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comicios en suspenso

Macri y las elecciones de Boca: una larga historia de artilugios jurídicos para inclinar la cancha

Desde que llegó a la presidencia del club, en 1995, edificó obstáculos para sus opositores circunstanciales. Al principio, los avales millonarios que establecía la reforma del estatuto –que llegaban a representar casi 30 millones de dólares de patrimonio– se convirtieron en la principal traba.

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Arsenal. Macri y su candidato a presidente, Ibarra, en la conferencia donde explicaron por qué denunciaron penalmente a Riquelme. | fotobaires

La alianza estratégica entre las distintas esferas de la Justicia y Mauricio Macri bajo el influjo de las elecciones en Boca no es algo nuevo. Viene desde hace mucho tiempo. Muchísimo. Y fue uno de los cimientos en los que el expresidente construyó su plataforma para dar el salto a la arena política. Si bien es una historia repetida, ahora la llevó al paroxismo: la hizo descarnada, sin tapujos, con él –ya no sus enviados– embistiendo contra el último ídolo del club, Juan Román Riquelme. Casi como una batalla personal.

Hay que situarse en 1999 para encontrar el primer hito de esta larga lista de expedientes judiciales enlazados a los comicios xeneizes. Durante su primer mandato, que arrancó de manera errática, pero luego se rectificó con Carlos Bianchi en el banco, Macri y la asamblea de socios habían modificado el estatuto para que quienes quisieran postularse a presidente, tuvieran la obligación de presentar avales que igualaran el 20% del patrimonio neto del club. En aquel tiempo, ese porcentaje representaba algo así como 30 millones de dólares.

La retórica oficialista intentaba justificar esa cláusula excluyente bajo la supuesta defensa de las finanzas del club. Conducir a Boca implicaba responder con el propio patrimonio. Hay un vínculo entre ese aval estrafalario y lo que en 2012 declaró un Riquelme todavía jugador ante la pregunta del periodista Pablo Ladaga, que lo consulta sobre si le gustaría ser presidente de Boca. “No me van a dejar”, contestó Roman. 

Con el ídolo en cancha y brillando en el equipo de Bianchi, Macri arrasó en las elecciones de 1999. Obtuvo el 84% de los votos y superó al trinomio que integraban Antonio Alegre, Carlos Heller y Pablo Abbatangelo. Para esos comicios, la oposición había presentado una cautelar que objetaba los avales del 20% del patrimonio. Finalmente, la Cámara Civil los disminuyó al 10% por considerarlo “excesivos”. Sin embargo, el ida y vuelta judicial le había costado a ese espacio político cerca de 20 mil dólares de costas, lo que condicionó la candidatura en 2003. 

Macri, el mejor jefe de campaña de Riquelme

Ese año, y a pesar de que en la reforma del estatuto se había determinado que los mandatos presidenciales en el club debían ser de ocho años como máximo, Macri volvió a ganar, esta vez sin oponentes. “No nos pudimos presentar porque no reuníamos los avales”, recuerda ahora Abbatangelo. 

La oposición había presentado un reclamo ante la Inspección General de Justicia (IGJ) para impugnar la candidatura de Macri. Sin embargo, el macrismo apeló en la Justicia y la Cámara Civil porteña lo habilitó: consideró que los dos períodos reglamentarios que estipula el estatuto debían computarse sin contar el primero, cuando se modificó la ley suprema del club. 

En 2007, el año en que Riquelme levantó la Copa Libertadores, Pompilio, candidato del oficialismo, impugnó la candidatura de Roberto Digón por no tener los avales suficientes (otra vez). Sin embargo, la oposición de aquel tiempo también lo denunció por irregularidades en los documentos financieros presentados. La elección, que se pospuso como la de este año, finalmente se hizo en junio de 2008. Pompilio arrasó. 

Con Macri otra vez en la primera plana bostera, la historia se repite. En estas décadas, el expresidente de la Nación construyó una arquitectura jurídica para que enfrentarlo –a él o a quien él designara– en Boca fuera casi una osadía, una afrenta a la disposición natural de las cosas en el mundo como él lo concibe: hay jefes y empleados, hay mandantes y mandatarios. Las elecciones de las últimas dos décadas, y el nuevo limbo electoral que, otra vez, debe resolver una Cámara Civil, lo homologan. Hay que ver la película para entender esta foto.