sabor de algunas de ellas y la mitad de las vitaminas. La idea es tratar de respetar las vitaminas de lo que cada uno representa individualmente para construir mayor fortaleza”. Usando su ejemplo para Cambiemos, Macri hizo puré y solo con el PRO. Esperemos que Cristina Kirchner no vuelva a hacer puré y esta declaración de Massa sea más duradera que otras.

Algo sabe Alfredo Cornejo de combinar componentes: fue ministro de Julio Cobos cuando gobernó Mendoza y lo acompañó cuando el radicalismo de Mendoza apoyó la candidatura de Cristina Kirchner en la transversalidad de 2007. Cornejo fue electo gobernador en 2015 no solo por Cambiemos, sino también por el Frente Renovador de Massa. Y el radicalismo de Mendoza, con Ernesto Sanz, fue actor principal de la fundación de Cambiemos. Algo particular tiene la cultura política de Mendoza que, ya sea con Cobos, después con Sanz y ahora con Cornejo, viene liderando, además de su partido, en parte, tendencias de la política argentina.

Democracia es alternancia en el poder; en Mendoza hubo tantos gobernadores radicales como peronistas desde la recuperación de la democracia, en 1983. Pero a nivel nacional serán seis presidentes peronistas y solo tres con apoyo radical; además, dos de los peronistas fueron reelectos mientras que ninguno de los que contaron con apoyo radical lo fue.

En su clásico libro Los deseos imaginarios del peronismo, Juan José Sebreli vuelve una y otra vez a lo que él llama “el delirio de unidad” del peronismo: “Una unidad totalizadora entre el Pueblo y la Nación y pretende superar el conflicto mediante la supresión del adversario, al que considera un enemigo. La democracia, en cambio, se basa en la interacción entre individuos agrupados en partidos políticos, que se contradicen y luchan unos contra otros, y que superan el conflicto por medio del diálogo y los acuerdos”.

Si el triunfo del Frente de Todos trajera un largo período de gobiernos peronistas, se retrocedería institucionalmente 

Sebreli define al unanimismo como “la falta de sentido crítico, oposición, pluralidad, diversificación, multiplicidad, separación. La disidencia es vista como crimen y la mayoría, por el solo hecho de serlo, adquiere el derecho de destruir a las minorías”. En el unanimismo, donde existe una “doctrina nacional”, quien piense distinto al Pueblo sería antiargentino y traidor a la patria.

El kirchnerismo debe a la sociedad una autocrítica por su tendencia totalizante. Y el PRO debe una autocrítica por su unanimismo interno (“hay un solo camino”) y tiene que trascender a Macri para convertirse en un partido en serio que contribuya a conformar coaliciones sólidas.


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