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CULTURA / muestra
sábado 10 marzo, 2018

Luz, encuadre, ¡Perón, Perón!

Se expone en el Malba “Sara Facio. Perón” –con la curaduría de Ataúlfo Pérez Aznar–, una muestra de la reconocida fotógrafa argentina que permite acercarse a los múltiples sentidos de un fenómeno cultural, político y espiritual que constituye parte de nuestra identidad.

Laura Isola

Clave. La muestra recorre buena parte de ese momento histórico que comprende desde el regreso de Perón, el 17 de noviembre de 1972, hasta su muerte el 1º de julio de 1974. Foto: malba

Para evitar la pregunta sobre qué es peronismo, tanto por el gobierno que ocupó el poder la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX, construyó un Estado de bienestar y funcionó como partido en el concepto de movimientismo, ése que lo hizo bambolearse de la derecha a la izquierda, se puede, una vez pasado tanto tiempo de lo que propiamente llamamos así, ensayar una reformulación: ¿por qué seguimos hablando de peronismo? O la que es más ajustada: ¿para qué serviría el peronismo del siglo pasado en un ensayo de interpretación nacional?

La respuesta, como era de esperar, atiende al menos a dos posiciones. Pienso en Sarmiento tratando de entender, desde la sombra terrible de Facundo, ese fantasma de la barbarie, los males de la Argentina. El peronismo, en esta vertiente interpretativa, sería ese oráculo que, no sin animosidad, sería interrogado al respecto. La explicación de un proceso de decadencia que, sobre todo, comienza con el regreso de Perón en la década del 70.

La otra opción me hace pensar en Leonardo Favio y Sinfonía de un sentimiento. Ahí el peronismo es la educación política (y sentimental) para la relación entre el líder y la masa. No habría, en ninguno de los dos casos, el que distingue la civilización y le endilga la barbarie al otro como en el que enamora con el proceso de transformación, mucho lugar para la razón y un espacio enorme para las emociones.

Pero además de un proceso político complejo de larga duración con aristas transformadoras y violentas que puede ser descifrado de múltiples modos fue una estética poderosa con imágenes de gran vigor y pregnancia. En todo caso, eso también estuvo propiciado por el mismo proyecto en el nacimiento de ese encuentro entre la política y el espectáculo. Una torsión más al dilema con este componente estético: ¿por qué miramos al peronismo y qué vemos en él?

Sara Facio. Perón colabora en este encabalgamiento de sentidos. La muestra que se exhibe en Malba con las fotos que Facio tomó durante los últimos días de peronismo con Perón es un corpus imprescindible para ver de qué modo hay una pervivencia de esas figuraciones y cómo se adhirieron a la construcción del acontecimiento en el imaginario colectivo. También para observar desde qué lugar esta fotógrafa introduce nuevas percepciones y amplia el espectro.

Si bien tanto en Fundación Osde como en la Fundación Klemm se pudieron ver algunas de éstas, la selección vasta que hizo Ataúlfo Pérez Aznar, el curador de la muestra y del libro en proceso de edición, desarrolla un relato sobre ese momento histórico que va desde el regreso de Perón, el 17 de noviembre de 1972 hasta su muerte el  1º de julio de 1974. Los días no llegan a cubrir dos años, pero la intensidad puede compararse con el fin de una parte de la historia. En el compendio están la masacre de Ezeiza, las elecciones del 73, la victoria electoral de Cámpora y el fin de su gobierno, el aniversario de la muerte de Evita en 1973, la plaza del 1º de mayo cuando Perón echó a los Montoneros.

“Sara es una fotógrafa importante, pero esta parte de su obra confirma su excepcionalidad”. Así la define Pérez Aznar y en el amor de ambos por la fotografía se produjo este encuentro. Una relación que mantiene el usted como vocativo, al tiempo que la plena confianza. El vínculo transgeneracional pasó por diferentes etapas: “Estuvimos mucho tiempo peleados”. El marco de esta disputa es la vanguardia: Sara Facio, la fotógrafa faro del sistema argentino y Ataúlfo, el joven que necesitaba como en todo momento de renovación, “matar al padre”. Que era madre. “Pero un día Sara me llamó y quiso que hiciera su libro”. Así él tuvo acceso al archivo y encontró que la serie sobre los días finales de Perón, los 591, eran muchas fotos y desde ese momento quiso hacer algo más extenso. “¡Me dejó hacer lo que se me cantara!”

Borges se entrevera entre ellos dos con sus posibilidades de pasado y futuro. O es Ataúlfo quien elige a sus precursores y las fotos de Sara sobre el peronismo son vistas por él a luz de su propia obra: Mar del Plata, ¿infierno o paraíso? es la deriva perfecta del otro momento del peronismo en la ciudad más emblemática y ahí hay una tradición posible. O es Sara quien designa a aquel que con el tiempo va a develar su historia. En Perón está cifrada la obra de Pérez Aznar mucho antes de él que la viera.

“Los fotógrafos eran testigos privilegiados de Perón, pero no lo interpretaban”, advierte el fotógrafo. La interpretación de Facio, entonces, está en ir de la masa al retrato en los eventos históricos que celebran a la primera y que había borroneado al sujeto. Sara le pone una cara y un cuerpo individual a la amalgama y el abigarramiento de las muchedumbres de una época que las puso en la calle y las accionó. Ese vaivén, del uno al todo, de lo singular a la multiplicidad. Hizo de la foto muy de cerca, toda una declaración de principios. Los muchachos peronistas tapaban las palabras con ruido de bombo, unidos triunfarían y como siempre darían el grito de corazón. Peinados y con bigotes muy parecidos, descamisados, con pantalones ajustados, con pata de elefante, salieron a la calle a buscar al líder. A esperar el avión; del picnic a la tragedia.

Lo que hizo Facio es ubicarse muy cerca. Metafóricamente siguió la recomendación de Robert Capa: si tus imágenes no son bastante buenas, no te acercaste lo suficiente. Para Ataúlfo, en cambio, además hay que saber alejarse y ella lo hizo bien. “Ella tomó las imágenes del marco escenográfico para esos retratos de un momento histórico. Estuvo al mismo nivel, en la plaza, en el parque, mirando la televisión y sacando fotos de esos hechos. Ella hace algo muy singular que es asumir esa responsabilidad de los grandes fotógrafos. Ponerse en el lugar del espectador para luego correrse y dejárselo para que lo ocupe él”.

La distancia, en este caso, no fue solo física para tomar las fotos del balcón blindado de la asunción de Perón,  la de los afiches de las elecciones del 73, las de Cámpora, ese señor tan grande para una juventud tan joven. Ella no estaba ahí por una afinidad política: no era peronista.

Esa fue mi tesis, al recorrer la muestra. Su falta de concordancia ideológica, le había permitido ver otras cosas: la fotografía del señor que barre las flores luego del funeral de Perón era mi argumento principal. Sin empatía, sin afecto, concentrada en la toma perfecta, en la luz, el encuadre. Enfocada en hacer la suya: sustraer de la masa al joven peronista. Ataúlfo me increpa: “¿Te parece que los grandes fotógrafos estén limitados por eso que decimos ideología? Para nada, ni para un lado y para el otro, el nivel técnico y la mirada de Sara están mucho más allá de eso.”

Sara Facio. Perón

Fundación Malba. Museo de Arte Latinoamericano.

Av. Figueroa Alcorta 3415.


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