CULTURA
FELIPE NOE

Ideas, pasión, materia

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Hace muy poco leí un reportaje que en 1966 Luis Camnitzer hizo a José Luis Cuevas en la revista Marcha. Cuevas no sólo disputaba la hegemonía del realismo con Siqueiros, al que no le resultaba difícil declarar extemporáneo; disputaba, sobre todo, con los neofigurativos argentinos y, muy especialmente, con Luis Felipe Noé. A todos ellos reclamaba haber sido el primero.

Más que indagar en si esto es cierto, me importa señalar el horizonte figurativo que a comienzos de los años sesenta se había delineado en Latinoamérica. La neofiguración competía por el terreno del realismo. Descartaba el realismo social buscando que los temas penetraran la materia pictórica sin que ésta dejase de ser, ante todo, lenguaje. Noé hizo algo más. Por primera vez, fundió el lenguaje de la vanguardia pictórica con una iconografía excluida del sector de las artes eruditas: el peronismo. Introducción a la esperanza (1963, Museo Nacional de Bellas Artes) lleva al gran formato la manifestación y el cartel. No la manifestación obrera que pintó Antonio Berni, sino la masa, los rostros indiferenciados, deformados, convertidos en manchas repetidas sobre la extensa superficie de la tela.

Pero Noé es mucho más que uno de los paradigmas de los años sesenta. Escribe libros polémicos, enseña, realiza exhibiciones de otros artistas y sostiene, en el tono apasionado de la polémica, que la pintura no es una práctica manual, sino la puesta en escena de conceptos, de ideas. Tal acción, junto a las exhibiciones que cada año realiza de sus nuevas obras, lo destacan entre los artistas argentinos de mayor actualidad e influencia.