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COLUMNISTAS / BRASIL
lunes 17 diciembre, 2018

Escuela sin Partido, la polémica ley de educación impulsada por Bolsonaro

El proyecto de ley que prohíbe el adoctrinamiento ideológico en las escuelas, así como abordar las temáticas de género y sexualidad, ha sido uno de los pilares de la campaña de Jair Bolsonaro.

Ignacio Lautaro Pirotta (*)

El presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro. Foto: Bloomberg

El proyecto de ley denominado Escuela sin Partido, el cual prohíbe el adoctrinamiento ideológico en las escuelas así como abordar las temáticas de género y sexualidad, ha sido uno de los pilares de la campaña de Jair Bolsonaro y es uno de los principales y más álgidos debates en Brasil. El proyecto tramitaba en una comisión especial de la Cámara de Diputados hasta este martes 12 cuando fue archivado luego de que los propios diputados que apoyan la medida, y que contaban con mayoría en dicha comisión, abandonaran el debate. La intención de los diputados que apoyan la medida es desarchivar el proyecto el año entrante y luego de que asuman los nuevos diputados y senadores, ya que la nueva conformación del Congreso será más conservadora y de derecha. Esto permitirá una tramitación más rápida y un proyecto más duro.

El proyecto data del año 2014, prohíbe el “proselitismo político” y la “adoctrinación” por parte de los docentes en el aula, así como impartir contenidos sobre género y sexualidad y prevé la recepción de denuncias anónimas sobre docentes que violen dichos lineamientos. Uno de los puntos que se quieren incorporar el año próximo es determinar cuáles serían las penas para los docentes. El proyecto se basa en el diagnóstico, por parte de los distintos sectores que lo impulsan, de que en las escuelas y universidades de Brasil existe un “alto grado contaminación  político-ideológica”, y que los docentes, en abuso de su autoridad y de la audiencia cautiva que representan los estudiantes aprovechan para introducir sus concepciones “izquierdistas” y “petistas” (en referencia al Partido de los Trabajadores).

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Escuela sin Partido se propone defender, entre otros, el derecho a la libertad de aprender, garantizado por la Constitución Nacional y el cual sería violado en el caso de la adoctrinación denunciada. También el artículo 12.4 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos el cual establece que: “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Según el proyecto, serían los propios estudiantes quienes deberían filmar a los docentes para luego enviar la denuncia de manera anónima a las secretarías de educación de cada estado.

Bolsonaro hizo de este proyecto uno de los pilares de su campaña, sobre todo utilizando como contrapunto el proyecto promovido por el Congreso durante el gobierno del PT llamado Escuela sin Homofobia. A partir de su oposición al programa Escuela sin homofobia (llamado por él “kit gay”), Bolsonaro se posicionó con su discurso conservador y moralista. “La defensa de la inocencia de los niños en el aula de clases” ha sido una de sus principales frases de campaña. El proyecto Escuela sin Partido, que prohíbe la educación de género y sexualidad y dice promover la neutralidad política de los docentes, no es de su autoría ni de la su partido, sin embargo Bolsonaro no solo lo adoptó como parte de su programa sino que en estos meses desde que fue electo ha utilizado al proyecto como punto de partida para establecer sus alianzas en el Parlamento. Estrategia esta que ha sido desarrollada dialogando mayormente con cada legislador en particular en detrimento de los partidos políticos.

Bolsonaro hizo de este proyecto uno de los pilares de su campaña, sobre todo utilizando como contrapunto el proyecto promovido por el Congreso durante el gobierno del PT llamado Escuela sin Homofobia

Entre los aliados ya consolidados del próximo gobierno se encuentra la bancada evangélica, uno de los principales impulsores de Escuela sin Partido. La bancada evangélica es la denominación que reciben los legisladores vinculados a iglesias evangélicas y otros que sin estarlo comparten una misma agenda que incluye temas como la oposición a la legalización del aborto, a la despenalización de drogas, al matrimonio entre personas del mismo sexo así como la oposición a la criminalización de la homofobia, entre otros. Si bien desde el año 2003 la bancada evangélica se encuentra organizada en el Frente Parlamentario Evangélico, se trata de legisladores de diferentes partidos y no de un bloque partidario, que actúan como Frente solo ante determinados proyectos de su interés y no otros. Hasta ahora el Frente Evangélico había tenido un rol limitado a bloquear iniciativas contrarias a su interés. Se espera que a partir de la nueva legislatura, y luego de una elección con fuerte crecimiento de la derecha, pase a tener un rol más importante y a impulsar sus propios proyectos, entre ellos Escuela Sin Partido el cual probablemente sea aprobado el próximo año.

Entre los aliados ya consolidados del próximo gobierno se encuentra la bancada evangélica, uno de los principales impulsores de Escuela sin Partido

En el nuevo Congreso habrá 90 diputados (de un total de 513) y 10 senadores (sobre 81) vinculados de manera directa con iglesias evangélicas. Sin embargo, la bancada podría estar compuesta por casi el doble de esas cifras, ya que no todos los que la componen son necesariamente evangelistas o vinculados a iglesias evengélicas. Actualmente la bancada o Frente Evangélico posee 199 parlamentares entre Diputados y Senadores y menos de la mitad están vinculados a iglesias. Habrá que aguardar a la nueva legislatura para ver cómo se articula a partir de 2019. Más allá de la agenda en común, el poder evangelista es limitado por no tratarse de un partido, pero su poder viene creciendo en las últimas décadas de la mano del crecimiento del evangelismo. Según el censo 2010 el 22,2% de la población es evangélica, para el censo 2020 la cifra puede ser al menos cinco puntos mayor. Aliados a Jair Bolsonaro, los políticos evangelistas tendrán más protagonismo que nunca en la política brasileña. De hecho hace dos semanas vetaron la designación de Mozart Neves (Director en el Instituto Ayrton Senna) para dirigir el Ministerio de Educación, por no ser un férreo defensor de Escuela sin Partido.  

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Entre los opositores y críticos a Escuela sin Partido se encuentran desde gremios docentes y partidos políticos, hasta la Procuraduría General de la Nación y el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU.  Llamada de “ley mordaza”, las principales críticas apuntan a la censura y falta de libertad de expresión, la imposibilidad de que exista una neutralidad absoluta a la hora de abordar sobre todo las asignaturas humanísticas, y la prohibición del pensamiento crítico. Además, y en primer lugar, quienes se oponen a Escuela sin Partido denuncian como falaz el argumento de que las escuelas se encuentran dominadas por ideologías de izquierda y tenga lugar el llamado adoctrinamiento. El propio Olavo de Carvalho, intelectual que apoya a Bolsonaro (probablemente su principal referente intelectual) y autocandidateado a embajador en Estados Unidos, ha reconocido que no se cuenta con un estudio serio que apoye ese diagnóstico, lo que torna a la propuesta de ley problemática ya que como escribió en su blog “(...)las objeciones al proyecto son serias. La simple idea de neutralidad es irrealista”. El mismo Olavo de Carvalho fue quien sugirió el nombre que finalmente ocupará el Ministerio de Educación, el colombiano naturalizado brasileño Ricardo Velez Rodriguez. Si bien Vélez Rodríguez dijo que Escuela sin Partido será una cosa moderada, al mismo tiempo se define como un antimarxista y en un artículo publicado en noviembre sostiene que “los brasileños son rehenes de un sistema educativo ajeno a sus vidas y destinado a imponer una adoctrinación cientificista enquistada en la ideología marxista”. Además, el futuro ministro reivindica la dictadura militar y desde luego es un ferviente antipetista.

En declaraciones al diario Folha de Pernambuco, Danilo Cabral del Partido Socialista Brasileño e integrante de la comisión que trata el proyecto, afirmó: “este debate ha generado un ambiente de irritación mayor en las escuelas e universidades, situaciones en las que vemos que el profesor tiene su autoridad cuestionada”. El clima hostil ha ido más lejos aún. A partir de la elección de Bolsonaro se han constatado en varias universidades del país amenazas y persecución a docentes y estudiantes por su pensamiento político. Los autores, si bien anónimos, en la mayoría de los casos han dejado en claro su apoyo a Jair Bolsonaro. También la elección sirvió para endurecer el proyecto de ley, la última modificación directamente prohíbe “aplicar la ideología de género, el término “género” u “orientación sexual””. Frente a este clima hostil, varias ONG´s, sindicatos y asociaciones de profesionales han realizado con apoyo del Ministerio Público Federal el Manual de Defensa contra la Censura en las Escuelas, en el cual afirman: “(...) es evidente que el propósito de estos grupos ultraconservadores es impedir que diferentes interpretaciones del mundo sean debatidas en las instituciones educativas, estimulando una educación para la obediencia y para la naturalización de las desigualdades sociales, el racismo, el sexismo, la LGBTfobia (...)”.

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Quienes se oponen al proyecto están de acuerdo en que un docente no debe realizar proselitismo en el aula, pero niegan que esa sea la situación real. Se trata, según ellos, de una exageración por parte de quienes impulsan la medida, basada en mentiras y la agitación de emociones a partir de la idea de que se está adoctrinando a los estudiantes.

Escuela sin Partido por un lado prohíbe el abordaje de la educación sexual y de género, y por otro lado  dice promover la neutralidad política, prohibiendo manifestaciones que sean consideradas partidistas. Sus críticos coinciden también en que el problema sería definir cuáles serían las prácticas consideradas partidistas o con sesgo ideológico, ya que la ley no solo no lo explica sino que cualquier definición al respecto resulta problemática. Mientras tanto, para Jair Bolsonaro el Ministerio de Educación se encuentra repleto de marxistas que impiden el desarrollo de Brasil, según sus declaraciones del 19 de noviembre, en las que criticó a las autoridades del Ministerio por introducir en el exámen nacional ENEM (parte del proceso de ingreso a las Universidades) una pregunta que hacía referencia al “pajubá”, un dialecto de gays y travestis en Brasil. La responsable de dicho examen, María Inês Fini, “está fuera, tarjeta roja”, manifestó el presidente electo. Según el discurso de Bolsonaro y sus aliados la “ideología de género” es parte del marxismo cultural, y el proyecto Escuela sin Partido precisamente se enfoca contra ambos, de ahí la centralidad que tiene para el nuevo gobierno.

No debe analizarse Escuela sin Partido escindido del contexto de persecución que ha instalado  Bolsonaro. No sólo coloca a la izquierda casi como un enemigo interno (Eduardo Bolsonaro, uno de sus hijos, se manifestó a favor de criminalizar el comunismo) sino que la usa para legitimarse a sí mismo, por momentos llamando de izquierdista o comunista a todo aquello que lo critique, llegando incluso al colmo: el ex-presidente Fernando Henrique Cardoso ha sido llamado de comunista por Bolsonaro, aunque de manera indirecta posteando en Twitter una foto del ex-presidente leyendo un libro sobre comunismo. El prestigioso diario Folha de San Pablo es sistemáticamente tildado de izquierdista. Incluso las Naciones Unidas, cuando previo a las elecciones la organización expresó que se le debían respetar los derechos políticos a Lula da Silva y permitir su candidatura. En aquella ocasión Jair Bolsonaro definió a la ONU como “una reunión de comunistas”.

No debe analizarse Escuela sin Partido escindido del contexto de persecución que ha instalado  Bolsonaro

Según el informe del 13 de abril de 2017 del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, la falta de precisión del proyecto respecto a qué sería concretamente adoctrinación o contenidos morales, resulta en que cualquier práctica educativa podría llegar a ser catalogada como tal. Así, se impone una prohibición sin establecer de manera clara los límites, lo cual incrementa el margen de discrecionalidad por parte del Estado y potencialmente redunda en censura. Si a las limitaciones del texto señaladas por el Comisionado se le agrega el discurso persecutorio contra la izquierda que lleva adelante Bolsonaro, entonces no caben dudas de que la aplicación de Escuela sin Partido se puede convertir fácilmente en  una política autoritaria de persecución y censura. ​

(*) Desde Brasil. 


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