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opinión

Una incómoda sociedad

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Socios. Las cosas son mucho más complejas que una “intervención” macrista en el Gobierno. | cedoc

En un abrazo desprejuiciado a la pereza intelectual, al interés partidario o a la operación política suele insistirse que Mauricio Macri le tiene poco menos que intervenida la gestión a Javier Milei. O que se la va a intervenir. El escenario es más complejo, aun cuando ambos líderes se prometieron un encuentro personal que exceda a sus habituales conversaciones telefónicas, con el fin de hacer crecer la alianza que los involucra desde la campaña para el balotaje.

A la hora de las coincidencias, la primera y esencial es que tienen una mirada muy parecida sobre el rumbo que debe tomar el país. Hay en ello cierta dualidad macrista, entre la reivindicación que siente a sus ideas y la dosis de envidia que le genera que Milei avance más dura y velozmente hacia objetivos que él no pudo o supo alcanzar como presidente.

Concurren, además, en la aversión al riesgo de que este nuevo experimento vuelva a salir mal, como el de Cambiemos. Según ellos, otro fracaso podría significar reabrirle la puerta al kirchnerismo estatista que tanto los espanta, y sobre el que eligen concentrar toda la culpa del declive argentino. La reaparición epistolar de Cristina Fernández de Kirchner reavivó esa sensación.

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El entendimiento entre ellos está construido con esos dos pilares en la base. A partir de allí, comienzan los matices, los malos entendidos y hasta algunos cortocircuitos.

El Presidente tiene algunos reparos a  la imagen de Macri, de gran rechazo en la opinión pública

Milei valora a Macri y sus consejos, como el expresidente siente que no lo ha hecho ninguno de quienes intentaron heredarlo (Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich). Pero al mismo tiempo, el jefe libertario prefiere que ese acompañamiento se mantenga o aumente a una prudente distancia.

Son varios los motivos para ello. Milei rechaza cualquier atisbo de ser percibido como un títere de Macri, en una suerte de relación simétrica con la que tuvieron Alberto Fernández y CFK en el inicio de la administración del Frente de Todos en 2019. Resulta innecesario recordar cuáles fueron los resultados de ese vínculo.

El Presidente, atento al respaldo directo de la ciudadanía, también tiene algunos reparos a la imagen que proyecta Macri. El fundador del PRO se mantiene entre los dirigentes políticos con mayor rechazo, según estudios de opinión pública que el Gobierno dice recibir sin necesidad de contratarlos. Con un condimento extra: Macri obtiene los picos de negatividad en los sectores sociales más pobres, donde Milei consigue altos niveles de apoyo.

Hay, asimismo, en Milei algo de desconfianza respecto al poder político real de Macri. Por un lado, ante su triunfo por el 56% en la segunda vuelta. “Ellos quedaron terceros” o “por qué prefirió evitar candidatearse él”, son algunos de los textuales que en ese sentido el Presidente transmite en on y en off a sus escuchas. Por el otro, incorporó al Gobierno a exfuncionarios macristas sin pasar por él, aunque habló de ellos con Macri. Los casos más resonantes son los de Bullrich y Luis Caputo, el ministro de Economía.

Esos nombramientos generaron las principales rispideces. Sin apuntar directamente a la responsabilidad presidencial, les achacó a los funcionarios que se mandaron solos, sin formar parte de un acuerdo político. Ése que se frustró al no aceptar el Gobierno que Cristian Ritondo presidiera la Cámara de Diputados.

De esa decisión Macri prefirió responsabilizar a uno de sus blancos predilectos en el oficialismo, Guillermo Francos. Al ministro del Interior le apunta también por sus acuerdos con el peronismo y le resulta intolerable que le haya extendido el pasaporte de reingreso al Poder Ejecutivo a Daniel Scioli, su ex-rival en la presidencial 2015 y nuevo secretario de Deportes, Turismo y Ambiente tras dejar la embajada en Brasil donde lo había designado Alberto F.

Fuentes cercanas al expresidente sostienen que objeta la ejecutividad de una parte del Gabinete. Amén de Francos, apuntan contra Nicolás Posse (jefe de Gabinete), Santiago Caputo (asesor premium) y Sandra Pettovello (ministra de Capital Humano). Macri es consciente de lo que implican esos nombres: Posse y Caputo integran la mesa chica presidencial junto a Karina Milei; Pettovello es íntima y hasta vive en la residencia de Olivos.

Macri sabe que, si al Gobierno le va bien le darán el mérito a Milei y, si le va mal, lo culparán a él

Ni por asomo se le ocurre a Macri pedir sus salidas u ofrecerle a Milei reemplazos para esos puestos. Sería en vano. Al menos ahora. Al expresidente también le incomoda quedar pegado a la marcha del Gobierno, con la lógica de que si le va bien le darán el mérito a Milei y si fuera lo contrario se lo facturarían a él.

Sí estima Macri los desempeños de la canciller Diana Mondino (¿será porque eligió rodearse de varios diplomáticos PRO?) y, pese a que se sumaron sin su consentimiento, de Toto Caputo y Bullrich. La ministra de Seguridad no deja de marcarle la cancha. En medio de los rumores de una ampliación del acuerdo LLA-PRO, el jueves dio a entender en un reportaje radial que ella tenía más volumen político que Macri, al obtener siete millones de votos en octubre. ¿El mensaje era sólo para el expresidente o también para el actual?

Milei intentó despejar las versiones de una confluencia o cogobierno (como ya planteó Martín Lousteau, al frente de la UCR). “Es una tontería inventada por periodistas operadores”, bramó el Presidente en una de sus dos reapariciones mediáticas de la semana, en las que volvió a sacar sus dotes de histriónico y punzante panelista televisivo. Lo padeció Lali Espósito, entre otras víctimas.

Allegados a Milei y Macri aclaran que el acercamiento es producto del alineamiento del PRO en Diputados con el frustrado proyecto de ley ómnibus. Vislumbran que acaso eso permita imaginar el armado de listas en común para las legislativas del año próximo.

Las mismas fuentes niegan que nombres fuertes del partido amarillo se sumen al Ejecutivo, como los de María Eugenia Vidal o Diego Santilli. El aporte seguiría siendo en las segundas líneas o cuadros técnicos.

Sin embargo, las dilaciones preocupan dentro y fuera del Gobierno. Hace tres semanas se anunció el despido de Guillermo Ferraro, a cargo de Infraestructura. Ante la falta de oficialización y reemplazo, se cansó de esperar y renunció días atrás. Los decapitados por “la traición de los gobernadores”, la salteña Flavia Royón (Minería) y el cordobés Osvaldo Giordano (Anses), tampoco tienen sucesores.

Otro botón de muestra de los recambios demorados. En las últimas horas, Milei habría transmitido en off que el nuevo director de Anses (el organismo estatal que más fondos maneja) sería un técnico del PRO, Alejo Maxit, exsegundo en la entidad durante la gestión macrista. Sin embargo, Maxit repite a sus amigos que nadie se comunicó con él, que ya van varias veces que le dicen que va a ir a tal o cual dependencia y queda todo en la nada.

Gestionar es mucho más difícil que postear.

¿Lo ven?