El 18 de septiembre, el santoral católico celebra la fiesta litúrgica de San José de Cupertino, insigne fraile de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales. Nacido en Italia en 1603, este humilde místico superó severas dificultades académicas durante su juventud para ordenarse sacerdote, convirtiéndose en un testimonio inmortal de santidad y amor divino.
San José de Cupertino y sus asombrosos éxtasis de levitación mística
Nacido en un humilde establo de Apulia, sufrió marginación por sus limitaciones de aprendizaje. Sin embargo, su profunda piedad y constante austeridad monástica le permitieron ingresar al convento. Tras ser ordenado por un auténtico prodigio celestial, su existencia estuvo marcada por el consuelo espiritual y una inquebrantable entrega al servicio del Santo Evangelio.
San Cornelio papa, el pastor compasivo que defendió la misericordia y la unidad de la Iglesia
La tradición histórica documenta más de setenta episodios de levitación mística durante la celebración de la Santa Misa y la adoración de imágenes sagradas. Estos fenómenos atrajeron a miles de peregrinos y a las autoridades de la Inquisición, quienes constataron cómo el humilde fraile se elevaba sobre los altares en pleno estado de oración contemplativa.
Sometido a rigurosos exámenes eclesiásticos debido a la fama de sus dones espirituales, mantuvo una admirable humildad eclesial y una obediencia absoluta. Durante sus años de confinamiento en diversos conventos aislados, consagró su tiempo al ayuno, al sacramento de la reconciliación y al alivio directo de los enfermos que buscaban sus prodigios de sanación.
En la piedad contemporánea, es invocado universalmente como el gran patrón de los estudiantes, especialmente durante los exámenes difíciles, por las trabas intelectuales que superó mediante auxilio divino. Asimismo, los aviadores y viajeros acuden a su intercesión divina para solicitar protección durante los vuelos, confiando plenamente en su cercana protección celestial.
Los devotos rezan novenas y oraciones marianas solicitando la gracia de la serenidad mental frente a las pruebas exigentes de la vida. A través de la recitación del Santo Rosario, los creyentes piden su poderoso auxilio para superar la ansiedad, alcanzar el éxito en las tareas académicas y cultivar un compromiso sincero con la caridad cristiana.
Su inmortal legado enseña a la comunidad que las limitaciones humanas se transforman en fortalezas bajo la mirada de la Divina Providencia. Venerado como un símbolo de fidelidad evangélica, el santo demuestra que la verdadera sabiduría nace de un corazón humilde, puro y entregado totalmente a Dios para la definitiva salvación del alma.
La veneración a los otros santos del día y de la semana
En esta misma fecha, la liturgia conmemora a San Jenaro de Benevento, obispo y mártir, y a San Ricardo de Andria. Asimismo, durante el transcurso de esta intensa semana se celebran figuras fundamentales del calendario romano, como San Mateo Apóstol, San Pío de Pietrelcina y Nuestra Señora de la Merced, cuyos virtuosos testimonios enriquecen la fe eclesial.
Para los devotos de la Ciudad de Buenos Aires, es posible rendirle homenaje y pedir su bendición en la Parroquia San Francisco de Asís, ubicada en el histórico barrio de San Telmo (Alsina 380). En este emblemático templo franciscano, la comunidad custodia imágenes veneradas y ofrece espacios de meditación y bendiciones especiales para los estudiantes.
LV/ff