Este domingo 8 de marzo, el santoral católico celebra la fiesta de San Juan de Dios (João Cidade), una de las figuras más humanas y conmovedoras de la cristiandad. Tras una vida errante como soldado y vendedor de libros, un sermón de San Juan de Ávila en Granada provocó en él una conversión tan radical que fue tomado por loco y recluido en un hospital real. Fue allí, sufriendo los crueles tratamientos de la época, donde comprendió que los enfermos necesitaban ser tratados con una dignidad y un amor que el mundo les negaba.
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La hagiografía italiana destaca su método revolucionario: "Hacer el bien, bien hecho". Fuentes en inglés relatan cómo Juan recorría las calles de Granada con un capacho al hombro, gritando su famosa frase: "¡Haceros bien a vosotros mismos dando limosna a los pobres!". Su caridad no distinguía entre santos y pecadores; acogía en su hospital a prostitutas, leprosos y mendigos, lavándoles los pies y curando sus llagas con una ternura que desarmaba a sus críticos. Su lema era que el cuerpo debía ser sanado para que el alma pudiera encontrar a Dios.
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Los milagros atribuidos a su intercesión se vinculan frecuentemente con la protección contra incendios y la multiplicación de recursos. Un prodigio célebre ocurrió durante el incendio del Hospital Real de Granada, donde Juan entró repetidas veces entre las llamas para rescatar a los enfermos y arrojar las camas por las ventanas, saliendo ileso del fuego mientras la multitud lo observaba con asombro. Tras su muerte en 1550, de rodillas y abrazado a un crucifijo, su legado dio lugar a los Hermanos de San Juan de Dios, quienes hoy sostienen hospitales en los cinco continentes.
La devoción actual a San Juan de Dios lo posiciona como el patrono de los enfermeros, los hospitales y los que padecen enfermedades mentales. En la liturgia, se resalta su papel como "Padre de los Pobres", recordándonos que la santidad pasa por el servicio concreto al hermano que sufre. Los fieles recurren a él para pedir por la salud de sus seres queridos y para que los profesionales sanitarios mantengan siempre la humanidad en su trato, buscando en el enfermo el rostro sufriente de Cristo.
La oración dedicada a este santo suele pedir la gracia de un corazón compasivo. Los devotos suelen rezar: "Señor, que por la intercesión de San Juan de Dios, aprendamos a servirte con alegría en los miembros más llagados de tu Cuerpo". Es común invocarlo para pedir éxito en las instituciones de salud y para que nunca falte la provisión en los comedores sociales, recordando que el santo granadino confiaba plenamente en la Providencia, asegurando que "Dios proveerá" para sus pobres.
Junto a este gigante de la caridad, el santoral católico recuerda hoy a San Poncio de Cartago y a San Teofilacto. Durante esta semana hemos transitado por el heroísmo de las Santas Perpetua y Felicidad ayer y nos preparamos para la memoria de Santa Francisca Romana mañana, 9 de marzo. El próximo 11 de marzo se celebrará a San Eulogio de Córdoba, manteniendo una secuencia de santos que encarnan la entrega total por amor a los demás.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes honrar su memoria en la Clínica San Juan de Dios, en el barrio de Flores, o en la Parroquia San Juan de Dios (en Ramos Mejía, zona oeste). En estos centros asistenciales, los Hermanos de San Juan de Dios continúan hoy la misión de su fundador. Los fieles pueden acercarse a estos lugares para pedir la intercesión del santo por la recuperación de los enfermos y para agradecer la labor abnegada de quienes dedican su vida al cuidado de la salud en la Argentina.