sábado 13 de agosto de 2022
COLUMNISTAS el negocio del fútbol

Los equipos brasileños mantienen su hegemonía en torneos continentales

Hay cinco en los cuartos de final de la Libertadores y cuatro en los de la Sudamericana. Según el sitio Transfermarkt, ocho de los diez planteles más valorados de la región son de ese país. Solo River y Boca se filtran en esa lista. Arturo Vidal, pretendido por Boca, acaba de firmar con el Flamengo por 285 mil dólares mensuales. “No podemos competir”, se resigna un dirigente de un club argentino. La Conmebol elabora estrategias que quedan a mitad de camino y no logran atenuar las asimetrías.

La lista, por su contundencia, exime cualquier análisis. La hace el sitio especializado Transfermarkt basándose en el valor de mercado de los planteles de todos los equipos de Conmebol. Es decir, quienes juegan la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana cada año. De los primeros diez, ocho son brasileños: solo Boca y River matizan una hegemonía cada vez más evidente. Si el corte se hace entre los primeros 20, 15 son de Brasil y apenas cinco de Argentina. El resto de los países, no figura. Recién aparece Cerro Porteño, de Paraguay, en la posición 22.

El predominio de los equipos brasileños en los torneos continentales no es nuevo: desde hace varios años demuestran una superioridad que se homologa en las canchas, pero empieza en tesorerías infladas por sponsors y convenios comerciales –que, en algunos casos, asoman como partner en sociedades anónimas deportivas–, sigue en los presupuestos y se consolida en las competencias internas como el Brasileirao, una liga creada en 1959 y que desde 2003 tiene un formato que no se modifica: 20 equipos, 38 fechas en las que se enfrentan de local y visitante, un campeón y cuatro descensos. A veces, la simpleza y la certidumbre ayuda a fortalecer el nivel de los equipos, algo que en Argentina no se logra hace por lo menos una década.

El más reciente capítulo de esta asimetría entre Brasil y el resto de Sudamérica es el de Arturo Vidal, la estrella chilena que dejó el Inter de Italia, lo quería Boca como refuerzo pero acaba de firmar con el Flamengo, que le pagará ¡285 mil! dólares por mes. Vidal se convirtió en el tercer contrato más alto del fútbol brasileño, solo superado por Dudú, de Palmeiras, y Gabriel Barbosa, también del Flamengo, el equipo con el valor de mercado más alto de la región (168 millones de dólares).

“No podemos competir con esos contratos en dólares. Y no es solo contra Brasil, hoy Defensor Sporting de Uruguay o Universidad de Chile son inalcanzables para la mayoría de los clubes argentinos”, le cuenta a PERFIL el presidente de un club argentino. Los avatares de la economía doméstica y los continuos saltos en la cotización del dólar –en los últimos días convertidos en noticia nacional– complican aún más el escenario. La llegada de Borja a River no fue porque el Banco Central le impedía al club de Nuñez enviar dólares al cambio oficial, sino porque era imposible fijar un monto en el contrato en una semana en la que la moneda estadounidense variaba sustancialmente cada día. 

Todo eso, por supuesto, se refleja en los resultados. Cuatro de los últimos cinco campeones de la Libertadores fueron brasileños: Gremio en 2017, Flamengo en 2019 y Palmeiras en 2020 y 2021. Solo River, en 2018 y en la recordada final contra Boca en Madrid, rompió esa hegemonía. En la Sudamericana, Atlético Paranaense levantó el trofeo en 2018 y 2021.

Paranaense, que acaba de contratar a Fernandinho, reciente campeón de la Premier League con el Manchester City, es uno de los cinco equipos de Brasil que llegaron a los cuartos de final en esta edición de la Libertadores. Los otros tres son argentinos: Talleres, Vélez y Estudiantes. En la Sudamericana, cuatro de los cuartofinalistas son de Brasil.  

En las oficinas de la Conmebol en Asunción saben que esta superioridad atenta contra el nivel y la pluralidad de los torneos. Durante la pandemia pensaron estrategias para fortalecer a clubes de países que dejaron, hace tiempo, de llegar a instancias decisivas. Paraguay, Uruguay, Chile o Colombia, incluso Argentina, entraban como destinatarios. 

Pero la Conmebol no podía premiar discrecionalmente, entonces repartió a todos por igual. “Con la intención de aumentar la competitividad de los torneos locales y fortalecer a clubes y asociaciones, la Conmebol resolvió otorgar un auspicio de un millón de dólares para cada país miembro”, soltó en un comunicado. Lejos de resolver la asimetría entre Brasil y el resto, la validaba. Fue, acaso, una primera medida para reconocer un problema sin solución a la vista.

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