La noche empezó como una celebración y terminó convertida en uno de esos conciertos que se recuerdan no solo por las canciones, sino por todo lo que sucede alrededor de ellas. En su cuarto Movistar Arena sold out, Fito Páez volvió a encontrarse con más de 10 mil personas en el marco del Sale el Sol Tour, pero esta vez decidió correr el eje de lo previsible: antes de entregar la catarata de clásicos que el público esperaba, eligió despedir en vivo Novela, su disco conceptual editado en 2025.
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A las 21.30, después de la apertura de Vandera, el rosarino apareció en escena con la naturalidad de quien todavía entiende el escenario como un territorio de riesgo. “Siempre me gustó tener una vida licenciosa”, lanzó apenas comenzó la noche. Luego explicó el espíritu de la primera parte del show: “Me pareció hermoso poder contar una historia de amor: despidamos Novela, un cuento de amor en tiempos de pulsión de odio”.

Esa frase funcionó como una llave de entrada. Durante más de una hora, Fito y su banda interpretaron Novela de forma completa, con una puesta integral desarrollada por Max Rompo, cargada de imágenes, colores, teatralidad y una estética cercana a un circo rockero. La voz de Lorena Vega apareció como hilo conductor del relato, en una obra pensada más como experiencia escénica que como simple sucesión de canciones.
El gesto artístico tomó por sorpresa a parte del público. En un estadio acostumbrado a cantar de memoria cada himno de Páez, el tramo conceptual exigió otra disposición: escuchar, esperar, entrar en una historia. Allí aparecieron algunos murmullos, movimientos hacia los pasillos y silbidos aislados sobre el final del primer bloque. Fito tomó nota de ese clima y, lejos de esquivarlo, lo convirtió en parte de la noche.

Cuando el show mutó hacia el repertorio más popular, el músico dejó una de las frases más comentadas de la velada. “Yo amo, no sé odiar. Y me gusta compartir todo. Todo, es todo”, dijo desde el escenario. Después, en referencia a la ansiedad del público y al valor de la escucha, agregó: “Está bueno detenerse a escuchar al otro, porque te están haciendo un regalo”.
La palabra dopamina también quedó flotando como síntesis de una época. Páez habló de esas pulsiones rápidas que parecen volver cada vez más difícil la espera, incluso dentro de un concierto. Más tarde, en sus redes, describió lo vivido como una mezcla de “amor, rabia, relajo, energía, pelea callejera, espectáculo, antropología porteña, el mundo vibrante, dopaminas y endorfinas en pugna y en abrazo perpetuo”.

Después de ese primer acto desafiante, el Movistar Arena cambió de pulso. Con visuales de Sergio Lacroix, el show entró en terreno conocido y el público respondió con una ovación sostenida. Sonaron “El amor después del amor”, “11 y 6”, “Mariposa Technicolor”, “Ciudad de pobres corazones”, “A rodar mi vida”, “Al lado del camino” y “Brillante sobre el mic”, entre otros clásicos que hicieron cantar al estadio entero.
La banda acompañó ese viaje con precisión y fuerza. Sobre el escenario estuvieron Diego Olivero, Gastón Baremberg, Juan Absatz, Juani Agüero y Emme, junto a la sección de vientos integrada por Ervin Stutz, Alejo von der Pahlen y Santiago Benítez. El resultado fue un concierto de más de dos horas, dividido entre la experimentación de un artista que todavía quiere contar algo nuevo y el cancionero popular que lo convirtió en una figura central del rock argentino.
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Hacia el final, el clima ya era de reconciliación plena. Fito volvió a manejar el pulso del Arena como quien conoce cada pliegue emocional de Buenos Aires. “Como te quiero Buenos Aires, sabés cómo te conozco”, dijo cerca del cierre. Luego, en sus redes, completó la postal con otra frase: “Nunca voy a olvidar esta noche. Me sentí más vivo que nunca”.
Con cuatro funciones agotadas en el Movistar Arena, Páez confirmó una quinta fecha en Buenos Aires para el 29 de junio. El anuncio llega mientras el músico se prepara para abrir una nueva etapa con Shine, su próximo lanzamiento, después de despedir Novela en una noche intensa, incómoda por momentos, luminosa en otros y profundamente fiel a su historia, la de un artista que nunca dejó de incomodar, emocionar y cantar contra el apuro del mundo.