Perfil
CóRDOBA
MICRO EN JAQUE

"Tuve que echar a 35 personas y todavía me faltan sacar 25 más": la voz de un industrial cordobés en la tormenta perfecta

La apertura importadora, el dólar barato y un contrabando que no cesa están ahogando a la industria de artículos de consumo. Un fabricante cordobés que prefiere el anonimato cuenta desde adentro lo que los números del Monitor de Desempeño Industrial apenas alcanzan a reflejar.

Industria textil
Industria textil | CEDOC

Tiene más de cien empleados —o tenía. Fabrica artículos de consumo y para el hogar en Córdoba desde hace años, es el único productor local de su rubro en la provincia, y conoce cada engranaje de su empresa con la precisión de quien la construyó ladrillo por ladrillo. Hoy, en cambio, habla en voz baja y pide no ser nombrado. "Estamos hablando off the record", repite. Lo que tiene para decir es incómodo, pero también urgente.

En los últimos seis meses, este industrial despidió a 35 personas. Su planta, que llegó a tener cien trabajadores, hoy funciona con 65. Y aún así, reconoce que no alcanza: "Los chicos me dicen que para la venta de hoy necesitamos cuarenta. Yo tendría que despedir 25 más”. Lo frena la conciencia, no el balance. "Lo que estamos haciendo nosotros lo está haciendo el 80% de toda la industria del país", dice, y la frase suena más a diagnóstico que a consuelo.

El triple golpe: importadores, plataformas y contrabando

La historia que cuenta este fabricante tiene tres capas, y cada una pesa sobre la anterior. La primera es la apertura de importaciones. Desde la llegada del gobierno de Javier Milei, el universo de quienes pueden traer mercadería del exterior se multiplicó. "Hoy hay cinco mil importadores que antes no había", describe. "Ahora cualquiera agarra un avión para China con veinte mil dólares e importa”. El resultado directo es una presión de precios que una empresa con estructura —con sindicato, con cargas sociales, con planta propia— difícilmente puede absorber.

BANCOR: ordenan al Banco de Córdoba abstenerse de debitar más del 20% de los haberes de empleada provincial

La segunda capa son las plataformas de comercio electrónico globales. "Después vienen Temu, Shein y AliExpress, y te llegan a tu casa sin pagar un peso de impuesto ni de arancel", dispara. El contrabando hormiga digitalizado, como lo llaman algunos economistas, opera en una zona gris que el Estado argentino no ha terminado de regular. Mientras tanto, los fabricantes locales siguen tributando en pesos, pagando salarios en pesos y cumpliendo con una normativa laboral que sus competidores informales desconocen por completo.

Pero es la tercera capa la que más lo indigna: el contrabando físico, el que entra por la frontera norte del país de manera masiva y cotidiana. "Todos los días pasan no sé, trescientos, cuatrocientos, quinientos micros que van de todo el país a la frontera. Cruzan al lado boliviano, compran mercadería china, los pasadores se la pasan, la cargan en los bondis, en los camiones, vienen, los paran una o dos veces en Gendarmería..." La descripción se interrumpe sola, como si el propio absurdo de la situación la volviera innecesaria. "Y llegan", concluye.

Este fenómeno, aclara, no es nuevo. El contrabando hormiga existía antes. Lo que cambió es la escala. "Yo creo que hay cinco veces más contrabando que el que había con los K, que ya había mucho", asegura. Y suma otro factor que pocos mencionan: el dólar oficial barato, que hace que el viaje a la frontera sea económicamente rentable para miles de personas. "Con un dólar a mil cuatrocientos, ir a comprar a Bolivia es tentador. Si el dólar estuviera en cuatro mil, ya no sería tan barato".

06-06-2026indu2

El centro de Córdoba como espejo de la crisis

El industrial tiene locales propios en el microcentro cordobés, y lo que narra sobre la peatonal es casi una crónica de declive en tiempo real. "La peatonal hoy estás viendo que se cierra un local y a la semana se alquila. ¿Quiénes son los que alquilan? Peruanos, bolivianos y chinos. No hay ningún cordobés comerciante que alquile", describe.

Los alquileres, que antes operaban en determinado rango, se están renegociando a la baja de manera sistemática. Sus propios inquilinos llaman cada dos meses para pedir rebajas del veinte, treinta o cuarenta por ciento, bajo amenaza de irse. "Cuando uno que paga seis me quiere pagar tres, le digo: andate. Y se lo alquilo a un peruano por siete". La ironía es que ese nuevo inquilino, en muchos casos, trabaja con mercadería ingresada de manera irregular, lo que retroalimenta el mismo problema que expulsa a los comerciantes locales.

"El centro se volvió una cueva para los importadores truchos", sentencia. Y aunque la frase suena dura, no la dice con desprecio hacia las personas sino con frustración hacia un sistema que, a su entender, mira para otro lado. "¿Por qué dejan que entre ese contrabando? La verdad que no lo sé", admite, dejando la pregunta suspendida en el aire.

Los números que respaldan el relato

Lo que este fabricante describe en primera persona encuentra correlato directo en la última encuesta de la Unión Industrial Argentina. El Monitor de Desempeño Industrial (MDI), que anticipa la evolución de la actividad fabril, se ubicó en 43,5 puntos en abril de 2026, por debajo del umbral de expansión que se sitúa en 50. Si bien mejoró 7 puntos porcentuales respecto al promedio del primer trimestre —en parte por la baja base de comparación de enero, mes afectado por paradas de planta y vacaciones—, en términos interanuales la situación empeoró: el MDI cayó 2,2 puntos frente a abril de 2025.

El asado se mantuvo estable en Córdoba: cuánto costó reunir a 10 personas en mayo

El informe de la UIA, elaborado por el Centro de Estudios de la entidad sobre la base de 748 empresas encuestadas, muestra que el 38% de las firmas registró caídas en su producción en abril. El 45,5% informó caídas en ventas internas. Y lo que más preocupa: el 22,4% redujo su dotación de personal, tercer valor más alto de toda la serie histórica. Entre quienes ya ajustaron empleo, el 35,1% también redujo turnos de trabajo y el 21,3% adelantó vacaciones.

La dificultad para competir con productos importados, que el fabricante cordobés describe de manera tan visceral, figura ya como la tercera preocupación más mencionada por los industriales argentinos, con el 15,6% de las menciones. Aunque bajó levemente respecto a enero, su nivel es significativamente mayor al de octubre de 2024, cuando prácticamente no aparecía en los radares empresariales. La apertura importadora, en pocas palabras, se instaló como un problema estructural en muy poco tiempo.

El principal desafío sigue siendo la caída de la demanda interna, mencionada por casi la mitad de las empresas encuestadas. Le sigue el aumento de costos, impulsado fundamentalmente por los costos laborales y los insumos nacionales. Ambos problemas se retroalimentan: cuando la demanda cae y los costos no acompañan, el margen de maniobra se estrecha hasta que el ajuste de personal se vuelve inevitable.

"¿Esa gente adónde va a trabajar?"

La pregunta que más pesa en el relato de este industrial no es la económica sino la social. Cuando repasa los 35 despidos que ya realizó y los 25 que todavía considera necesarios, no lo hace con frialdad. "Lo que estamos haciendo lo está haciendo la mayoría de los fabricantes nacionales. Y yo me pregunto: esa gente, ¿adónde va a ir a trabajar?"

La pregunta no tiene respuesta fácil. La encuesta de la UIA refleja que el 24% de las empresas prevé reducir su dotación en el próximo año, mientras que solo el 20% espera incorporar personal. Las expectativas generales muestran cierta moderación: el 46,2% de las firmas anticipa una mejora en su propia situación para los próximos doce meses, pero ese porcentaje cayó respecto al relevamiento anterior. Y a nivel país, el optimismo también se retrajo: mientras que en 2025 el 64,3% de los empresarios esperaba que 2026 fuera mejor, solo el 17,8% dice estar efectivamente mejor hoy.