domingo 02 de octubre de 2022
CULTURA Editoriales Universitarias argentinas

Futuro presente

Son más de setenta en el país y comparten el objetivo primario de democratizar conocimientos. En los últimos años, y gracias a un proceso sostenido de profesionalización, visibilización e internacionalización, consiguieron ampliar mercados y desembarcar en las ferias más importantes del mundo. Un fenómeno creciente analizado por sus hacedores.

04-09-2022 03:20

Durante ocho años el pueblo argentino se sintió orgulloso de sus escritores, de sus artistas, de sus pensadores, del prestigio de una empresa que con un capital pequeño en relación con su obra, sin subsidios, sin grandes alharacas, representaba como ninguna en el exterior a su propia Patria”, reseñaba Boris Spivacow en agosto de 1966, con el ruido a bastones que demolía la exitosa Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba). Diez millones de libros en la calle en menos de tres mil días. Fue uno de los raros momentos en que sincronizaron el saber universitario, la industria editorial y el lector. Esta senda virtuosa en el reciente milenio la retomaron las históricas y las más nuevas, públicas y privadas, y transformaron a las editoriales universitarias (EU) en un fenómeno que cada vez concita más el interés de los lectores, autores y editores. Y no solo estudiantes. Medio millón de descargas se acumularon algunas en plena pandemia, como el caso de Ediciones de la Universidad del Litoral (EUdL), o la reciente selección de una novela de Libros de Unahur (Universidad de Hurlingham), para competir en la tercera edición de los premios Fundación Medifé Filba. Apenas puntas de un auspicioso panorama creativo que aglutina setenta editoriales universitarias distribuidas federalmente de norte a sur. 

Desde la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba (EUNC) a la Universidad Austral Ediciones (UAE), las universitarias comparten el mismo objetivo primario de “compartir y democratizar el conocimiento” en sus estudiantes y docentes, y apuntar al público en general, “fomentando la lectura y apoyando a los autores propios o regionales”. Vistas por sus hacedores como “bastiones de resistencia” frente a la uniformidad del mercado, que solo publica “lo que vende”, orgullosas de poner en circulación “libros que no hubiesen existido”, mandan a rotativas y plataformas, en nuevos tipos físicos y virtuales, la ilusión de Boris, aquel del eslogan histórico de Eudeba: “Libros para ser libres”.

De los títulos publicados en 2020, según la Cámara del Libro, un 5% se reparten las editoriales universitarias públicas y privadas: 1.295 novedades nada despreciables frente a las 9.726 del holding editorial, que posee la parte del león de un cascoteado mercado. Con tiradas que promedian los 300 ejemplares, y situaciones particulares como la histórica Eudeba o las flamantes que ranquean entre las más vendidas, ciertos Libros de Unahur pueden alcanzar los mil, no representa, insistimos, una participación menor, dentro de un mercado que viene cayendo en picada desde 2016. El balance arroja que se evaporó casi un 50% de títulos en los primeros tres años de la presidencia de Macri, con un leve repunte en la era pandémica. 

Un poco de historia en eso de construir lectores. “El objetivo de la editorial tiene que ver con dos caras de la misma moneda: por un lado comunicar el conocimiento, hacerlo accesible, a través de diferentes colecciones y, por el otro, crear lectores/as, amplificar lecturas, llegar a quienes les interesen nuestros libros o interesarlos en ellos. El círculo se cierra cuando el libro llega a ese lector que lo estaba esperando”, sostiene Ivana Tosti, editora de EUdL, una de las fuentes consultadas. A cargo de un fondo extenso y un pasado brillante, pioneros en redescubrir desde 1980 autores regionales como Estela Figueroa y Juan Manuel Inchauspe, en la actualidad sumaron proyectos de alto impacto social: Vera Cartonera, una editorial universitaria alternativa y cartonera, y un avanzado programa de lectura, que acompaña la política editorial, orientada a los estudiantes y también a quienes no lo son. 

Interesa retroceder para ver cómo se fundan las editoriales universitarias, porque ello explica algunos de los prejuicios que persisten, “encajonadas en el ‘republicadoras de apuntes’”, cita Silvana Daszuk, jefa editorial de Unahur. Porque cuando aparece Eudeba, en1958, el paisaje libresco era tal que el inmenso conocimiento y talento que producían los académicos y literarios en las aulas acababa en sellos comerciales, quienes garantizaban mejores condiciones de contrato, calidad de edición y distribución superadora de la inercia universitaria. Y si bien ese prejuicio no cambió radicalmente, el ejemplo exitoso de la editorial porteña hace sesenta años sirvió de aliciente para pensar que era viable, y rentable, un modelo editorial amparado en la Academia. 

“Hay una continuidad en el proyecto de Eudeba original como una herramienta de extensión a la comunidad”, sostiene el presidente de Eudeba, Gonzalo Álvarez, “el corazón es editar el material necesario para las cátedras como cualquier editorial universitaria. Pero a partir de los 60 tuvo una clara política de divulgar, especialmente en niños y adolescentes, editar material para y de los docentes universitarios, y poner en valor el canon literario argentino. La idea fue construir el público lector a un precio accesible. En ese sentido nosotros reeditamos la colección mítica de Los Cuentos del Chiribitil (1977-1979), a los que sumanos nuevos títulos desde 2015, y que está en el top ten de la editorial”, remarcó señalando la característica diferencial de la sociedad de economía mixta que es Eudeba. Única en el mundo editorial universitario argentino, y que en varios cierres de los 2000 dio números que le permitieron autofinanciarse. “O sea que acá el editor tiene las mismas posibilidades de un editor del campo comercial, con la salvedad de que no tiene finalidad de lucro. Así se salvan algunas de las complicaciones que tienen los colegas editores universitarios. Y eso es porque estas editoriales entran en las lógicas burocráticas estatales, que impiden la necesaria agilidad editorial de firmar un derecho de autor, crear la cuenta corriente a un librero, consignar libros, facturas y más”, grafica quien dirige un sello que antes de 2015 bordeaba los 70 mil ejemplares vendidos al año, con una media anual –que se mantiene– de cien títulos nuevos y cincuenta reediciones. Aproximadamente el 15% de las publicaciones universitarias de Argentina son de Eudeba, seguido por un 8% de la Universidad Nacional de Rosario –entre 2014 y 2019 de acuerdo con Alejandro Dujovne, investigador IDES-Conicet, Idaes-Unsam. 

La red que multiplicó los libros. Para explicar el cambio en el sector es indispensable mencionar la acción positiva de la Red de Editoriales Universitarias Nacionales (REUN) desde 2003, que sin dudas apalancó la fiebre bibliófila académica, que supera las cincuenta editoriales en el país. Hace veinte años apenas arañaban las treinta. Si sumamos a la Red de Editoriales de Universidades Privadas, que ronda las veinte, tendremos una clara consecuencia de la oleada de universidades, en particular nacionales, creadas en el mismo período. “Es importante destacar el trabajo de la Red de Editoriales Universitarias y de la Librería Universitaria Argentina –que funciona de manera física en Ecuador 871, CABA, con su correlato online– en pos de esta bibliodiversidad y equilibrio. Son dos herramientas que nos fortalecen, el trabajo compartido con colegas de todas las editoriales universitarias, la formación, la capacitación permanente y el espacio compartido de la librería, virtual y presencial, que trabaja para que nuestros libros lleguen a quienes quieran leerlos”, destaca Tosti. Marcelo Bernal, director de la EUNC, por su parte, aporta y adelanta: “Nuestra experiencia colaborativa con el universo de las editoriales universitarias –públicas y privadas– ha sido muy buena. Hemos coeditado libros con más de veinte editoriales del país y extranjeras, tanto universitarias como comerciales. Ahora estamos trabajando en una agenda conjunta con las editoriales universitarias con sede en la provincia de Córdoba, con el objetivo de unir fuerzas, y con ideas ambiciosas como una Feria del Libro Universitario provincial, con proyección regional y nacional”. 

Profesionalización, visibilización e internacionalización han sido ejes de la REUN y se traducen en la inédita llegada de libros universitarios argentinos a las grandes ferias de Guadalajara y Frankfurt. Y una estrategia a la larga efectiva, que empezó en la Feria del Libro de Buenos Aires de 2005, ha sido desmontar la representación del libro universitario desde la pesadez institucional y repensarlo en sus atractivos de libro. A secas. 

La selección del material que integrarán los fondo de las EU, aspecto esencial para mantener un catálogo actualizado, en general se realiza de manera interna, en cada universidad. Son los mismos editores que buscan a los autores dentro o fuera del ámbito, luego con validación de consejos académicos, aunque algunas universidades recurren a asesores externos, que conocen el “mundo del libro”. En este sentido, es distintiva la manera de selección en Córdoba, “desde 2017, la editorial diseñó y puso en marcha un sistema de convocatorias abiertas a publicaciones para seleccionar los títulos de su catálogo. También con ese propósito, se realizaron anualmente talleres de conversión de tesis a libro y se trabajó activamente junto a autores, coordinadores de publicaciones e investigadores interesados en publicar sus libros. Hasta la fecha, se han realizado siete convocatorias en las que se recibieron 306 propuestas, de las cuales 84 resultaron seleccionadas y ya son libros o están en proceso de edición”, cierra Bernal, que dirige un sello que cumple quince años a partir de la refundación, en 2007. 

Otra alternativa es la que abrió una de las más nuevas, Libros de Unahur. Apenas contaba con dos títulos editados antes de la pandemia y ahora suma trece, con cuatro en las gateras. Daszuk señala: “Atendemos áreas nuevas de la industria a fin de publicar, en sintonía con los lineamientos de la Universidad de Hurlingham. Asimismo nuevos enfoques en las carreras establecidas, en que por ejemplo nuestro instituto de salud antepone el concepto de comunitario. Nuestras publicaciones tienen que aportar al desarrollo de la región, con autores que piensen desde sus experiencias y enseñando en estos barrios. Pensamos la editorial colaborando en la construcción de conocimiento propio y situado. Uno de nuestros libros, en descarga gratuita, analiza el impacto de la AUH –Asignación Universal por Hijo– en la educación de las y los alumnos de escuela media. Son proyectos que focalizan problemas del territorio”, destaca la editora. 

Por otra parte, Daszuk destaca la importancia de la participación del libro de Ezequiel Pérez Hay que llegar a las casas (2021. Libros de Unahur) en los premios Medifé Filba 2022. “Nos toma con alegría enorme porque él es un autor novel que no tenía publicaciones. Vino a través del editor y escritor Julián López, a cargo la colección Transurbana . Es la primera nominación de una editorial universitaria en estos premios, así que nos pone muy contentos también como editorial de una institución pública. Y ya vamos por la primera reimpresión de la novela de Pérez. Este éxito es una especie de confirmación de que vamos en el buen camino, en difundir la cultura que no se ve”, acota. 

Propuestas millennials de las históricas y las nuevas. “Una editorial universitaria tiene la responsabilidad de innovar en el campo editorial”, señala Álvarez, de lleno en el terreno resbaladizo de la EU, la distribución y las nuevas maneras de llegar a los lectores. “Al igual que se innova en el campo del conocimiento, las editoriales tienen la misma responsabilidad. Eudeba arrancó el proyecto de edición digital en 2011, cuando no existía ningún universo de libros digitales, tampoco comercial. Era otra manera de cumplir los objetivos de siempre, llegar a un público más vasto, y a un precio accesible. Y luego vino Boris, la librería digital de Eudeba. ¿Y era rentable o atractivo en 2015? Para nada. Las grandes editoriales estaban renuentes a desarrollar el libro digital. Es más, tenían mucho temor por la cuestión de los derechos y la jibarización de los textos. Pero se nos vino la pandemia y Eudeba contaba ya con el sitio web, el e-commerce y el e-book. Varios títulos además nativos digitales. Estábamos más avanzados con respecto a cualquier editorial nacional, y gracias a ello pudimos tener récord de ventas en digital. Y no solamente de libros académicos. Nosotros llegamos a tener de abril de 2020 a diciembre de 2021 un aumento de mil por ciento en virtual; además ayudado con poner el costo de esos libros al precio de un café. Compitiendo con la edición .pdf y garantizando la calidad, en plena colaboración con las cátedras y los bolsillos de los alumnos”. Y sentencia que, si bien el reinicio de las clases presenciales deprimió nuevamente el libro digital, el e-commerce llegó para quedarse. “Disparada la venta por nuestro sitio web y Mercado Libre, no solamente mantuvimos, sino que no paramos de crecer. Hoy por hoy el principal punto de venta de Eudeba es el e-commerce, que nosostros ofrecemos con entrega las 24 horas, y gratis, a cualquier punto de CABA”; detalla Álvarez que de enero a mayo de este año vendieron 4 mil ejemplares por esta vía. Idéntica cifra que vendieron en todo 2021 por librerías y distribuidoras. 

“El sistema actual y tradicional de publicación y distribución es obsoleto”, dispara Juan González del Solar, coordinador editorial de la flamante UAE, y arremete: “Esto de tirar mil libros para ver qué pasa, guardarlos y saldarlos, es una tontería. Ni hablar de la logística que implica si imprimí mil, vendí 300, y después tengo que stockear 700. No tiene sentido. ¿Cuál es el costo del sistema on demand que lanza la Universidad Austral en estos días? Diseño, corrección y subida a la web. Nada más. Cuando yo entro, en cambio, en el costo de impresión, estoy perdido. Más si sumo la distribución. Ni hablar del impacto ambiental que tiene sacar mil libros; y camiones paseando por el país con ellos”, adelanta el nuevo proyecto editorial que parte de una universidad privada, aunque compartiendo la manera de financiamiento mixta de las demás, o sea con una pata en el presupuesto universitario y la otra en los recursos que pueda obtener del mercado. O autores, en el caso de Austral. 

“Los libros de la UAE estarán disponibles para una lectura en línea que permita que su contenido se nutra de sus lectores, quienes podrán comentar los textos, intercambiar conocimientos, ampliar contenidos. Esto no lo vimos en ninguna otra editorial universitaria del mundo, la chance de la cocreación. Comunicación, empatía y enfermería. Aprendizajes a partir de un cambio de mirada, El discurso de la cultura: caracterizaciones y metáforas. El patrimonio en el caso del Teatro Colón y Propiedad intelectual en mejoramiento vegetal y biotecnología, salidos de las carreras de Comunicación y Derecho, son los primeros libros disponibles gratis online para los estudiantes de Austral, y con costo para quienes solicitan imprimirlos on demand, o compren el e-pub”. Por su parte, Miguel Rapela, director de UAE, amplía: “Publicar en la UAE abre posibilidades hoy únicas. El efecto de la pandemia fue más que positivo. Es más que probable que sin toda la virtualidad que aplicamos no hubiésemos podido avanzar tan rápido y eficientemente como lo hicimos. Y ahora debemos cambiar la mentalidad desde la oferta. Ya estamos muy cerca del punto en que arriben a los posgrados estudiantes que jamás han leído un libro físico en su vida. Tampoco estamos lejos del punto en que arriben al posgrado estudiantes que han tenido mayor proporción de clases virtuales que de presencia física. Estos son elementos claves para entender los futuros desafíos editoriales”. 

Editoriales universitarias en el legado de Boris. En cuanto a la distribución, las estrategias apuntan en todos los casos a un mix, puntos de ventas en los campus propios o cercanías, asociaciones imaginativas con otras editoriales del estilo que impuso la Universidad Nacional de Villa María (Eduvim) cuando fundó Tramas y llegó a 200 puntos de venta con trece sellos, y las tradicionales distribuidoras. “Las editoriales universitarias vivimos un híbrido. Por un lado publicamos textos preciosos contra un mercado que va cada vez más a la venta segura. Lo que editamos nosotros sabemos que no será best seller, por contenido, por temas, por el público, pero que es único. Aunque debemos contrarrestar las dificultades de distribuir un contenido que se supone a priori para un público muy limitado. Así que no todos los títulos son apetecibles para los libreros y distribuidores. Eso implica una seria limitación en llegar a más lectores. En nuestro caso, nos hemos posicionado por el suceso de la colección Transurbana”, ponderan en Libros de Unahur. 

Esta estrategia editorial genera distintas miradas al interior de la red universitaria. Oteando la crisis del mundo del libro, en la coyuntura 2021, se obtiene que fueron las instituciones públicas, muchas universitarias, las que jugaron un papel fundamental en detener el tobogán de títulos nuevos. Y, así, las EU empiezan a tentar como nunca a los autores para acudir con los originales. “El editor universitario debe ser cuidadoso de no complicar a otros editores más pequeños, en cada una de las regiones. Allí existe un ecosistema de pequeños editores, independientes, comprometiendo la mayoría su patrimonio personal; y el editor universitario tiene que ser consciente de que administra un subsidio público. Debe tener cuidado de no malograr el ecosistema con esta ventaja. La universidad debería ocuparse de los libros que no consiguen un editor, probadamente, o aquellos que salen de sus talleres literarios”, subraya en instancias en que las más nuevas, una que aún no tiene títulos, sueña la colección de ficción Austral Infinita de UAE.

Consultada, Daszuk opina que “no siento que estemos compitiendo. Me parece que entramos a jugar en la cancha con los demás. Pero no me refiero a una cuestión comercial. En el caso de la novela de Ezequiel Pérez, estoy segura de que a varias de las editoriales pequeñas que conozco, con un catálogo corto, brillante y adecuado a sus lectores, les hubiese encantado publicarla. Lo que ocurre es que luego viene que cualquiera de ellas tiene, antes que pensar en diseñar ese libro, las dificultades de una oficina o una imprenta, para empezar. Y nosotros, pese a que compartimos oficina y tenemos un staff en crecimiento, contamos con la chance en el modo mixto, parte del presupuesto universitario –tampoco abundante– y parte con las ventas generadas. Esta inestable suma ata a cuanto podemos o queremos publicar. De todos modos, nuestro objetivo como universidad es que más personan lean, claro, pero fundamentalmente que más personas estudien”, asevera.

“El contexto macro es complejo para todos”, analiza Álvarez, “la caída de ventas, los costos del papel y la comercialización. Hoy decidís hacer un libro y no sabés qué papel tenés, ni los precios de imprimir. Eso nos iguala con los otros jugadores del mercado. Como también disputar la atención de los lectores y cómo crear productos culturales atractivos, en un mundo cruzado por la tecnología. Es un desafío común para todos los que gestionamos bienes culturales. Y allí no veo molinos de viento en este escenario; por el contrario, veo oportunidades muy estimulantes. Boris Spivacow fue creativo en los 60, cuando decidió sacar los libros en los kioscos, al precio de un kilo de pan. Y tampoco la situación era de previsibilidad, en una década de intensos cambios sociales y políticos. Fue innovador y polémico. Hoy debemos plantearnos cómo encontrar a los lectores en las redes sociales más que en las calles o en los anaqueles. Cómo contrarrestar la gran dispersión de contenidos sin valoración en los medios electrónicos”, matiza en el mismo sillón de Eudeba que ocupó tal vez el mejor editor argentino de todas las épocas. “¿Cómo pudo surgir y desarrollarse lo que para todo el país y para todo el mundo fue un fenómeno cultural sin precedentes? Pudo surgir y pudo desarrollarse porque fue el producto de una universidad nueva, de una universidad sin cuello duro, de una universidad abierta a todos los vientos y puesta al servicio de todo el país. Una universidad que entregaba al pueblo que la sostenía una de las más antiguas y poderosas herramientas: el libro”, afirmaba Spivacow. Sea e-book, sea e-pub, sea on demand, sea papel, las editoriales universitarias dan la misma batalla cultural de Boris. Encontrar a los lectores, en cada esquina, en cada pantalla, con lo mejor del talento nacional.

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