CULTURA
sara gallardo

Macaneos confirmados (de la novela periodística)

Iconoclasta, irreverente, lúcida, frívola, íntima e indoblegable, Sara Gallardo es una de las amazonas argentinas más poderosas que ha dado la literatura nacional. Se publica un libro con lo mejor de sus columnas periodísticas.

Iconoclasta, irreverente, lúcida, frívola, íntima e indoblegable, Sara Gallardo es una de las amazonas argentinas más poderosas que ha dado la literatura nacional. Se publica un libro con lo mejor de
| Cedoc

Con Sara Gallardo nunca hablamos de nada demasiado importante, nada íntimo, pero su presencia volvía todo luminoso, y esa luz es la que envuelve y perfila su recuerdo. (…) En esa época ella nunca me habló de sus libros ni les puso valor. En cambio, hablaba voluntariamente de sus notas, de sus entrevistas (…) Se metía en proyectos que me parecían locos y nunca provocó el menor reparo en lo que llamaría mi intransigencia, nunca pude medirla como medía a los otros. Era magnífica. E inocente.”
Así la recuerda su amiga, la enorme Griselda Gambaro, en Escritos inocentes. Y desde ese perfil encantador, irresistible, es posible abordar una obra incomparable. En estos años se ha escrito profusamente sobre la autora de Eisejuaz. Faltaba una perla: el rescate de la prosa periodística. Por eso, la presente edición de las columnas que publicó en la revista Confirmado repone una deuda que sus admiradores venían reclamando.
La obra narrativa de Sara Gallardo (Buenos Aires, 1931-1988) es uno de los emblemas del secretismo de la literatura argentina: un rumor que nunca dejó de escucharse pero que se divulga, según las épocas, con discreción, acorde se consigan o se vuelvan inhallables sus libros. Y permanentemente vuelve a interpelar a ese tótem discutible que damos en llamar, con pereza o autosuficiencia, el “canon” (periodístico, editorial, académico).
A la fecha se han reeditado todos sus libros y han corrido con suerte dispar. La celebrada novela Los galgos, los galgos sigue consiguiéndose en el grueso ejemplar de la familiar Elefante Blanco. El volumen de la Narrativa breve completa de 2004 –edición al cuidado de Leopoldo Brizuela– pasó a saldo con la velocidad que sólo conoce el mercado. Y en estos años se han reeditado Eisejuaz y El país del humo, así como algunas obras infanto-juveniles en bellos ejemplares.

La inminente aparición de Macaneos, una selección de su extensa obra periodística, vuelve a encontrar a Sara Gallardo con sus fieles lectores –que se cuentan en un número mayor al que podría suponerse– y sin dudas encontrará nuevos, que se sorprenderán con un material rico, variado, ágil, divertido. Desde el atractivo título, estas columnas que publicara en la revista Confirmado, entre 1967 y 1972, muestran un trabajo a contrapelo de la labor con la literatura, por la velocidad y la inminencia de la publicación, por la actualidad de los temas, pero no tan alejado de su prosa ficcional.
La selección y el imprescindible estudio preliminar, a cargo de Lucía de Leone, revelan un trabajo a conciencia de investigación y archivo, y una lectura apasionada. Esa impronta encontró eco natural en la cuidada edición de Winograd, cuya directora editorial es Paula Pico Estrada, hija de Sara Gallardo. La portada de Macaneos exhibe una foto de perfil de la escritora, una de las más bellas mujeres de la historia de las letras argentinas.
Lucía de Leone se doctoró en 2013 con una tesis sobre la obra ficcional y periodística de Sara Gallardo. Su investigación comenzó casi diez años antes, con un acceso fácil a las novelas y los cuentos pero un poco más esquivo sobre el material periodístico: “Me interesé, como parte de mis tareas para poner en curso mi proyecto de investigación, en relevar las columnas de Confirmado –afirma la investigadora a Perfil– pero también sus contribuciones periodísticas previas y posteriores. Así fue que pasé días enteros encerrada en la Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso consultando, fotocopiando, fotografiando sus columnas y números enteros de Confirmado”. Y agrega: “Fueron meses y meses de búsqueda. Pensemos que era una columna semanal que sale durante más de cinco años y a su vez me encontraba con ‘perlitas’. También relevé materiales que Gallardo publicaba en Atlántida, La Nación, Platea, Primera Plana, Claudia”. De toda esa ardua tarea en archivos, De Leone ha seleccionado casi un centenar de columnas, que ha dividido en cinco secciones, según la temática: los temas de vida cotidiana, los inherentes al oficio de escritora, los viajes y sus perspectivas, el mundo del espectáculo. En todos, el humor, un tono algo burlón y un aire de frivolidad chispeante, constituyen un estilo, una marca, una huella luminosa. A esas columnas la investigadora añadió en un “apéndice” reproducciones de tapas y columnas, una entrevista, “Sara Gallardo, ese bicho”, y una selección de cartas de lectores.

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Confirmado, con el subtítulo “la revista semanal de noticias”, fue otro de los inventos de Jacobo Timerman, en la línea de Primera Plana, con quienes compartía un perfil de lectores, así como algunos periodistas estrella. En ese marco, Gallardo construyó su personaje alejado de la política, y aparecía semanalmente con foto y firma manuscrita, lo que suscitó un sinnúmero de dudas en los lectores fervorosos de sus columnas, así como un lugar de reconocimiento que engrandece su figura. Los años de Confirmado están atravesados por la publicación y premiación de Los galgos, los galgos y la escritura y posterior edición de Eisejuaz. Al respecto, Lucía de Leone destaca: “A medida que recorría las páginas de Confirmado o Primera Plana, con entrevistas, notas, reseñas de la obra literaria que Gallardo producía al mismo tiempo, se iba cerrando el círculo y empezaron en el mismo archivo las primeras intuiciones sobre las relaciones entre su literatura y su producción periodística que luego se convirtieron en hipótesis de lectura sobre esa gran obra”.
Sobre los vínculos entre la ficción y la obra periodística, consultado por Perfil, el escritor Leopoldo Brizuela señala: “Veo a la obra periodística de Sara Gallardo exactamente así: como un apartado particular de su obra narrativa, a la altura de su obra de ficción.  Sobre todo, te diría, las columnas de Confirmado componen una verdadera novela; me encanta el título elegido para esta compilación, pero bien podría haberse llamado con el nombre de la autora”, y agrega: “La narradora de las columnas es un personaje tan conscientemente elaborado como cualquier personaje de sus novelas, muy diferente de la Sara Gallardo que escribe, por esa misma época, Eisejuaz, y seguramente de la que Gallardo misma era en la intimidad”.

Verdadero conocedor y difusor de la obra de Gallardo, Brizuela rememora el encuentro de los lectores con las páginas de Confirmado: “Yo era muy chico, pero mis tíos compraban la revista y me llamaban la atención las fotos espléndidas y displicentes que encabezaban esa última página, y la muy ostensible firma manuscrita que se reproducía al pie. Lo que el lector iba a leer, en esa última página, más allá del tema elegido,  era la historia de ese personaje hermoso, altivo y displicente”. Lo que los lectores van a encontrar en Macaneos es también del orden de lo que subraya Brizuela: una prosa ágil, sin prejuicios, que se atreve a todos los temas que la actualidad convoca: un libro que acaba de salir, el triste final del Instituto Di Tella, la moda, el cine y sus estrellas rutilantes, la muerte del Che, las reflexiones sobre su escritura.
Quedémonos con lo que Sara Gallardo tenía para decirles a sus lectores a comienzos de 1968 y que probablemente les diría a los que se encuentren en este final de 2015: “No crean por mi pensativa fisonomía recién inaugurada que pienso en algo. Nunca lo hago. Sólo reúno fuerzas para desearles un buen año. Y para hacerles un pedido: abandonen la perniciosa costumbre de pedirme que escriba sobre temas actuales. No me interesa la actualidad. Además, creo que no existe. Y si existe, es vulgar. Léanme tal como soy, y agradezcan al destino esa suerte. Felicidades”.

 

108 columnas y ninguna flor

Sara Gallardo
Qué importa que hoy se cumplan dos años de la aparición de esta servidora pública, con su mejor sonrisa, en la página de Confirmado. Qué importa que esa mejor sonrisa, aquí presente, estuviera eterna y fielmente dedicada a ustedes, lectores ingratos. Qué importa que, llueva o truene, o granize (¿con zeta?), o lo que es peor, aunque el verano persista cuatro o cinco meses derritiendo calles y corazones, como sucede hoy, esa misma sonrisa estoica y hasta heroica, boy scout semanal, los reciba confirmadamente, confirmativamente, con firmeza y con firma. Qué importa, claro. Ni una flor. Ni una tarjetita gentil. Ni un recuerdo.
Un solo consuelo, para Sara Gallardo, en sus 108 semanas 108 de aparición: considerarse hermana del vigilante de la esquina, ese amigo de la población, según me confesó uno con un rictus desalentado, amigo temido y malentendido por la población. Pobre vigilante de la esquina. El no puede, a fin de año, pasar por las casas de la cuadra que cuidó una cartulina verde nilo como la que reparte, digamos, el cloaquero, dicho sea sin ánimo de ofensa, que todos somos hijos del Señor Eterno. Una cartulina verde nilo con la copla primaveral:
El que le limpia el caño con todo el corazón le augura en este año total satisfacción.
No puede el vigilante serio y propenso al asalto pasar una cartulina así. No puede una servidora aquí presente imprimir una tarjeta rosa que diga:
Cortés lector, la que firma Gallardo se merece en la fecha un alhelí o un nardo, dos años te acuñó con dulzura de cardo, su cabeza parlante, cercenada a lo Estuardo.
No puede. Sólo puede confiar en la memoria, en el agradecimiento y cortesía de ustedes, lectores de los jueves, para no decir de miércoles, y así le ha ido. […]
 
Fragmento. (Año IV, Nº 195, 13 de marzo de 1969, p. 35).