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Rosario sangra, Colombia cambia

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Argentina se encuentra empantanada en un cículo vicioso, provocado por dos sistemas económicos en pugna. | PABLO TEMES

Un asesinato cada 19 horas: en enero de 2023 se cometieron 39 homicidios vinculados al narcotráfico en Santa Fe. Según el Observatorio de Seguridad Pública de esa provincia, el principal organismo encargado de recabar información sobre violencia criminal, Rosario es la ciudad más peligrosa de la Argentina, con 25 asesinatos producidos en el primer mes del año.

Rosario sangra. Rosario quiere Paz. Rosario quiere vida”. Bajo esa proclama se realizó esta semana la manifestación más nutrida de los últimos años para reclamar ante la escalada de la criminalidad mafiosa. La marcha había sido convocada por el colectivo “Familiares y Víctimas de la Inseguridad-Rosario” y se decidió luego de que se efectuara un acampe de dos días frente a la sede de Gobernación, sin que los familiares de las víctimas del narcotráfico obtuvieran respuesta de parte de las autoridades.

Desde hace algunos años, Rosario le ha declarado la guerra a las drogas. Pero se trata de una guerra que no está dando buenos resultados. No quedan dudas, y hay que decirlo: es hora de pensar en una nueva estrategia.

Es que Argentina ya no es solo un país de tránsito de estupefacientes. Según el último informe elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas, que depende del Sedronar, se estima que en 2019 hubo en el país 13.182 muertes atribuibles, parcial o totalmente, al consumo de drogas. Esto representa el 16,3% de las muertes totales de personas de entre 15 y 64 años, lo que se traduce en una tasa bruta de 45,7 casos cada cien mil habitantes. Las muertes relacionadas al consumo de drogas son, en mayor proporción, causadas por enfermedades cardiovasculares (42% y 19,2 casos cada cien mil habitantes) y por neoplasias (38,8% con 17,7 casos cada cien mil habitantes).

El desafío que presenta la lucha contra el narcotráfico obliga a impulsar propuestas superadoras, que ayuden a erradicar el flagelo. Por lo menos, eso es lo que intenta Gustavo Petro, el nuevo presidente de Colombia. Desde que asumió, en agosto pasado, Petro busca dejar atrás la “guerra contra las drogas” y desechar el prohibicionismo, a la vez que ha llamado a reorientar las políticas públicas para prevenir el delito y ha planteado la idea de regular el mercado de las drogas. “No vamos hacia la liberalización o legalización total de la droga, porque muchas de las sustancias son absolutamente destructivas –aclaró el mandatario–. Sino que vamos hacia una manera diferente de encarar el problema, que no tiene que ver con fusiles, como si fuera una guerra, sino como lo que realmente es: una enfermedad”.

Según las Naciones Unidas, Colombia es el primer productor mundial de cocaína delante de Perú y en 2021 superó un récord histórico de narcocultivos con 204.000 hectáreas sembradas, un aumento del 43% en tan solo un año. Dos tercios de cultivo de coca a nivel mundial se encuentran en Colombia, siendo Estados Unidos y Europa los destinos más importantes de esa producción. El narcotráfico es también una parte de la raíz que explica la violencia colombiana de las últimas décadas: un informe de la Fiscalía Colombiana destacó que ayudó a financiar las guerrillas, con un ingreso calculado en más de 20 millones de dólares entre 1990 y 2014.

En Rosario hubo 25 asesinatos en enero. Un muerto cada 29 horas.

“Pensamos que podría ocurrir lo mismo que ha sucedido con otros productos que tienden a demanda cero, como el cigarrillo. Hoy el consumo de tabaco no es lo mismo que era hace cincuenta años. Eso demuestra una experiencia exitosa, sin prohibición, pero con una fuerte regulación de la demanda que hace difícil encontrar personas con cigarrillos. Es un proceso de raciocinio, que tenemos que evaluar”, declaró Petro. Y agregó: “Hablemos claro: ¿qué podría pasar si se legaliza el cannabis en Colombia? ¿Si se produce sin licencias? Sería como sembrar maíz, como sembrar papa”.

Pese a que la ONU sigue manteniendo la posición de la criminalización de las drogas como atenuante a la producción, tráfico y consumo, hay países que han optado por legalizar el consumo o por permitir su venta. Holanda, Bélgica, Portugal, Luxemburgo, Austria, Croacia, España, Dinamarca, Moldavia y Suiza, son algunos de los miembros de la Unión Europea que han legalizado la venta de marihuana. En los últimos años, se han sumado Canadá, Sudáfrica, México y Uruguay, al igual que algunos estados de Estados Unidos.

En "Qué hacer con las droga", Juan Gabriel Tokatlian demostró que la “guerra contra las drogas” ha fracasado en todo el mundo. Desde que Richard Nixon declaró su guerra al narcotráfico en los setenta en Estados Unidos, lejos estuvo de solucionarse el problema, sino que se aumentó en forma desproporcionada y se produjo un fenómeno criminal sin precedentes. Hasta que se extendió internacionalmente, siguiendo las presiones e intervenciones diplomáticas y militares impulsadas en Washington.

El vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) sostiene que aunque haya sido importante, la defensa mundial del prohibicionismo estadounidense no representó simplemente una “imposición” de la “guerra contra las drogas” a los demás países, sino que se articuló con dinámicas regionales y nacionales de persecución de minorías, conflictos civiles y desigualdades sociales. Se trata, por lo tanto, de un desafío que merece ser entendido con mayor responsabilidad.

Petro propone regular el mercado de las drogas en Colombia.

Además de ser uno de los más destacados especialistas académicos sobre el impacto del narcotráfico en las relaciones internacionales, Tokatlian vivió en Colombia entre 1981 y 1998 y fue uno de los primeros impulsores de la nueva etapa que ahora parece iniciar el gobierno de ese país. Esta semana, el analista escribió en el diario “El Tiempo” un artículo en el que reflexiona sobre lo que denomina como “la ‘paz total’ y la legalización”. El artículo fue elogiado por Petro.

Tokatlian celebra el paso que intenta dar el nuevo gobierno colombiano. “Sin embargo, es insuficiente y potencialmente infecundo –advirtió–. Más aún, me atrevo a conjeturar que la ‘paz total’ será improbable sin una legalización plena de las drogas, de todas, así como de su cadena de producción”. Y concluyó: “Es vital entender que entrelazar simultáneamente ‘paz total’ y legalización plena es y será una decisión trascendente que no producirá apoyos inmediatos de algunos países poderosos, de importantes actores sociales y de la mayoría de los uniformados: habrá quizás, al inicio, muchos más detractores que alentadores. Habrá que tener paciencia estratégica”.

Paciencia estratégica es lo único que perdura en Rosario.

 

*Politólogo. Dr. En Ciencias Sociales. Director de Perfil Educación