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PUNTO DE VISTA

La paradoja de la salud privada: crisis en clínicas y robots en quirófanos

La salud privada argentina convive con clínicas financieramente asfixiadas, honorarios médicos deprimidos y una creciente incorporación de tecnología de punta. ¿Qué explica esta paradoja y qué revela sobre los problemas de fondo del sistema?

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Cirugía robótica de cadera. | Gentileza Servicio de Ortopedia y Traumatología del Sanatorio Finochietto.

La salud privada argentina muestra una paradoja difícil de ignorar. Clínicas y sanatorios advierten que trabajan con márgenes mínimos, los médicos se quejan de honorarios cada vez más bajos y las obras sociales sostienen que los recursos no alcanzan para cubrir las prestaciones obligatorias. Pero, al mismo tiempo, algunas instituciones incorporan tecnología médica de punta. ¿Cómo pueden convivir ambas realidades?

Hace pocos días participé en un congreso de Adecra+Cedim, la asociación que nuclea a clínicas, sanatorios y hospitales privados. Durante buena parte de las exposiciones se repitió un diagnóstico conocido: costos crecientes, prestadores financieramente tensionados y profesionales cuyos honorarios quedaron muy rezagados.

Sin embargo, en ese mismo ámbito también se mostraban experiencias de innovación: inteligencia artificial para mejorar procesos, reducir errores y agilizar la atención, junto con inversiones de mayor complejidad. Una prestigiosa institución médica privada de Buenos Aires, por ejemplo, incorporó un nuevo robot quirúrgico para ampliar la cirugía robótica a distintas especialidades.

El contraste es inevitable. ¿Cómo puede un sistema que dice no tener recursos para pagar adecuadamente a sus médicos invertir, al mismo tiempo, en tecnología de última generación?

Un sistema que promete más de lo que financia

La respuesta empieza por entender cómo se financia la salud de la seguridad social. Obras sociales y prepagas reciben aportes vinculados al salario de los trabajadores, a cambio deben garantizar un conjunto muy amplio de prestaciones definido por el Programa Médico Obligatorio (PMO). El PMO define una canasta de prestaciones médicas que en sus orígenes (1996) eran básicas, pero fue ampliándose por leyes, regulaciones y fallos judiciales. Se incorporaron prestaciones sociales y nuevas tecnologías sin que apareciera, al mismo tiempo, una fuente adicional de financiamiento.

El propio “Informe de Situación de Obras Sociales” de la CGT lo muestra con números contundentes. Para marzo de 2026 estimaba una recaudación promedio de $67.525 mensuales por beneficiario, mientras que el costo del PMO rondaba los $85.000. Según el informe, el 78,5% de los beneficiarios no generaba aportes suficientes para financiar ese piso de prestaciones.

Así, las obligaciones crecen más rápido que los recursos. El descalce se va trasladando a toda la cadena: obras sociales y prepagas que buscan contener los aranceles, clínicas y sanatorios que operan con márgenes mínimos y acumulan problemas financieros y profesionales cuyos honorarios quedan deprimidos.

Dos lógicas dentro del mismo sistema

Y, sin embargo, mientras esta es la realidad de la atención cotidiana, el mismo sistema muestra una enorme capacidad para innovar. En el congreso de Adecra se presentaron experiencias de inteligencia artificial, mejoras de gestión y, en el extremo más visible, cirugía robótica.

La innovación también forma parte de la competencia entre prestadores. Las instituciones de mayor escala tienen más capacidad de inversión y utilizan la tecnología y las prestaciones diferenciales para distinguirse y atraer a segmentos de mayor poder adquisitivo.

Ahí la paradoja empieza a explicarse. La atención cotidiana se financia principalmente con obras sociales y prepagas, mediante aranceles sobre los cuales los prestadores tienen poco margen. En cambio, algunos servicios diferenciales permiten cobrar adicionales.

La cirugía robótica es un buen ejemplo. Mientras la cirugía convencional puede estar cubierta por el plan, utilizar el robot puede requerir un pago adicional. La tecnología encuentra así financiamiento en pacientes dispuestos a pagar de su bolsillo.

Esta diferencia también influye en los médicos. Especialidades asociadas a procedimientos y tecnología suelen ofrecer mejores perspectivas económicas que otras intensivas en tiempo y atención personal, como Pediatría, que enfrentan crecientes dificultades para atraer profesionales.

Conviven entonces dos lógicas: una atención básica financieramente tensionada y una innovación que puede sostenerse con ingresos adicionales.

Volver a conectar prestaciones y recursos

El problema no es que los hospitales inviertan en tecnología. Que puedan incorporar innovaciones es una buena noticia. El problema es que el sistema encuentre recursos para financiar prestaciones diferenciales mientras tiene enormes dificultades para sostener adecuadamente las prestaciones básicas.

Ordenarlo exige volver a conectar las obligaciones con los recursos disponibles: revisar el PMO, definir qué prestaciones debe financiar la cobertura médica y cuáles corresponden a políticas sociales del Estado, y evaluar las nuevas tecnologías según su costo-efectividad. Mientras se sigan sumando obligaciones sin definir cómo se pagan, la paradoja va a persistir: profesionales mal remunerados trabajando en instituciones con tecnología de punta.

(*) Economista de Idesa