CULTURA
SANTORAL CATÓLICO

San Román de Condat: el abad que buscó el silencio de los bosques para encontrar a Dios

San Román, fundador de la abadía de Condat, es honrado hoy en el santoral por su vida de oración en el Jura francés y su capacidad de guiar a otros hacia la paz espiritual.

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SANTORAL CATÓLICO | IA

Este sábado 28 de febrero, el santoral católico celebra la memoria de San Román de Condat, un influyente eremita y abad del siglo V. Nacido en una región de la Galia, a los treinta y cinco años decidió abandonar la vida urbana para internarse en los densos y salvajes bosques de las montañas del Jura. Provisto únicamente de una herramienta para labrar la tierra y el libro de las "Vidas de los Padres", Román fundó las bases de lo que se convertiría en un floreciente centro de espiritualidad monástica.

San Román y el florecimiento de la vida monástica en el Jura

La hagiografía italiana describe cómo su retiro en busca de soledad atrajo pronto a numerosos discípulos, incluido su hermano San Lupicino. Fuentes en inglés relatan que ambos hermanos, con caracteres complementarios —Román dotado de una dulzura maternal y Lupicino de una severidad necesaria—, fundaron los monasterios de Condat y Lauconne. Su regla de vida se centraba en el trabajo manual riguroso, el ayuno y la oración incesante, transformando un desierto inhóspito en un oasis de fe que civilizó gran parte de la región.

Los milagros atribuidos a su intercesión se manifestaron frecuentemente durante sus peregrinaciones. Los registros históricos mencionan un episodio célebre ocurrido camino a Ginebra: al refugiarse en una cabaña donde dos leprosos vivían aislados, Román los abrazó con caridad cristiana. A la mañana siguiente, ambos hombres despertaron completamente sanados. Este prodigio, documentado en las crónicas antiguas de los Padres del Jura, consolidó su fama de taumaturgo y protector de los enfermos desahuciados, atrayendo a multitudes que buscaban su bendición sanadora.

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La devoción actual a San Román de Condat lo posiciona como el patrono de quienes padecen enfermedades mentales y de aquellos que buscan la paz en medio del caos moderno. En la liturgia, se resalta su espíritu de discernimiento y su capacidad para equilibrar la autoridad con la misericordia. Los fieles recurren a él para pedir claridad en la dirección espiritual y fortaleza ante las adversidades físicas, recordando que su fortaleza procedía de una confianza absoluta en la Divina Providencia que lo sostuvo en la soledad del bosque.

La oración dedicada a este santo suele pedir la gracia de la perseverancia en los buenos propósitos y el amor por el silencio interior. Los devotos suelen rezar: "Oh Dios, que hiciste que San Román encontrara en la soledad la fuente de la santidad, concédenos que nuestras almas descansen siempre en Ti". Es común invocarlo para pedir protección en las zonas rurales y éxito en las labores agrícolas, así como para fortalecer los lazos de fraternidad en las comunidades que viven y trabajan bajo un mismo techo.

Junto a este abad, el santoral católico recuerda hoy a los Santos Mártires de Alejandría y a San Hilario, papa. Durante esta semana hemos transitado por el misticismo de San Gabriel de la Dolorosa ayer y la sabiduría de San Cesáreo. Mañana, 1 de marzo, la Iglesia comenzará un nuevo mes con la memoria de San Rosendo y San Albino, continuando un ciclo de santidad que atraviesa los siglos y nos invita a la renovación constante del espíritu.

En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar su legado y pedir su intercesión en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad, ubicada en el barrio de San Nicolás (calle Bartolomé Mitre 1523). Este templo, uno de los más antiguos y tradicionales de la ciudad, ofrece un ámbito de recogimiento y silencio propicio para meditar sobre la vida eremítica de San Román. Los fieles acuden allí para pedir por la salud de los enfermos y para encontrar un momento de paz espiritual en medio del ajetreo cotidiano.