“La literatura es siempre, en mayor o menor medida, un registro autobiográfico”, afirma Hebe Uhart en una de las veinte entrevistas incluidas en El arte del detalle. Son diálogos que la escritora mantuvo con distintos periodistas y escritores entre 1987 y 2018.
En las conversaciones de El arte del detalle emerge toda la dimensión poética de Hebe Uhart: desde su admiración por su maestro, el uruguayo Felisberto Hernández, hasta su amor por viajar. Le interesan las voces sencillas que registra día a día en sus cuadernos. Lo atestiguan las crónicas que publica en El País de Montevideo sobre el interior uruguayo. Uhart define su manera de pararse frente al mundo y explica por qué los personajes de sus historias nos dicen poco de cómo piensan y son presentados desde el movimiento. “Es como la vida: yo no sé qué piensa la gente pero sí conozco lo que hace”, asegura Uhart convencida, además, de que el escritor no tiene que saberlo todo, que cualquier narcisismo le impide mirar lo que pasa a su alrededor. “No creo en la hipertrofia del rol. El escritor no debe pensarse como escritor”, dispara Uhart, que es implacable en la desmitificación de la escritura, a la que define como “una artesanía, un oficio que vas aprendiendo a lo largo del tiempo”. Esa artesanía de la autora está fabricada con las historias cotidianas de los pequeños pueblos, no de las grandes ciudades. “En Buenos Aires no falta talento y no falta inteligencia, pero sobra un poquito de vanidad. La gente es así, y así es la literatura también”, afirma.
La poética de Uhart se nutre de la escucha atenta de lo más cercano, del detalle de lo íntimo, de lo mínimo, de las voces de lo familiar, de lo doméstico, de infancias y adolescencias en su barrio de Moreno. “Yo espero encontrar cuestiones de lenguaje en las otras personas. El lenguaje es una forma de percibir el mundo”, dice. Esta marca reconocible en la literatura de Uhart ya había sido anticipada por Haroldo Conti en el prólogo del libro La gente de la casa rosa, de 1970. Conti destaca la mirada singular de una autora que no se ocupa de grandes acontecimientos, sino que detiene su mirada donde otros pasan de largo. “La marca femenina está, creo, en la circunscripción de los ambientes”, señala la misma Uhart al referirse a sus relatos donde lo trivial se vuelve significativo. Hay humor e ironía en su escritura, de forma suave, discreta. Su prosa está despojada de adornos, de exagerados usos de adjetivos, lo cual no representa para ella solo una cuestión estética sino una manera de ver el mundo y lo explica por qué: “El adjetivo define y circunscribe”. La literatura de Uhart se distingue por lo que observa. En el campo, centra su mirada sobre las personas y los lugares. En la ciudad, sobre los animales. Admira su inteligencia extraordinaria y reconoce en ellos algo del yo complejo: “Cualquier bicho que se mire al espejo (...) demuestra que tienen un protoyo, una especie de conciencia de sí mismos”.
Los textos que surgen de estas conversaciones reunidas por Osvaldo Aguirre representan en sí mismos otro plano de la producción literaria de Hebe Uhart, un amplio ensayo oral o digresión sobre su vida y su poética.
El arte del detalle
Autora: Hebe Uhart
Género: entrevistas
Otras obras de la autora: La elevación de Maruja; Camilo asciende; Mudanzas; Relatos reunidos; Un dia cualquiera; Viajera crónica; Animales; La gente de la casa rosa
Editorial: Mansalva, $ 32.000