El anuncio de que Ye (antes conocido como Kanye West) encabezará las tres noches del Wireless Festival en julio desató una ola de rechazos que ya le costó al evento dos de sus principales sponsors. Pepsi, el patrocinador histórico del festival, y Diageo, dueño de las marcas Johnnie Walker y Captain Morgan, decidieron retirar su apoyo ante las fuertes críticas por los comentarios antisemitas del rapero estadounidense.
West, de 48 años, está programado para presentarse el 10, 11 y 12 de julio en Finsbury Park, al norte de Londres. Será su regreso a los escenarios británicos como headliner principal después de más de una década: su última actuación destacada en el Reino Unido fue en Glastonbury 2015.
Tras el anuncio, organizaciones judías y civiles británicas elevaron su voz y pidieron al gobierno de Keir Starmer que revise la visa de entrada del artista. El propio primer ministro laborista no se quedó callado. El sábado, en declaraciones al diario The Sun, Starmer expresó: “Es profundamente preocupante que Kanye West haya sido contratado para actuar en Wireless pese a sus anteriores comentarios antisemitas y celebración del nazismo”.

Poco después, Pepsi anunció su decisión de forma lacónica. “Pepsi ha decidido retirar su patrocinio del festival Wireless”, según confirmó un portavoz a la agencia AFP y otros medios. Horas más tarde, Diageo siguió el mismo camino. “Hemos informado a los organizadores de nuestras preocupaciones y, tal como están las cosas, Diageo no patrocinará el Wireless Festival 2026”, indicó la compañía.
Live Nation y Festival Republic, responsables del evento, no emitieron comentarios inmediatos ante los pedidos de la prensa.
En los últimos años, West acumuló una serie de declaraciones y acciones que le valieron la pérdida de contratos millonarios con marcas como Adidas y Gap. En mayo de 2025 lanzó la canción “Heil Hitler”, que incluye referencias explícitas y fue retirada de las principales plataformas de streaming (aunque circuló ampliamente en X). También vendió merchandising con esvásticas.
En marzo de este año, el alcalde de Marsella, Benoît Payan, ya había dejado claro su posición cuando el rapero anunció un show en esa ciudad francesa para junio: “Kanye West no es bienvenido en Marsella. Me niego a que nuestra ciudad sea un escaparate para quienes promueven el odio y el nazismo sin complejos”.
Pese a todo, en enero de 2026 Ye publicó una disculpa pública en forma de anuncio a página completa en The Wall Street Journal. Titulado “To Those I’ve Hurt”, el texto afirmaba: “No soy nazi ni antisemita. Lamento profundamente y estoy mortificado por mis acciones en ese estado, y me comprometo a rendir cuentas, recibir tratamiento y lograr un cambio real”.
Atribuyó parte de su comportamiento a un episodio maníaco vinculado a su trastorno bipolar y una lesión cerebral anterior. Sin embargo, para muchos críticos y organizaciones judías, esa disculpa llega tarde y no borra el daño causado ni la repetición de conductas.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la responsabilidad de los organizadores de eventos masivos y el límite entre la libertad artística y el discurso de odio. Mientras algunos fans defienden el derecho de West a subirse al escenario argumentando su genialidad musical y su evolución personal, otros consideran intolerable que un artista con este historial reciba una plataforma tan grande.
Por ahora, el Wireless Festival 2026 sigue adelante con Ye como atracción principal, aunque el futuro de su presencia en suelo británico parece cada vez más incierto ante posibles revisiones gubernamentales.