El 2 de marzo último, la jueza Electoral de la Provincia de Córdoba, Marta Vidal, elevó su renuncia al Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para hacerse efectiva a partir del 1 de agosto próximo. Vidal fue la primera jueza electoral de Córdoba, cargo en el que fue designada por el extinto gobernador Ramón Bautista Mestre, el 20 de agosto de 1998. Luego él adelantaría las elecciones por lo que Vidal entró rápidamente en acción.
Si bien tramitó su jubilación en el año 2017, fue postergando con los años su retiro de la magistratura. Después de casi una década, ahora sí decidió cerrar un ciclo que abre la incógnita sobre quién la sucederá en un cargo judicial de alto impacto político.
Las casualidades hacen que también en la Justicia Federal permanezca aún vacante el Juzgado Federal N°1 con competencia electoral, cuyo concurso está abierto, aunque lejos de que se designe al nuevo titular, un proceso trabado por negociaciones políticas al más alto nivel en el Congreso de la Nación y el Poder Ejecutivo Nacional. En el caso de quien reemplace a Vidal, el proceso se pondrá en marcha después de Semana Santa —el mes próximo— según adelantó a este medio la presidenta del Consejo de la Magistratura de la Provincia, María Marta Cáceres de Bollati.
En abril se abrirá el concurso para seleccionar quien será titular del Juzgado Electoral provincial
Adelantándose a la despedida, Vidal dialogó con Perfil CÓRDOBA sin esquivar definiciones. Por caso, aseguró que los partidos políticos “están como el país”; “el peor momento fue el 2007”, cuando Luis Juez planteó dudas de fraude electoral en Córdoba; “no me gustaron las cosas que pasaron” en las elecciones del 2023. Tampoco está de acuerdo con la Junta Electoral ad hoc que se integra para cada uno de los comicios provinciales.
—¿Por qué cree que este es el momento para retirarse?
—En realidad, me quedé 10 años más de lo que correspondía porque yo me jubilé en el 2017. Me fueron pidiendo un año más, otro año más. Esta vez dije, “basta, ya está, es un ciclo cumplido”. La del 2023 no fue una elección que a mí me gustara. En ese momento dije: “Es la última”. No me gustaron las cosas que pasaron. Ustedes mismos recordaron (los problemas con) el ´turing´, que ni siquiera lo traje yo, lo trajo otro compañero de Marcos Juárez, donde habíamos ido a verlo. Funcionaba muy bien, pero cuando las empresas no se ponen de acuerdo y no contratan los operadores, quedé yo dando la cara por un sistema que no funcionó.

—¿Ese fue el momento más difícil de estos 28 años?
—No, el más difícil fue el 2007. Me marcó porque ni siquiera yo supe lo que había pasado. Fue algo mediático porque nunca hubo ninguna denuncia. Yo hice el escrutinio correspondiente, que es el oficial, que tiene valor definitivo y nunca comprobé lo que denunciaron en los medios. Me había ido a mi casa y me fueron a buscar porque estaban quemando gomas esa madrugada. El escrutinio real duró meses e incluso le dio medio punto más a Schiaretti. Le abrí 800 urnas a Luis Juez, eso nunca se dijo. Fue el más difícil porque salió por todos lados. De pronto me vi mencionada hasta en El País de Madrid. Se trabaja mucho para una elección y que haya pasado eso fue muy fuerte.

—Usted fue la primera jueza electoral de Córdoba, pero luego sumaron a dos camaristas para integrar una junta electoral. ¿Sintió en algún momento que fue una limitación o control a su tarea?
—Eso ocurrió justamente después de 2007. A partir de una reforma electoral se crea un tribunal ad hoc para cada elección, formado por dos camaristas. Y bueno, hay que ponerse de acuerdo.
—¿Es necesario ese tribunal habiendo un juzgado electoral?
—Está en la ley.
—¿Pero noto que usted no está muy de acuerdo?
—No.
—¿Cómo vio la evolución de los partidos políticos en Córdoba en casi tres décadas?
—Los partidos políticos funcionan como el país, han cambiado, han cruzado ciertos límites. Antes había mística política. Yo misma milité. Estuve afiliada al partido radical, trabajé para Raúl Alfonsín en el retorno de la democracia. Teníamos alegría de trabajar con los correligionarios. Creo que eso se ha perdido porque han cambiado las épocas. Ahora todo se hace por redes.
—¿Se ha roto el sistema de partidos tradicionales?
—La ideología típica de cada partido se ha desdibujado. Y ahora más que alianzas hacen frentes que ya ni siquiera son alianzas.
—¿Hay muchas trampas en los procesos electorales?
—Diría picardías, porque siempre les costó cumplir con las leyes. Hay que presentar estados patrimoniales anuales, por ejemplo. Tuve paciencia. Dimos prórrogas y prórrogas para que los presenten finalmente, porque de eso se trata. Tenemos un cuerpo de auditoras que son las que revisan los gastos de campaña. Cuesta y más a una mujer porque han sido siempre un poco machistas.
—Usted inauguró el juzgado electoral de Córdoba.
—Así lo quiso el gobernador (Ramón Bautista) Mestre. Él me eligió. Lo conocí en la Convención Constituyente en Santa Fe, donde asistí como asesora de Ana Dressino y él me pidió. Ya estaba en la Constitución de la Provincia el artículo 170 que preveía el Juzgado Electoral con sus atribuciones. Después se aprobó la ley que lo creó. Él quiso que fuera una mujer la primera jueza electoral. Yo venía del Fuero Penal.
—¿Alguna vez tuvo que dar noticia al fuero penal por algún delito electoral?
—Sí. Delitos y faltas electorales por robo de boletas, por campañas fuera de tiempo.

—¿Qué le diría a su sucesor o sucesora?
—Le estoy dejando lo que yo no tuve. Cuando asumí, me tiraron una elección por la cabeza a los tres meses. Yo no tenía lugar ni gente para trabajar. Me prestaron un subsuelo para poder hacer los padrones, los corté sentada en el suelo. Así empecé, sin lugar, con dos oficinitas en el subsuelo de Tribunales I y sin gente. Le dejo a mi sucesor una pequeña estructura integrada con los mejores del país, de hecho, nos consultan de otras provincias. Córdoba es pionera en la Boleta Única, en voto electrónico, acá las personas ciegas pueden votar en forma autónoma y si me preguntaras más, te diría que me gustaría que me suceda una mujer.
—¿Qué reflexión le merece despedirse del cargo?
—Como dicen los chicos ‘hay que soltar’ y es un cierre inevitable que iba a suceder, pero no deja de ser duro después de tantos años. Creo que cumplí con Córdoba, hemos armado un buen equipo. Cumplimos con la gente. Y lo hice, espero que no parezca un halago personal indebido, con honestidad. Vivo en la misma casa en que nací.