CULTURA
"UNA HISTORIA EN BICICLETA", LA PRIMERA NOVELA DE RON MCLARTY

Esto no es el paraíso

Narrada en capítulos que alternan entre lo que sucede en la carretera y los episodios de su pasado, esta novela fue editada en 2004 y llegó con la recomendación de Stephen King, lo que la convirtió en un éxito de ventas.

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PROMISORIO. McLarty, actor de televisin, y un debut literario auspicioso. | Cedoc
Pedaleando, pedaleando, se llega a alguna parte. Esa parece ser la máxima que recorre esta road novel, el debut literario del estadounidense Ron McLarty (hasta el momento conocido por su trabajo como actor en la serie La ley y el orden). Su protagonista, Smithy Ide, es el prototipo del perdedor americano: tiene 43 años, pesa 126 kilos y trabaja en la cadena de montaje de una fábrica de muñecos. Como recién salido de La clase obrera va al paraíso, con la aparente apatía del personaje de American Splendor, un día decide agarrar su bicicleta y, desde entonces, no para. Sus padres acaban de morir en un accidente de tránsito y, al regresar del entierro, una carta le informa que su única hermana –desparecida hace años– fue encontrada muerta en California. Es allí cuando resuelve emprender el viaje.

Sin nada que lo retenga a su rutina alienante, Ide se sube a una vieja bicicleta y comienza a recorrer las rutas de los Estados Unidos, desde Rhode Island hasta la costa Oeste. La empresa no parece poca cosa, pero él la enfrenta con la misma despreocupación con la que apura un vaso de cerveza: “Descubrí que los planes simplemente ocurren. Para ser alguien que nunca había tenido un plan me asombró ver lo sencillo que era hacerlos y la frecuencia con la que los planes se hacen a sí mismos”. Hasta entonces, su vida se reducía a andar de bares, solo y borracho, matar las horas que se acumulan como en un reloj de arena taponado. Hay algo que lo emparenta con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios: su visión escéptica de la vida, la ausencia de una mujer, la dejadez de un cuerpo entregado al alcohol. Pero, a diferencia del personaje de Kennedy Toole, Ide no es un aprovechador sino un antihéroe entrañable.

Sin proponérselo, a medida que los kilómetros pasan, su cuerpo empieza a perder peso y sus pantalones a ceder. Y aunque el fantasma omnipresente de su hermana lo acompaña en cada pedaleada (ella se fue sin dejar rastros en mitad de un brote psicótico), la carretera le va dando nuevas fuerzas. Sin embargo, el viaje iniciático no resulta del todo afable: los norteamericanos de provincia ya no cosechan con segadera sino con una 38 en el bolsillo. Nada de hospitalidad, ninguna bienvenida. La desconfianza se abre camino a punta de pistola y las situaciones que protagoniza son tan cómicas como temibles: el hijo adolescente de un ex compañero de Vietnam intenta matarlo sólo por haber conocido a su padre; un policía lo apalea hasta dejarlo inconsciente cuando intenta ayudar a un enfermo de sida que –en su apuro por llegar al hospital– lo atropella con su camioneta; y hasta recibe un tiro que le pasa “raspando”, tras salvar del congelamiento a un niño perdido en una tormenta (los policías le disparan antes de que pueda explicar qué hacía con el chico).

Narrada en capítulos cortos que alternan entre lo que sucede en la carretera y distintos episodios de su pasado, Una historia en bicicleta (The Memory of Running, en su título original) fue editada en EE.UU. en 2004 y llegó con el “auspicio” del mediático Stephen King, que declaró que se trataba de “la mejor novela del año”. Eso bastó para que se convirtiera en un éxito de ventas traducido a decenas de idiomas, aunque su primera aparición fue en CD como “audiolibro”, ya que ninguna editorial se decidía a publicarla.

Finalmente, el entusiasmo de King le dio revancha, en ese raro mecanismo del mercado editorial donde la palabra de un autor consagrado vende más que cualquier otra estrategia de promoción (y de talento). Esta vez, el reconocimiento es merecido. McLarty es un excelente narrador que con modestas pretensiones –y bastante determinación- logró una obra fresca y llena de ternura, que a su vez denuncia las hipocresías del supuesto paraíso del self made man. Al avanzar por los EE.UU., Smithy reflexiona: “No es un buen lugar para deprimirse ni para estar solo y, por supuesto, no para estar asustado. Hay algo en mi país que no te deja estar nunca realmente cómodo, verdaderamente a gusto”.

Con un estilo directo de frases llanas y efectivas, McLarty construye un universo literario a la medida de su protagonista, un aggiornado Forrest Gump que debe ir reuniendo fragmentos, como recién salido de un edificio en demolición.

Entre la tragedia clásica y la comedia de enredos, la novela ya fue vendida para ser adaptada al cine por el director mexicano Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Harry Potter III) y un tema ideal para su banda de sonido sería el estribillo de Mc Cartney: “Chico, vas a cargar ese peso un largo tiempo”. Porque, aunque el viaje haya sido redentor, aún queda mucho por pedalear.