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COLUMNISTAS / en campaña
domingo 2 junio, 2019

Números de los candidatos

El uso de los números naturales para hacer operaciones simples puede llevar a resultados divertidos, sin relación con la realidad, como demostró el trabajo de uno de los niños que el maestro uruguayo José María Firpo incluyó en su ya célebre libro ¡Qué porquería es el glóbulo!

por Jaime Duran Barba

No todo suma. ¿Cuántas personas que ven bien a estos gobernadores peronistas, que nunca fueron K ni tienen ese estilo, votarían por Cristina Kircher? Foto: cedoc perfil
domingo 2 junio, 2019

La experiencia orientó siempre a los políticos y es irreemplazable, pero los trabajos científicos que escriben los profesionales, basados en información objetiva y cifras, son un complemento indispensable. Los seres humanos dimos un salto adelante cuando aprendimos a contar y concebimos los números naturales. El maestro uruguayo José María Firpo publicó ¡Qué porquería es el glóbulo!, un libro en el que recoge textos tomados de las pruebas que rendían sus alumnos en la escuela primaria. Uno de ellos hacía una suma maravillosa: “el perro tiene: cola una, patas cuatro, orejas dos, ojos dos, hocico uno, dientes 32; total 42”. El uso de los números naturales para hacer operaciones simples puede llevar a resultados divertidos, sin relación con la realidad.

Sumas y restas. Las ciencias exactas saben que la suma de dos más dos no siempre es cuatro. Mi visión de la vida cambió cuando estudié el Principia Mathematica de Bertrand Russell, un libro que analiza los axiomas en que se basan las matemáticas. Aprendí que, más allá de la serie de números naturales, existían los números transinfinitos concebidos por Cantor y geometrías no euclidianas en las que los ángulos internos de un triángulo suman más o menos de 180 grados. Con Heisenberg supe que el mundo microscópico es intrínsecamente incierto, que una partícula no tiene una posición o una velocidad determinada, sino muchas a la vez.

En 2004 los científicos obtuvieron el espectro de polarización de la radiación de fondo de microondas. Es la primera imagen del Universo que se habría podido ver 600 mil años después del Bing Bang. Desde que detectaron en ella restos de dos agujeros negros que demostrarían que hubo otros Universos antes del nuestro, la tengo en el cubre pantalla de mi computadora. Si las ciencias exactas son tan maravillosamente inquietantes, ¿qué podemos decir de las ciencias sociales y particularmente de los fugaces números de los estudios de opinión?

¡Qué porquería es el glóbulo!, el libro de José María Firpo.

Muchos se dejan de llevar por la lectura inocente de los números de las encuestas. El libro de Firpo ilumina el error.

Encuestas. Está de moda que algunos medios publiquen encuestas que “demuestran” que la subida del dólar en dos pesos lo hace caer a Mauricio dos puntos, o que la aparición de Cristina en Tribunales le cuesta la elección de octubre. Son fake news. Los resultados de una elección dependen de la coherencia de acciones que se realizan a lo largo del tiempo, que terminan provocando un resultado.

Cuando Mauricio planificó su campaña del 2015, en las simulaciones Massa tenía 40%, Scioli 26%, y Macri 14%. Las campaña sin estrategia de Sergio, la consistencia del voto K que siempre tiene un piso de 30% y un techo duro, terminaron en el triunfo del líder de Cambiemos.

 No fue muy distinto de lo ocurrido en 2005, en la campaña para diputado por la Ciudad de Buenos Aires. Pondremos las positivas de cada dirigente en primer lugar, seguida de sus negativas. De acuerdo a una encuesta realizada en septiembre del 2005 por Ipsos, dirigida personalmente por Manuel Mora y Araujo, la imagen de Mauricio era de 41/54, mientras la de sus adversarios eran: Carrió 59/36 y Rafael Bielsa 53/33%. Bielsa estaba en condiciones óptimas para ganar. En los estudios cualitativos aparecía con una imagen impecable y tenía el apoyo de dos dirigentes populares en la Capital de ese entonces: Néstor 63/37 y Cristina 48/47. En encuestas anteriores estos números fueron más pronunciados.

Algunos dicen que con la nominación de Aníbal, Cristina va a ganar en una vuelta porque ella tiene 32%, Alberto 10% y si suma a Massa con 10%, llega con la matemática de los niños de Firpo a 52. Pero la matemática política es más compleja. En nuestros esquemas de análisis usamos modelos de adhesión al candidato y los conceptos de implosión y explosión.

Indecisos. No existen los indecisos. Una cosa es que una persona no vote por uno de los candidatos que se ofrecen en una boleta y otra que esté en un limbo en el que puede votar por cualquiera. Al mismo tiempo que en este momento no vota por ninguno de ellos, puede ser votante imposible para algunos, difícil para otros, posible de los de más allá.

Cualquier evento provoca efectos en la estructura de todos los candidatos y flujos de votantes entre ellos. Para calcular esto, usamos dos conceptos: implosión, la tendencia a fortalecer al candidato, y explosión, la tendencia a debilitarlo. En el primer caso, los imposibles se hacen difíciles, estos se vuelven posibles, algunos de estos se hacen blandos y hay quienes se endurecen. La explosión tiene el efecto inverso.

Mi abuelita tiene menos imagen opiniones negativas que Cristina y Mauricio, pero no por eso puede ganar elecciones.

Cuando Alberto aparece encabezando la fórmula Fernández-Fernández (FF) habría que calcular cuántos de sus votantes implosionaron hacia CFK y cuántos votantes K explosionan al ver que Cristina no será la presidenta. En la eventualidad de que Massa entre a jugar un papel secundario en el frente K, habría que investigar varios elementos. Alberto tiene como una de sus debilidades el haber transitado por todas las tiendas posibles. El apoyo de Massa, ¿lo ayudará a consolidar una imagen solvente, de alguien que es siempre consecuente con alguna idea? ¿Cuáles elementos positivos de la imagen de Massa contrarrestarían los negativos de los Fernández? Si eso fuese así se podría hablar de una implosión. Si lo que hace es reforzar los negativos de sus antiguos/nuevos jefes, puede provocar una explosión.

Imagen. Un dirigente moderno debería conocer la evolución de su imagen asistido por profesionales. Es bueno hacerse chequeos periódicos, pero es mejor realizarlos con médicos y no con amigos con los que tomamos café. La imagen buena o mala no tiene que ver con la preparación, ni con la bonhomía de la persona. Entre quienes tienen las peores imágenes de nuestros países están personas inteligentes, impecables y cultas, que no son conocidas o fueron linchadas mediáticamente por alguna causa.

Los estudios de imagen son complejos y usan muchas variables, pero tomemos la más superficial. Preguntamos al encuestado si conoce o no al personaje que estudiamos, y si tiene buena o mala imagen de él. Si la información no se analiza profesionalmente se obtienen conclusiones erradas, que provocan que algún entusiasta se lance de candidato. Mi abuelita tiene menos negativas que Cristina y Mauricio, pero no por eso puede ganar las elecciones.

Tomamos recaudos para depurar la información. La consultora con la que trabajo sigue la imagen de cerca de doscientos dirigentes latinoamericanos. Averiguamos sus cifras actuales y cuando podemos su evolución a lo largo de los años. Hace treinta años incluimos en la lista de personajes a Nicolás Narváez, el político más estudiado del continente. Nicolás es un personaje imaginario, como Cadenet, el personaje de la canción de Alma y Vida, pero dice conocerlo entre un 10% y un 20% de encuestados. Cuando la imagen de un dirigente es semejante a la de Nicolás, sabemos que aunque sea importante para el círculo rojo, ese personaje no existe para la gente. Su apoyo es indiferente electoralmente. Tengo acceso a las cifras de la mayoría de los dirigentes que han aparecido en la televisión disputando el poder en las últimas semanas. Muchos compiten con Nicolás.

Amontonamientos. Durante décadas mantuvimos en la Escuela de Posgrado en Ciencia Política de la Universidad George Washington que un candidato debe llegar al día de las elecciones con menos de 35% de negativas y tener una ratio de al menos dos. En los últimos años se incrementó el fastidio de la mayoría de la gente con la política tradicional y algunos ganan elecciones a pesar de su imagen negativa. Hillary Clinton y Donald Trump corrieron con cifras negativas que estaban cerca del 50%. En la última elección mexicana todos los políticos tenían más negativas que positivas, con la excepción de Andrés Manuel López Obrador, que tenía 48% negativas frente a un 50% positivas. El mundo cambió.

Los amontonamientos no sirven mucho. Los políticos tradicionales juntaban membretes y títulos sin preocuparse por la gente, pero la democracia se amplió y cuenta la opinión de la gente común.

¿Algunos dirigentes peronistas que quieren profundizar la democracia se plegarán al cristinismo porque Alberto es el nuevo líder? ¿Si Massa se une a la fórmula ¿le dará más credibilidad?

Coherencia. Finalmente hay un asunto de coherencia. Los eventos políticos afectan de manera positiva o negativa a todos los actores. En un extremo supongamos que Luis D’Elía apoya a María Eugenia Vidal para ampliar su base política. ¿Le sumaría votos o se los restaría? Sin llegar a ese extremo, supongamos que Schiaretti o Urtubey, cautivados por el liderazgo de Alberto, apoyan la fórmula de los Fernández. La matemática política tendría problemas. ¿Cuántas personas que ven bien a estos gobernadores, que nunca fueron K, ni tienen ese estilo, votarían por Cristina? ¿Cuántas se enojarían con ellos y los abandonarían? Probablemente tendría enormes costos en el mediano plazo y terminarían desapareciendo en el molino autoritario.

Muchos cometen el error de dejarse llevar por la lectura inocente de los números de las encuestas. Las encuestas  son solamente instrumentos para orientarse en una sociedad en cambio permanente.

 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.

 


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