CULTURA
crítica

Versos sobre el horror

El interior del libro está completamente en blanco, pero su contenido puede hacerse visible al raspar las páginas con una moneda chilena de diez pesos que el propio volumen adjunta.

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En el extraordinario Un poema pegado en la heladera, Martín Prieto señala que Gonzalo Millán (1947-2006) “es un poeta de ciudades”. La suya es Santiago de Chile y, continúa Prieto, “es una ciudad pública y política (y sometida)”. En 1979, durante su exilio en Canadá, el poeta chileno escribió La ciudad, publicado en Montreal en ese mismo año. La novedad que trae la reedición recientemente publicada por Goma Editora (ahora titulada La ciudad oculta) es que el interior del libro está completamente en blanco, pero su contenido puede hacerse visible al raspar las páginas con una moneda chilena de diez pesos que el propio volumen adjunta.

La ciudad es un extenso poema dividido en 68 fragmentos numerados. “Amanece./ Se abre el poema./ Las aves abren las alas./ Las aves abren el pico./ […] La ciudad despierta./ La ciudad se levanta”. La imagen inicial es de apertura, connota un comienzo, y el ámbito urbano es personificado. Pronto, en esa cadena de versos que Millán construye, irrumpe la violencia: “Circulan los automóviles./ Circulan rumores de guerra./ El dinero circula./ La sangre circula”. Predomina la repetición del verbo, se enfatiza la idea de circulación, de movimiento; los términos “guerra” y “sangre” preanuncian el golpe de Estado por venir en el poema y en el país trasandino. Súbitamente, el yo lírico afirma: “Corro peligro me persiguen”, así, sin signos de puntuación, como si la frase reflejara en su descuido la prisa y el ajetreo de quien habla.

Millán elabora su texto a base de oraciones cortas, secas, tajantes, casi sin subordinadas. Abunda el modo indicativo porque La ciudad habla mayormente de las cosas del mundo; apenas si hay lugar para deseos o hechos de la imaginación cuando se busca sobrevivir a cualquier costo. Esto mismo se refuerza con lo que señala Prieto al decir que se trata de un poema en tiempo presente (“el tiempo obligado de la literatura política”), lo que marca su urgencia y su carácter perentorio. La dictadura de Pinochet es el ahora del texto, su tiempo de la enunciación; los crímenes y las violaciones a los derechos humanos, su día a día. Por momentos, el tono es de denuncia: “Muchos alumnos salieron de la ciudad./ Otros murieron./ Otros están presos./ Otros están desaparecidos”. Asimismo, el yo sabe ubicarse también, fugazmente, en la perspectiva cínica del empresario que ejerce la complicidad civil: “Doy trabajo a miles de obreros./ Doy el brazo a mi señora./ Doy educación a mis hijos./ Doy limosna a los pobres./ Doy mi apoyo al gobierno./ Doy constitución al país. / […] Las definiciones deben ser claras y breves”. Allí los versos cortos y puntuales, la sintaxis lacónica, replican las órdenes castrenses, la claridad y la concisión para ejecutar atrocidades o para concebirlas.

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Millán crea en los 68 fragmentos de La ciudad un clima opresivo, denso, aplastante, donde las aliteraciones, las anáforas y los paralelismos sintácticos son las figuras retóricas que pueden expresar el horror y a la vez, poéticamente, conjurarlo.

La ciudad oculta

Autor: Gonzalo Millán

Género: poesía

Otras obras del autor: Seudónimos de la muerte; Dragón que se muerde la cola; Strange Houses; Trece lunas; Claroscuro

Editorial: Goma, $ 41.000