COLUMNISTAS
PRIMERAS SEMANAS

Veintiséis días de luna de miel

La agenda pública y política, parece haber estado más convulsionada durante el último mes, que lo que lo ha estado en los últimos años.

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‘Solo duele en los primeros 15 Años...’ Javier Milei. | Pablo Temes

A lo largo del tiempo el mundo de los intelectuales argentinos ha estado de acuerdo en una condición que constituye la columna vertebral de la dinámica política vernácula: la democracia argentina está forjada por políticos profesionales. Esto significa carreras políticas que comienzan en niveles subnacionales, pasando por cargos legislativos a nivel nacional, valiéndose de recursos políticos e institucionales con la pretensión de alcanzar los tan codiciados cargos ejecutivos en distintos niveles. Javier Milei irrumpe en la política nacional nutriéndose del hartazgo ciudadano, pateando este tablero de juego tradicional hasta alcanzar el premio mayor.

Una vez ahí, propone un estilo de gobierno que hasta ahora, descoloca a propios y ajenos y que a su vez sostiene la aprobación del 60% de los argentinos (Aresco 2023).

Si tuviéramos que definir las primeras semanas de su gestión podríamos decir que han sido vertiginosamente atípicas (y osadas) de acuerdo a la experiencia argentina previa. En su primer día como Presidente, Milei marcó su impronta empezando con lo que su electorado clamaba ver: la motosierra encendida contra “la casta”. Así es que el primer decreto firmado por el flamante Presidente redujo el tamaño del organigrama nacional estableciendo en la mitad la cantidad de ministerios (de 18 a nueve), en conjunto con el número de secretarías (de 106 a 94) y direcciones. Estrategia que está teniendo su efecto contagio a nivel provincial, como es el caso de la Ciudad de Buenos Aires que ya ve reducido en un 40% aproximadamente sus contrataciones. En paralelo, por primera vez en la historia de la joven democracia argentina, un presidente comienza su mandato sentando las bases para lo que promete ser uno de los ajustes económicos más grandes que haya vivido el país con la particularidad de transitar, al menos durante los dos primeros años, un escenario de gobierno dividido con un contingente legislativo propio extremadamente pequeño –38 diputados y siete senadores– que lo obligará a negociar cada propuesta con los bloques “dialoguistas” (PRO, UCR, Cambio Federal, Innovación Federal).

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Cuarenta años rompiendo techos de cristal

En esta línea, la firma del DNU despabiló a un Congreso Nacional que, tras su renovación, debió apurar los plazos para definir la constitución de sus comisiones, entre ellas, la Comisión Bicameral Permanente de Trámite Legislativo que dejará de ser un mero sello de goma para pasar a ser una pieza de control clave entre los poderes del Estado a la luz de un estilo de liderazgo presidencial que promete proactividad.

Los días subsiguientes al traspaso de mando fueron testigos de los primeros anuncios económicos que apuntaron a desregular la economía e incluyeron el “sinceramiento” del tipo de cambio oficial, la suspensión de la pauta oficial por un año, la reducción de las transferencias a las provincias, la suspensión de las licitaciones de obras públicas del gobierno nacional, y la reducción de los subsidios a energía y transporte, entre otras tantas medidas. Esto, como un appetizer de lo que vendría después servido en dos platos principales, pero que están lejos de ser la frutilla del postre: el controvertido megadecreto desregulador y la ley ómnibus, que son, de acuerdo a sus asesores el principio de un paquete “más grande y sustancioso” que se estaría preparando durante estas semanas.

La sensación de avasallamiento y poca intención de involucrar a la oposición –necesaria– en el avance de la agenda presidencial durante los primeros días de gestión, comenzó a ordenarse durante la última semana donde el Ejecutivo comenzó a dar lugar a los gobernadores y a los bloques afines en el tratamiento de la ley, que incluye la aprobación del megadecreto vigente desde el pasado 29 de diciembre.

Vísteme despacio que estoy apurado.

La ley ómnibus involucra diversas áreas de política pública y temas que requieren distintos tipos de mayorías para su aprobación porque abordan temas que van desde retenciones, modificaciones al sistema previsional, privatización de empresas, a cambios en el Código Penal –como la elevación de penas para manifestantes–, el Código Electoral –eliminación de las Primarias, adopción de la boleta única en papel y reforma del sistema electoral proporcional para cargos legislativos nacionales– y cuestiones en las cuales el Poder Ejecutivo no puede legislar, como todo tipo de reforma en materia impositiva. Su tratamiento avizora un largo proceso de negociaciones si la intención es avanzar con la mayoría de las reformas. La negociación con distintos sectores políticos y de otras áreas sería la estrategia más viable para llevar a buen puerto gran parte del proyecto. En este sentido, una variable a su favor que debería poder aprovechar el actual gobierno es el hecho de contar con una oposición dispuesta a acompañar muchos de los cambios estructurales propuestos, pero que ya ha manifestado total desacuerdo con acciones unilaterales, que vayan en desmedro de la calidad institucional y democrática.

Por otro lado, en el plano de la sociedad civil la mecha parece ser más corta. A las manifestaciones llevadas a cabo en las primeras semanas de gobierno de Javier Milei, marcadas por un estricto protocolo de seguridad implementado en tándem con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se sumó el despertar de las cacerolas tras el anuncio del Megadecreto, y la convocatoria por parte de la Central General de Trabajadores a un paro general con movilización al Congreso el próximo 24 de enero, medida que ya ha sido respaldada por la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte.

En sus primeros cuarenta años de democracia la agenda pública y política argentina parece haber estado más convulsionada durante el último mes, que lo que lo ha estado en los últimos años. Argentina, el paciente en terapia intensiva al que le duele la hiperinflación, el 40% de sus ciudadanos sumidos en la pobreza y que ahora “eligió la cura en lugar de la anestesia”, apuesta a lo desconocido confiando en el cambio a largo plazo.

 

* Doctora en Ciencia Política. Profesora Universidad Austral y Universidad de Buenos Aires.