Entre tantos redescubridores de pólvora y vendedores de humo, la figura de Lionel Scaloni asoma como un soplo de aire fresco en el mundo de los DT. Su designación como responsable de la Selección Argentina, apenas concluido el Mundial de Rusia 2018, tuvo el efecto inicial de cambiar el clima tenso que dominó el breve y olvidable ciclo de Jorge Sampaoli, ‘El Hombrecito’. Más allá del recelo generalizado que provocaban su inexperiencia y su identificación con el cuerpo técnico saliente, y del clamor popular que señalaba a Marcelo Gallardo como el entrenador ideal.
“Estoy ilusionado con esta posibilidad que se me brinda. Me siento preparado y estoy convencido de que va a salir bien”, declaró Scaloni apenas le encomendaron la misión de dirigir al representativo albiceleste en el Torneo de L’ Alcudia, donde los cordobeses Enzo Barrenechea, Adolfo Gaich y Gonzalo Maroni fueron parte del plantel que terminó dando la vuelta olímpica en el estadio ‘Els Arcs’ del municipio valenciano.
Scaloni dirigió 103 partidos, con 76 victorias, 18 empates y 9 derrotas.
Con otros dos mediterráneos como laderos, Walter Samuel y Pablo Aimar, ‘El Gringo’ de Pujato hizo su primera suplencia en el representativo mayor de la AFA dirigiendo en seis amistosos que completaron la grilla de compromisos de ese año. Incluido uno ante México ‘B’, que el empresario Guillermo Tofoni, hoy ferviente lobbista de las SAD, montó en el Estadio Kempes. Renzo Saravia, Franco Vázquez y Guido Herrera fueron algunas de las caras nuevas que el flamante DT sumó en aquella triple fecha, que incluyó presentaciones en Arabia Saudita y Mendoza, y tuvo su ‘punto cero’ en Estados Unidos, país donde el santafesino cumplirá 104 partidos en el banco albiceleste en el encuentro 104 de la Copa de la Fifa 2026: la finalísima entre Argentina y España.
Por entonces, Scaloni buscaba reconstruir un equipo sin Lionel Messi, autoexcluido tras su cuarta cita mundialista, y Claudio ‘Chiqui’ Tapia, el mandamás del fútbol argentino, procuraba empoderar a Paulo Dybala, ‘La Joya’ de Laguna Larga, como nuevo ícono del equipo nacional.

Los Lioneles
El 22 de marzo de 2019, en el Estadio Wanda Metropolitano de Madrid, Messi le devolvió a Scaloni aquel primer pase que había recibido en su debut como jugador del seleccionado mayor, 14 años atrás en Budapest: “Tengo muchas ganas de ganar algo importante con la Selección. Voy a seguir intentándolo y quiero estar en todos los partidos posibles”.
Fue en ese amistoso con Venezuela (1-3, el primer traspié de su gestión) cuando el entrenador empoderó al ‘10’ como líder, no como salvador, y empezó a construir un equipo que no jugaría para ‘Leo’, sino por ‘Leo’. Después del tercer puesto en la Copa América 2019, que le valió la confirmación en su cargo, Scaloni condujo a Argentina a la obtención de dos títulos sudamericanos (2021 y 2024), un trofeo intercontinental (Finalissima 2022) y la gran consagración en el Mundial de Qatar.
En casi ocho años de gestión, el seleccionador dispuso 138 citaciones e hizo debutar a 65 futbolistas. Fabricio Bustos, Cristian Pavón, Matías Suárez, Gaich, Cristian Romero, Nahuel Molina, Julián Álvarez, Lucas Beltrán, Barrenechea, Mariano Troilo y Joaquín Panichelli fueron otros cordobeses que formaron parte de sus convocatorias.
En casi ocho años de gestión, el seleccionador dispuso 138 citaciones e hizo debutar a 65 futbolistas.
Desde siempre, el DT afrontó los desafíos del presente sin descuidar la planificación del futuro, preparando un recambio generacional que seguramente se acentuará tras el Mundial de Norteamérica 2026. Más allá de los resultados, armó un grupo comprometido, competitivo y resiliente, cuyos logros más trascendentes fueron no traicionar la esencia futbolera de un país (“Somos únicos”, dijo después del 2-1 ante Inglaterra) y recuperar la identificación con la gente.
Tal vez blindado por sus logros, o acorazado por su estilo de conducción, Scaloni ha logrado esquivar la lógica de los ‘ismos’ que históricamente ha dividido aguas en el fútbol argentino, con César Menotti y Carlos Bilardo en los extremos, y con Marcelo Bielsa en una suerte de ‘tercera posición’. El Lionel del buzo carece de devotos que lo pongan en un fanático plano celestial y también está falto de acérrimos detractores. “No somos exitosos por si ganamos o no. Lo más importante es cómo afrontamos las situaciones. Mi preocupación es que los chicos salgan bien a la cancha y que sepan que siempre hay un mañana”, afirmó tras clasificar a Argentina a su séptima final mundialista. Otro botón de muestra de su ideario.

El Hombre Común
“Los jugadores me han emocionado, no tengo mucho más para decir. Es todo gracias a ellos”. A esta altura del partido, habrá que convenir que Scaloni es ese jefe que todos quisiéramos tener. No se cuelga ninguna medalla ajena, pone la cara por sus subordinados cuando la cosa viene mal, entiende que ocupar un cargo le acarrea más obligaciones que derechos y más que fomentar el amiguismo, o la alcahuetería, procura manejarse con claridad y justicia: “Uno quiere sacar lo mejor del equipo, y por suerte ellos lo entienden. Saben que cada decisión que se toma es por el bien de todos”.
Ni sabiondo ni suicida, se exhibe amable y sereno en cada conferencia de prensa, donde a menudo se permite emocionarse y hasta se toma su tiempo, sin poses ni sobreactuaciones, para expresar su solidaridad con las víctimas de un accidente automovilístico, elogiar a los rivales, expresar admiración o afecto por un colega, rendirse a los pies de algún nuevo récord de Messi, pedirle una foto al periodista Enrique Macaya Márquez o rendirle homenaje a Antonio Ubaldo Rattín, el capitán argentino del Mundial ‘66.
14 jugadores cordobeses participaron de le era Scaloni, incluidos 'Cuti' Romero, Julián Álvarez y Nahuel Molina.
Puertas adentro, su método de conducción se basa en una cercanía que, lejos de hacerle mella a su autoridad, la refuerza. En el día a día Scaloni oficia de padre, o hermano mayor, en esa ‘familia que construimos’ a la que hizo mención ‘Cuti’ Romero en una reciente entrevista. “El fútbol no es sólo la táctica, la estrategia o jugar lindo. El fútbol es todo lo que se resumió en esos últimos cuarenta minutos. Se me quiebra la voz, porque es una demostración de un montón de cosas: de grupo, de hermandad, de no dar una por perdida, de luchar hasta el final”… Es palabra de Scaloni, un tipo al que le encaja como traje a medida la lúcida e inolvidable prosa de Osvaldo Ardizzone: “¿Qué es el Hombre Común? Es ése que todavía sueña… Es ése que todavía cree… Es ése que todavía espera... En ése que se juega entero a la ingenuidad de una camiseta en la tarde de domingo”.