CULTURA
crítica

Un mundo feliz

La Nueva Tierra a lo que son trasladas las personas para “hacerlas felices” no es un lugar con la firmeza de lo físico sino un estado mental, construido por la estimulación de la corteza visual; un procedimiento neurológico, que suprime sentimientos dolorosos de arremetimiento, nostalgia, duelo. La condición para existir dentro de una felicidad artificial.

17_05_2026_esther_gerritsen_cedoc_g
| cedoc

Para el pensamiento moderno, la utopía fue la ingenua esperanza de un futuro más radiante. Hoy, la literatura transforma lo utópico en fuente de dudas respecto a la conveniencia de una supuesta vida perfecta. Es lo que ocurre en la novela Área 19, en la que falsa utopía que promete la miel de la felicidad oculta una distopía e interroga a nuestro tiempo y a la propia condición humana.

Un día cualquiera, Tomás despierta y advierte que su esposa se ha ido. Las calles de Ámsterdam están vacías: todos se han marchado a la Nueva Tierra, el Área 19. Dicha área, le dice a Tomas la señora Kowalski, una defensora del sistema, es “un programa que se implementará en toda Europa y ojalá también el resto del mundo. Una reforma de todo el sistema de salud mental. Un operativo enorme, se llama Área 19”. Y esta área es “un sector del cerebro en la corteza visual”, vinculada al procesamiento de imágenes y la memoria visual. La introducción de nuevas imágenes permite engañarse sobre lo que se vive. O curar experiencias traumáticas porque este tipo de perturbaciones “son una parte importante de la crisis internacional. Si queremos cambiar el mundo, tenemos que cambiar a las personas. Y si queremos cambiar a las personas, hay que hacerlas felices”.

La Nueva Tierra a lo que son trasladas las personas para “hacerlas felices” no es un lugar con la firmeza de lo físico sino un estado mental, construido por la estimulación de la corteza visual; un procedimiento neurológico, que suprime sentimientos dolorosos de arremetimiento, nostalgia, duelo. La condición para existir dentro de una felicidad artificial. Suzanne, la esposa de Tomas, se complace en ese estado. Pero Tomas prefiere el escepticismo. No quiere renunciar a la tierra real y solitaria.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

La producción de la felicidad en el Área 19 propicia cuestionamientos sobre la naturaleza humana: ¿es preferible vivir ajeno al dolor? En Un mundo feliz, Aldous Huxley imagina una sociedad de felicidad asegurada por vías químicas; un supuesto bienestar que contrasta con una vida “salvaje” más auténtica. Para Schopenhauer, la esencia de la vida es la voluntad (un deseo ciego, incesante). El dolor es manifestación de esa esencia, por la imposibilidad de la satisfacción completa del deseo. Entonces, lo doloroso es inseparable de lo humano.

Asumir el dolor como inherente al sapiens, humaniza, reconoce los momentos de tristeza y arrepentimiento. Pero esto no otorga la ilusión de felicidad reclamada por el Área 19. Estado de “vida feliz” que es vivido como real por el “querer creer”; por la renuncia a la verdad áspera y dolorosa para disfrutar una paz fingida. Tomas es el que no quiere creer; no le teme a la herida de la infelicidad.

Así, la ficción se convierte en espejo que refleja nuestra vida actual: aferrarse a la creencia falsa de la excitación consumista, al refugio en las pantallas como seguridad y comodidad, débil y espectral. Una estrategia para no reconocer que la vida es el vaivén inestable entre el dolor, que nunca desaparece, y la alegría, que nunca permanece.

Área 19

Autora: Esther Gerritsen

Género: novela

Otras obras de la autora: Hermano; El regreso

Editorial: Caballo Negro, $ 27.000

Traducción: Micaela Van Muylem