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COLUMNISTAS / Opinión
domingo 21 abril, 2019

La religión de Cambiemos

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por Luis Costa

Videos de Macri y de Carrió. Foto: Cedoc
domingo 21 abril, 2019

La constitución de una comunicación de medidas urgentes en formato heterodoxo obliga a la pregunta por las intenciones. Los videos proponen un vínculo con el espectador sin contacto, en tanto el video avanza, no existe ninguna chance de hacerle alguna pregunta adicional a quien lo protagoniza. El video de Macri ingresando a la casa de una familia decía falsamente "en directo" en la pantalla de Facebook, generando la ilusión de que eso sucedía en el mismo momento en que todos lo observaban, pero editado y con cortes evidentes; se trataba de una ilusión de espontaneidad. La inteción delvideo termina siendo otra, y se parece más a una denuncia que a un episodio de comunicación virtuosa.

Macri queda representado en soledad, encerrado en un ambiente y sin contacto con el exterior. Habla solo y se convence, mágicamente, en formato espiritual, y envuelto en una falacia, porque dice que si se hizo lo mismo que los otros países, entonces nos tendría también que ir bien, como a Paraguay y a Perú, que serían casos de éxito en la región. Macri habla de la inflación como “lo que más daño nos hace”, como si estuviese hablando de la lluvia, de algo que sucede sin su control; y eso es lo que hace este video, desnuda al presidente, lo muestra en su esencia, en su aislamiento.

El fin de esta transmisión en formato de ficción, la siguió la realidad de los ministros apesadumbrados, estupefactos, serios, rígidos, sin movimiento. Para ellos no existe la ficción ni el video. Mientras Macri se oculta de las preguntas en una transmisión editada, Stanley, Dujovne y Sica, deben responder a las preguntas del universo real cuyo momento simbólico superior es la afirmación del ministro de hacienda de que el acuerdo de precios se basa en un “acuerdo de caballeros”, dejando al Estado en un sitio de partes iguales con los demás. No sería el Estado el encargado superior, sino el Estado en una relación de igualdad con otros y esperando que las promesas contrapuestas persistan en el tiempo. Esta licuación del poder mismo del Estado dialoga perfectamente con un Macri encerrado en un departamento y lo convierte a él, al mismo tiempo y como paradoja, en un destino casi religioso.

Círculo rojo al rojo vivo

Un reciente video de Elisa Carrió la muestra mirando a cámara. Carrió intenta exponer una lógica alternativa a la impersonal de Macri. El Presidente en sus anuncios solo habla con la familia pero nunca con los argentinos, mientras Carrió propone un mensaje frontal aunque basado en necesarias abstracciones, porque ella no hace ninguna mención a medidas de gobierno. Justamente, en ella se hace visible un rol alternativo, pero con equivalencia funcional para lo que propone Macri. Aunque con sus ojos en destino hacia la cámara, se repleta de ideales que no terminan de quedar claros si se trata de una teoría social o de psicoanálisis. Si bien es probablemente más convincente y con un caudal considerable de empatía, no propone nada más que un espacio de creencia en el futuro que alguna vez vendrá, algo tan propio, justamente, de los liderazgos basados en los profetas. Pide no regresar al faraón, pero proponiendo la creencia en uno nuevo.

Ante la caída de la gestión, ante la realidad del desempeño económico, Cambiemos va expresando con detalles cada vez más marcados, que propondrá una campaña inspirada en los componentes de lo que desprecia. Sobre Macri no tendrá más que ofrecer que una esperanza de un paraíso futuro, de que sucederá lo que tenga que ocurrir, de que el devenir dispondrá de mejoras que serán en formato de apariciones, tal como una religión. En casi cuatro años Cambiemos paso de ser un equipo de gestión inigualable, a un grupo de creyentes en el devenir del futuro. En uno se acciona sobre el mundo para cambiarlo, en el otro se espera que las cosas sucedan, tal como le dice Macri a la vecina.

En política los liderazgos carismáticos se basan en la acción transformadora, que por ser tan disruptivos, en general en momentos de abatimiento, se erigen como grandes fuentes de sentido. Una religión política, como parece a partir de ahora proponer Cambiemos, no se puede ejecutar con el carisma de vacaciones o con un “video clip”. A esta fórmula le falta su esencia.

Desde las sombras que todavía ilumina su verdadero carisma, Cristina crece. Ya no como amenaza de un demonio intimidante, sino como la oportuna salvadora del oscurantismo macrista.


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