El mar, el río, están presentes desde que el hombre empezó a contar historias. Odiseas y sudestadas surcan travesías de la literatura del líquido vital que se hizo símbolo y enigma. “El mar que ve la gente es solo la tapa del cofre, Carlos. Pero ¿quién se queda con un cofre para mirarle la tapa nomás? El tesoro está adentro: vos podés descubrirlo. Está ahí nomás, y es infinito”, en el cuento que emerge de la selección de Ricardo Mihura en Cuentos de amar y mar, en el relato breve que va más a la profundidad a la manera de otro navegante, Hugo Foguet, y que se hunde a mirar por primera vez para trasvasar el paisaje del hombre.
La historia de Carlos, varado en el barro del Río de la Plata, encallado en sus pensamientos que se aferraban a un ombú inconfesable, marca el canal justo de esta serie dispar de diez cuentos cuyo mayor atractivo sea quizá conocer las peculiaridades hidrográficas y meteorológicas de nuestro mar dulce y la jerga náutica, como en el cuento de apertura, ¡No, hermano, esto es una escota!, en el juego semántico del nudo marinero y el pago de una inconfesada deuda durante la salida romántica que falla estrepitosamente.
De profesión abogado, Mihura comenzó a despuntar el vicio en los ya míticos talleres de Marcelo Di Marco, novelista y poeta, que sostiene que “el mejor coordinador de taller es aquel que le revela al autor lo que el escrito tiene para decirle”. En este caso del ganador del premio B-Arte en 2022 –certamen internacional que fusiona creatividad y tecnología para la difusión de bitcoins– por el cuento bitcoiner Vida de Raúl, con textos que surcan evasiones impositivas y desplantes amorosos cotizados en dólares de la clase alta argentina, el barro devuelve el trauma del dinero nacional.
Entonado en los cantos del Martín Fierro y en las noches fascistas de Roberto Arlt, viviendo afuera en el cruce de milenios de Fogwill, el viejo chiste de la literatura argentina, el billete, es el espectro que anuda los cuentos del abogado escritor. Tanto el mar como el dinero comparten, ya lo sabían Simmel y Kurnitzky, la metáfora del vacío. Y del cuerpo femenino como deseo prohibido e indomable.
Las mujeres que cruzan páginas, condensadas en Calypso, se representan materias de intercambio del barco que se quedará sin corazón. “Me arrepentí de haberle gritado, cosa que eso nunca había hecho. Al menos con ella. Pero me había hecho calentar. Y eso que hacía años que yo no me enojaba. Cuándo había sido la última vez que le levanté la mano a alguien ahí. A alguna, bah”, en otros de los cuentos de Mihura, Vientos del sur, que remata con un “descartala”.
“El miedo a la pobreza como ridiculez se transforma en desvergüenza y después en crueldad”, desmigajaba el gen argento Ezequiel Martínez Estrada en el pánico a los bolsillos vacíos. En ese mar marrón, lástima no verde, sin salvavidas ni swap, inflan velas estas letras vomitadas de Ricardo Mihura.
Cuentos de amar y mar
Autor: Ricardo Mihura
Género: cuentos
Editorial: Del Pulpo Negro, $ 28.500