CULTURA
había visitado la argentina en 2023

Murió Carlo Ginzburg, el intelectual que cambió la visión de la Historia

Un historiador puede cambiar la manera de mirar el pasado sin descubrir un solo imperio perdido. Carlo Ginzburg lo hizo siguiendo las huellas de un molinero, de unas brujas y de los pequeños indicios que la historia suele pasar por alto. Su muerte cierra la vida de uno de los intelectuales más originales del último medio siglo, pero deja una obra que enseñó a generaciones de lectores que, a veces, un detalle minúsculo alcanza para iluminar una época entera.

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Ginzburg. Se doctoró en Filosofía por la Universidad de Pisa en 1961, a los 22 años. Entre 1988 y 2006 dio clases en la Universidad de Bolonia y en la Universidad de California en Los Ángeles. | cedoc

“El primer capítulo de Historia nocturna –un libro que se ha traducido de otro modo en diversas lenguas– da cuenta de una idea que se encuentra ante todo en Francia en 1321: una conspiración que ha sido organizada por los leprosos contra la sociedad, en una segunda versión por leprosos inspirados por los judíos, y en una tercera versión por leprosos inspirados por los judíos inspirados por el rey de Granada. Ahora bien, esta idea llega como elemento constitutivo del sabbat de las brujas en tanto conspiración contra la sociedad. Y por otra parte hay elementos que vienen desde abajo, del folklore; y así en este elemento de tipo chamánico que he creído entrelazar andando hacia el este, es decir hacia Asia Central, me he servido solamente de la morfología.”

Estas reflexiones sobre el método de trabajo pertenecen al historiador italiano Carlo Ginzburg (doctorado en Filosofía por la Universidad de Pisa, 1961), las realizó en diálogo con los profesores Andrés Kozel (Unsam) y Marcela Croce (UBA), el 3 de octubre de 2023 en el Centro Cultural Paco Urondo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Para esa fecha recibió el Diploma Honoris Causa de nuestra prestigiosa e imprescindible casa de estudios. Uno de los tantos méritos que acumuló el historiador nacido en Turín, quien residía en Los Ángeles, California, donde falleció este miércoles a los 87 años.

Su biografía está ligada a la Historia, en las mayúsculas que reclama el siglo XX (e ignora con descaro este siglo XXI). Hijo de la escritora Natalia Ginzburg –con obras como Las pequeñas virtudes, Léxico Familiar, Así fue, entre otras; además de editora de Elsa Morante, e impulsora de la publicación del Diario de Ana Frank– y el intelectual Leone Ginzburg –originario de Odesa, profesor de literatura rusa; fundador junto a Giulio Einaudi de la prestigiosa editorial Einaudi. Leone, el padre, judío y partisano antifascista, luego de un exilio en los Abruzos forzado por el régimen de Mussolini, regresó a Roma y fue detenido por la Gestapo en 1944. Murió ese año torturado en prisión por sus captores.

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La crianza de Carlo quedó a cargo de su madre y la influencia de su abuelo, Giuseppe Levi, prestigioso biólogo y anatomista (tres de sus alumnos obtuvieron el Premio Nobel), quien tuvo como alumno en medicina al mencionado Giulio Einaudi, en cuya editorial no solo trabajó Natalia, sino que abrió al futuro historiador la relación con un campo intelectual que incluía a Cesare Pavese, Italo Calvino, Norberto Bobbio, Pier Paolo Pasolini, Leonardo Sciascia, Carlo Emilio Gadda, Thomas Mann, Claude Lévi-Strauss y Jacques Lacan. Es decir, un catálogo editorial y una biblioteca familiar como pilares de la educación.

Microhistoria es el nombre genérico que recibió el trabajo de Ginzburg, fue a partir de la publicación de su libro más notorio en 1976, El queso y los gusanos, donde analiza tanto la cosmogonía como los motivos para una condena a muerte en la hoguera de un campesino conocido como Menocchio, en dos procesos de la Inquisición (1583-1584 y 1599). Analizando las actas, la argumentación del que juzga, así como las creencias que alcanza a exponer el campesino, encuentra los vínculos entre discursos, tradiciones, poderes establecidos y precedentes, en una trama que expone la tragedia que parecía invisible en la imposición masiva de creencias sin importar la integridad del individuo.

En El juez y el historiador. Consideraciones al margen del proceso Sofri, 1991, Ginzburg analiza y expone la debilidad de pruebas en el proceso judicial a su amigo, el intelectual de izquierda Adriano Sofri, acusado de terrorismo. Sosteniendo esta línea ética sobre el estudio histórico, fue la carta de Carlo Ginzburg al cardenal Ratzinger, antes de ser ungido como papa Benedicto XVI, la que logró la apertura de los archivos del Vaticano en 1998.

Seres vencidos, marginales, brujas, perseguidos, sujetos de clases subalternas, aportan los elementos de un entorno histórico que parecía invisible; estos indicios también recuperan los detalles de época, a través de la literatura, la pintura, el cine, la filosofía, expresiones morales que forman el ánimo social, así como las formas de escritura de los historiadores.

La editorial argentina Ampersand publicó en marzo del año pasado el título Una historia sin final, que contiene nueve ensayos sobre instancias históricas distintas, en los que Ginzburg da cuenta de su erudición y precisión conceptual.