Una carta robada en el corazón del bosque: el libro es la segunda vida de los árboles. Leemos y nos contamos historias en objetos que no son otra cosa más que la metamorfosis de una presencia milenaria. La confirmación de un hecho que de tan natural se vuelve casi inadvertido recorre las páginas de Memoria de la madera.
Y si hay un centro gravitacional en Memoria de la madera, ese centro es el efecto del paso del tiempo y la forma en que lo percibimos y nos afecta. Juan Pablo Bertazza realizó una apuesta, y a riesgo de caer en un registro fronterizo con la fábula le otorgó la voz narradora a un alerce y construyó una novela de capas superpuestas y tonos sombríos, un universo de latido doméstico y de lazos generacionales que pueden leerse como esos anillos concéntricos que se forman cada año, también llamados círculos de crecimiento, con los que, de acuerdo a la intensidad de su tonalidad, la dendrocronología calcula la edad de los árboles.
En un primer plano, la historia transcurre en Zahorany, un pueblo del distrito de Praga-Oeste en la región de Bohemia Central en República Checa, y se enfoca en Jakub y en la relación con su abuelo, quien lo hace depositario de su secreto más querido. Un adolescente que busca encontrar y dar sentido a su vida, que siente el paso del tiempo como una amenaza de inmovilidad y que encuentra la posibilidad de vivir otras vidas en el aprendizaje de otras lenguas; que ve en la figura de ese abuelo, con quien comparte el nombre, un modelo posible a seguir, contrariamente a la desdibujada de su padre, a quien considera lisa y llanamente un inútil y que funciona narrativamente como un espejo invertido de esa presencia totémica que representa la legalidad y brinda la seguridad económica a una familia de modales inequívocamente disfuncionales.
Sobre ese fondo primario donde todavía pesa la sombra amenazante de la pandemia y sus concecuencias, ahora transfigurada en una plaga de insectos que amenaza a los árboles y a bosques enteros de la región, en un plano algo más subterráneo, el autor delinea un relato que supone también una reflexión sobre el amor como forma de complicidad y fuerza motora (la frase “el amor como condición de posibilidad” se repite como un mantra en toda la novela) y sobre la relación de las sociedad con la naturaleza, su entorno y su memoria; en ese contexto, Bertazza hace caso omiso de la retórica de la metáfora y del didactismo escolar del manifiesto ecológico.
Llegando a las páginas finales de la novela, Jakub recuerda y analiza un cuadro a través de retazos que le acerca la memoria: Árbol a finales de otoño, de Egon Schiele. El reflejo inmediato que provoca la descripción de esa proyección logra que inmediatamente se detenga la lectura y se busque la imagen de la obra de Schiele para poder contemplarla bajo la mirada y la guía del joven Jakub. Tal vez a esa misión última y evangelizadora deba aspirar la segunda vida de los árboles.
Memoria de la madera
Autor: Juan Pablo Bertazza
Género: novela
Otras obras del autor: Síndrome de Praga; Alto en el cielo; La revolución de terciopelo; Himnos al sol en la oscuridad: un viaje al Gales de Dylan Thomas; Los que no hablan; Calle Lavalle; La furtiva dinamita; Japón
Editorial: Alfaguara, $ 28.000