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CICLO LECTIVO 2026

Vuelta al cole 2026: consejos para reducir la ansiedad de los chicos el primer día

El inicio del ciclo lectivo trae emociones encontradas para toda la familia. Especialistas en neuroeducación advierten sobre el impacto del estrés en los niños y proponen estrategias concretas para que la vuelta al cole sea una experiencia positiva, desde el jardín hasta la secundaria.

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La clases retomarán con el inicio de marzo. | Foto ilustrativa.

El timbre suena, los chicos se forman frente a la bandera y los padres miran desde lejos con una mezcla de orgullo y nostalgia. El primer día de clases llegó, y con él, una catarata de emociones que los adultos muchas veces subestiman. Para los niños, la vuelta a la escuela no es simplemente "un paso más": los horarios cambian, la flexibilidad del verano desaparece, el tiempo de juego se acorta y las responsabilidades comienzan.

El desafío, entonces, no arranca en la puerta del colegio. Arranca días antes, en casa, con pequeños gestos que marcan la diferencia.

Una de las primeras recomendaciones tiene que ver con los tiempos. Los cambios bruscos generan estrés tanto en niños como en adultos, de modo que introducir las rutinas de forma gradual antes del inicio formal del ciclo lectivo permite una adaptación más suave. Horarios de sueño, momentos de comida, espacios para el estudio: todo suma cuando se instala de a poco.

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También hay un enemigo silencioso que conviene tener en cuenta: las pantallas. Conectar a los chicos a dispositivos antes de ir al jardín o a la escuela tiene un efecto concreto sobre su sistema nervioso. "Está comprobado que generan ansiedad y altos niveles de estrés que son difíciles de procesar para ellos", advierte Mariana Savid, psicopedagoga especializada en neuroeducación. Ese estado de sobreestimulación puede transformar una mañana tranquila en un caos innecesario.

La actitud de los padres también pesa más de lo que parece. Los niños leen el clima emocional del hogar antes de leer cualquier libro. Mostrarse entusiasmados, contar anécdotas divertidas de la propia historia escolar y hablar del colegio como un lugar de aventuras y nuevos amigos construye un marco simbólico positivo. "Podrían plantearlo con sus vínculos más cercanos como un acontecimiento importante, poniendo palabras positivas, que el niño escuche de todo esto como algo realmente bueno", señala el material especializado en la materia.

Los más chicos: entre el asombro y la angustia

Para los que dan sus primeros pasos en el jardín de infantes, la experiencia puede sentirse como un salto al vacío. Pasan del hogar seguro -ese espacio conocido, predecible- a un mundo nuevo poblado de caras desconocidas. El miedo a la separación de los padres es uno de los más frecuentes a esa edad, y suele manifestarse días antes: los niños se ponen nerviosos, irritables, sensibles.

Preparar el terreno implica hablar con ellos sobre lo que van a encontrar: las actividades que harán, los amigos que podrán hacer, los juegos que los esperan. La honestidad también tiene un lugar: decirles que la adaptación llevará tiempo, que al principio puede ser difícil, pero que estarán acompañados. Esa transparencia, lejos de asustarlos, los tranquiliza.

Hay, además, un detalle práctico que puede marcar la diferencia: practicar en casa habilidades de autonomía. Que el niño sepa ponerse y sacarse el abrigo solo, ir al baño sin ayuda, reconocer sus útiles por su nombre. Son pequeños logros que, en el aula, se convierten en fuentes de seguridad y orgullo.

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Para el momento de la despedida, una recomendación clara: evitar las largas escenas en la puerta. Un saludo especial -un choque de puños, un abrazo con ritual- y soltar. Son las docentes quienes tomarán la posta desde ese momento para sostener la adaptación.

Nina tiene seis años y está por arrancar el primer grado. "No van a estar mis amigos, ni mi señorita, y además no me gusta aprender a leer", dice con una franqueza que desarma. Su humor cambió al ritmo en que se preparaban las cosas para la escuela primaria. Ansiedad, sensibilidad e irritabilidad son sus marcas por estos días. Un retrato que reconocerán muchos padres.

Secundaria: más autonomía, mismo acompañamiento

En el otro extremo del sistema educativo, los adolescentes también necesitan sostén, aunque de otra naturaleza. El acompañamiento en la secundaria tiene menos que ver con el consuelo emocional y más con la organización y el diálogo.

Ayudarles a armar horarios de estudio con pausas, fomentar el uso de una agenda para no perder fechas de exámenes, preparar un espacio en casa con buena luz y sin distracciones: son hábitos que, una vez instalados, rinden durante todo el año. También conviene explorar con ellos distintas formas de estudiar -resúmenes con gráficos, audios, explicar en voz alta lo que se comprendió- porque no todos aprenden igual.

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El vínculo con la escuela también forma parte de la ecuación. Interiorizarse desde el primer día sobre los espacios de participación institucional, estar al tanto de las novedades del aula y sostener conversaciones abiertas sobre el uso de las redes sociales son gestos que fortalecen la relación entre la familia y la institución educativa.

El inicio del ciclo lectivo es, en definitiva, una oportunidad. No solo para aprender contenidos, sino para dar pasos hacia la autonomía, construir lazos nuevos y descubrir que el mundo -ese que existe más allá de la puerta de casa- tiene mucho para ofrecer. Tomarlos de la mano en este camino, y saber soltarlos en el momento justo, es el arte más difícil y más necesario de la crianza.