El Cuti está con dolor. No importa. Va. Va. Como cuando jugaba en la esquina de su casa, en la calle de tierra. Y va, como cuando jugaba en San Lorenzo de Córdoba. Y va como cuando jugaba en Belgrano. Y Va. El Cuti va, cabecea y descuenta.
Levanta las manos. Con su cara de malo, en vez de gritar gol, grita Vamos. Un gol hecho con el corazón, con las ganas de los pibes que aunque estamos perdiendo no nos rendimos. Un cabezazo con el corazón dolido, creyendo que todavía hay vida. Y si hay vida, podemos creer. Si así vivimos en estas tierras, perdiendo casi siempre, pero creyendo que podemos empatar. Y si empatamos, por qué no podemos ganar. Creemos en eso. Por eso, el Cuti arenga. Tiene angustia. Capturó el centro del Lionel Messi y Argentina descontó. Argentina perdía. Pero tenía vida.
Qué manera de sufrir. No, no, no lo digo por la diaria ni las deudas, eso seguirá, lo digo por el Argentina-Egipto de los octavos de final de la Copa del Mundo que se está disputando en tierras norteamericanas.
La Selección perdía. Pero Cuti descontó.
Los sueños se renovaron. Messi se activó. Y Messi empató. Y los gritos se multplicaron allá, en las tierras donde se juega el Mundial, pero también acá: en barrio General Paz, en el centro, en Villa El Nylon, en Alta Córdoba, Nueva Córdoba, Cerro de las Rosas, barrio Comercial, en San Vicente, en Alberdi… en Embalse, en Villa María, en san Francisco, en Río de los Sauces, en La Calera… Los gritos del empate se escucharon hasta la luna.
El gol de Cuti. Él mandó para adelante. El gol de Messi. El corte de Paredes.
Y el golazo de Enzo.
Argentina ganó en un partido inolvidable. ¿El análisis? En otro momento. Hoy es tiempo de disfrutar que Cristian Romero, nació en Córdoba, Argentina.