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COLUMNISTAS / el candidato a vicepresidente del oficialismo
domingo 30 junio, 2019

Peronista, sí; totalitario, no

Muchos peronistas conservan las ideas básicas de Perón en torno a la justicia social, pero son democráticos e institucionales. La presencia de Miguel Angel Pichetto dio a la fórmula de Macri ese aporte que aparece por primera vez en la política argentina.

por Jaime Duran Barba

Cruzar la grieta. Algunos peronistas que vieron cómo avanzaban sobre su partido las ideas de Cristina, expresadas por La Cámpora, sintieron que tenían que optar. Foto: Casa Rosada

Hace más de 320 millones de años aparecieron los primeros mamíferos, los sinápsidos. La vida se instalaba en nuevos sitios y estos reptiles se volvieron endotermos, regularon la temperatura de sus cuerpos y desarrollaron características mamalianas. Desarrollaron también un cerebro que les permitió sobrevivir en un medio que se volvió más hostil cuando, 90 millones de años después, aparecieron los dinosaurios y dominaron el mundo.

Hace unos 300 mil años aparecimos los Homo sapiens. Nuestro cerebro se había desarrollado a través de cientos de millones de años y nos proporcionaba una información sofisticada que no pasaba por procesos racionales. Inventamos la escritura hace unos 5 mil años y con ella llegaron los dioses. Pero nuestra relación con el entorno pasa, ante todo, por la información que recoge nuestro cerebro. Así como percibíamos la cercanía de espacios peligrosos, cuando vamos a un barrio desconocido podemos también darnos cuenta de que existen peligros, no porque analicemos datos concretos, sino porque leemos inmediatamente los contextos y sabemos que pasa algo peligroso. Pasa lo mismo con los electores que, antes de leer manifiestos o escuchar discursos, ven a un candidato y reaccionan inmediatamente ante la sensación de que es mentiroso. Tomamos actitudes en la vida de acuerdo a ese conjunto de informaciones que para movernos en una u otra dirección no necesitan ordenarse de manera consciente.  

Reciente. La democracia es una forma de organizar la lucha por el poder que tiene muy pocos años. Nació asociada a los cafetines, a los libelos, manifiestos y textos escritos. Mientras estuvo restringida a un sector pequeño de la población fue la democracia de los textos, de los discursos. El progreso tecnológico incorporó a la mayoría de la población al proceso y dio un nuevo espacio a las formas tradicionales de percibir la realidad. La palabra, los conceptos, la teoría, son indispensables para comprender de manera profunda los procesos, pero las masas se orientan más por la información que les proporciona su cerebro. Cuando nuestro ancestros se encontraban en la selva y veían que los matorrales se movían de determinada manera, percibían ciertos olores, integraban decenas de informaciones de todo tipo, se daban cuenta de que estaban ante un peligro y huían. No lo hacían por falta de información sino porque hacían uso de una gran cantidad de datos que articulaban en su cabeza de manera automática.

Una bomba de tiempo

Vivos y otros. Al haberse extendido la democracia pasa algo semejante con los procesos electorales. Más allá de lo que digan algunos analistas, existen fenómenos que no tienen que ver tanto con las palabras y los manifiestos como con la percepción de la realidad que tienen amplios grupos humanos. Independientemente de lo que digan los discursos y las teorías, hay muchos argentinos que se identifican con una determinada forma de ver la realidad que tiene que ver con creencias, perspectivas de futuro, sueños de lo que querrían hacer y remedios para sus insomnios.

Desde hace años sabemos que el kirchnerismo tenía y tiene el favor de un enorme porcentaje de votantes con percepciones semejantes que no van a cambiar porque les expliquen ciertas teorías o porque les cuenten determinados datos. Suponer que esto podría desaparecer persiguiendo a sus dirigentes o publicando la lista de sus equivocaciones o sus transgresiones a la ley es absurdo. No votan por Cristina porque desconocen que existen los cuadernos de Centeno. Lo saben e integran esa información en un conjunto simbólico en el que aparecen como pruebas de la persecución de los ricos a una dirigente popular. Tampoco desconocen los proyectos que quieren acabar con la Constitución y controlar todos los poderes para bien de su grupo.

En algún estudio que realizamos hace unos meses nos encontramos con que cerca del 75% de los argentinos admira más al avivado que al que cumple con todas las normas. No es algo único de nuestro país, sino que es una actitud frecuente en América Latina. Reiteradamente aludimos en esta columna al concepto de anomia que explica la actitud del enorme porcentaje de latinoamericanos que no tiene interés en cumplir con las normas, a las que consideran expresión del poder de los ricos. Prefieren vivir en sociedades controladas por un líder mesiánico que exprese sus pulsiones negativas enfrentando fantasmas inexistentes, con discursos patrióticos sin sentido desde un análisis racional. Aunque a algunos analistas no les guste y no entiendan la dinámica de estos grupos, existen y tienen una importancia enorme en todos nuestros países.

Por otra parte, hay un porcentaje importante de electores que percibe que el país puede ir a una nueva etapa en que vivirán mejor. Por un lado, tienen la información de siempre acerca de que Argentina es un país rico con enormes recursos naturales. Pero lo más importante es que se han incorporado al mundo de internet y la modernidad. Se informan acerca de que casi todos los países del mundo, incluida la China comunista, son capitalistas. Ven el enorme crecimiento de bienes y servicios propios de la sociedad contemporánea y quieren participar de esa prosperidad. Se alegran cuando saben que el Mercosur llega a un acuerdo con la Union Europea y que por esa vía sus productos tienen espacio en uno de los mercados más grandes del mundo. Ninguno de estos asuntos aislado explica sus actitudes. Es el conjunto de que además integra la libertad de prensa, la libertad de expresión y muchos aspectos básicos de la democracia occidental.

Dos campos. La oposición entre estos dos grandes grupos se fue consolidando en la medida en que Cristina Fernández dio un contenido más violento al primero y Mauricio Macri logró consolidar y dar sentido al segundo. Las demandas que se hicieron en su momento de que se amplíe la base política de gobierno, incluyendo a personajes políticos que denostaban a Cristina Fernández, no tuvo éxito y Macri conservó su identidad. Para la gente que se identifica con el cambio, si el Gobierno incluía a Sergio Massa como jefe de Gabinete, a Felipe Solá como ministro del Interior y a Julio Bárbaro como ministro de Modernización, habría perdido todo su sentido.

Según avanzó el enfrentamiento electoral, la oposición entre democracia y populismo autoritario fue el eje de las elecciones. Algunos peronistas que vieron cómo avanzaban sobre su partido las ideas de Cristina expresadas por La Cámpora sintieron que tenían que optar. La división entre un discurso insurgente y el tradicional del peronismo expresada cuando el General expulsó de la Plaza de Mayo a la Tendencia cobró actualidad. Muchos peronistas conservan las ideas básicas de Perón en torno a la justicia social, pero son democráticos e institucionales. La presencia de Miguel Angel Pichetto dio a la fórmula de Macri ese aporte que aparece por primera vez en la política argentina: peronista sí, totalitario no.

La mayor parte de los disidentes de Cristina eran solamente personas que estaban dando una vuelta por el mundo antes de volver a la fuente original en la que nacieron como líderes políticos. De hecho, casi todos ocupan algún lugar en el cristinismo.

Estos son fenómenos políticos profundos que están en la sociedad. Se expresaron cuando Mauricio Macri ganó la presidencia a Scioli con una ventaja muy reducida y ahora, aunque todos los estudios coinciden en que sumadas las preferencias electorales de Mauricio y Cristina Kirchner llegan a cerca del 80%. Curiosamente, algunos analistas dijeron que alguien había inventado una grieta dividiendo a los argentinos entre estas dos opciones y que la mayoría está ansiosa de superar esta división. Si eso fuera cierto y la mayor parte de los argentinos quisiera superar esa contradicción, no se identificaría tan claramente con los dos principales grupos en conflicto. Por otra parte, para que se pueda superar la contradicción entre dos concepciones arraigadas de la política se necesitaría que exista una idea tan fuerte que pueda superar y ser una síntesis de las dos iniciales.

Fracaso. Fue por eso que fracasó el intento de un amplio sector del círculo rojo de instalar un tercer candidato que no representaba realmente a ningún grupo social importante. No era cuestión simplemente de amontonar un ex ministro kirchnerista, un sindicalista tradicional y dirigentes que adherían a una idea tan vacía como superar con nada a las opciones políticas más poderosas que están en la sociedad. Sorprendió la presencia en ese espacio de un dirigente joven como Juan Manuel Urtubey, que desentonaba con ese entorno.

Finalmente, vamos a unas elecciones en las que el país tendrá que escoger entre permanecer dentro de una visión anticuada y conservadora de la realidad o dar el salto hacia una transformación que convierta a Argentina en un país desarrollado. La globalización nos obliga a tomar en serio la disyuntiva. Hay pocos países en el mundo que mantienen las viejas tesis del aislacionismo como Cuba, Venezuela, Zimbabue y Corea del Norte, los demás han optado o están optando por organizarse como sociedades modernas que se integran para desarrollar sus recursos humanos y naturales de manera eficiente.

 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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