Leer a Jobson es tener siempre presente una frase de Leónidas Lamborghini: el humor no es un chiste, es una forma extrema de seriedad. En El fideo más largo del mundo la tragedia está presente como un modo de desarmar el discurso solemne y, al mismo tiempo, tomárselo más en serio que nadie.
Pero Jobson no es solo humor. Hay también una búsqueda de lenguaje: la recuperación de un registro oral muy preciso, un oído pegado a la forma en que se habla. Esa mezcla de miseria, tragedia y habla porteña –con lunfardo, con el habla alvesrre (al revés) y con giros de la calle– arma de inmediato un clima reconocible, que potencia el disfrute del lector.
Ahí se va armando un universo: turf, oficinas de seguros, quinielas, pensiones, mostradores, ventanillas de pago, mesas de café donde se comentan los resultados y se fantasea con el próximo golpe de suerte. Toda una fauna de empleaditos, burreros, corredores de apuestas y tipos que viven esperando una cifra salvadora, un resultado, una jugada que los saque del pozo: dar el batacazo. La burocracia y la derrota social se vuelven materia cómica: aparecen esos “chistes escatológicos” de oficina –“estornudar sellados de ley, eructar saldos, evacuar cocientes de primas intransferibles”– y la sensación de que detrás de cada exageración se adivina una pena seria, casi metafísica.
El relato que da título al libro condensa todo este mundo: una pensión barata vuelta escenario de obsesión y de experimento casi científico. El fideo interminable funciona como enigma y como broma visual, pero también como cifra de una vida que no termina de cortarse ni de resolverse. La dueña se vuelve “Hada Conductora de Niños Azorados”, la sopa es un despliegue de municiones y el comedor, un teatro mínimo donde cada cucharada es un cálculo. Jobson narra esa pobreza extrema con una sintaxis llena de desvíos, comparaciones disparatadas y adjetivos inesperados: el humor, lejos de aligerar la escena, la vuelve más intensa, más física y memorable.
Jobson fue una de las figuras claves de El Escarabajo de Oro junto con Abelardo Castillo, Liliana Heker, Isidoro Blaisten y otros, y se nota: sus cuentos llevan la marca de una generación que volvió laboratorio literario la experiencia urbana, el humor y la tristeza compartiendo la misma frase.
A los relatos del volumen original publicado por el CEAL en 1972 se suman otros textos rescatados de El Escarabajo de Oro, El Ornitorrinco, El Molino de Pimienta y La Gallina Degollada, revistas de los años 60 y 70 para las que Bernardo Jobson escribía. Esta edición incluye además tres comentarios elogiosos de Liliana Heker, Vicente Battista e Isidoro Blaisten, y una entrevista a Jobson que lo pone en contexto y devuelve al primer plano a un escritor reconocido por sus colegas de la época y que, por suerte, la editorial Hugo Benjamín decidió recuperar en esta cuidada reedición.
El fideo más largo del mundo y otros relatos
Autor: Bernardo Jobson
Género: cuentos
Editorial: Hugo Benjamín, $ 28.500