La Selección Argentina arribó a la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002 respaldada por una campaña histórica en las Eliminatorias Sudamericanas. Bajo la conducción técnica de Marcelo Bielsa, el equipo sumó 43 puntos, estableciendo una superioridad absoluta que lo ubicó como el máximo candidato.
El sorteo ubicó al conjunto nacional en el denominado "Grupo de la Muerte", junto a Nigeria, Inglaterra y Suecia. La expectativa era total, dado que el plantel contaba con figuras en plenitud europea como Gabriel Batistuta, Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón, Diego Simeone y Javier Zanetti.
El debut frente a Nigeria en Ibaraki trajo un alivio transitorio. Un cabezazo de Gabriel Batistuta a los 63 minutos selló el 1-0 definitivo. Aunque el resultado fue corto, el dominio territorial de Argentina fue evidente, disparando doce veces al arco frente a un rival que apenas inquietó.
Sin embargo, el clima interno y físico empezaba a dar señales de alerta. Según relata el periodista Ariel Senosiain en su libro Bielsa: Los años en la Selección, el desgaste tras una temporada europea extenuante afectó la intensidad característica que el entrenador exigía siempre.

El segundo compromiso ante Inglaterra en Sapporo marcó el punto de quiebre emocional. Un penal ejecutado por David Beckham antes del entretiempo sentenció la derrota por 1-0. Argentina no logró romper el cerrojo defensivo británico, evidenciando una preocupante falta de variantes ofensivas.
Claves tácticas y estadísticas de la caída argentina en 2002
La derrota ante los ingleses obligaba a la Selección a vencer a Suecia en la última jornada para no depender de otros resultados. El partido se disputó el 12 de junio en Miyagi. Bielsa mantuvo su esquema táctico de 3-3-1-3, confiando en la presión alta para asfixiar al ordenado equipo sueco.
Argentina ejecutó 15 tiros de esquina y mantuvo la posesión del balón durante el 65% del tiempo de juego. No obstante, la ineficacia frente al arco fue total. A los 59 minutos, un tiro libre de Anders Svensson superó la estirada de Pablo Cavallero, colocando un 0-1 que parecía definitivo.
Mientras se define el arribo de Coudet, cómo le fue a Marcelo Escudero al frente de River
El ingreso de Hernán Crespo por Gabriel Batistuta fue una de las decisiones más debatidas de aquel ciclo. Bielsa sostuvo siempre que ambos centrodelanteros no podían convivir en el campo, una postura que mantuvo incluso en el momento de mayor desesperación del fútbol nacional.
A falta de dos minutos para el cierre, un penal sobre Ariel Ortega permitió que Crespo anotara tras el rebote del portero Magnus Hedman. El 1-1 fue insuficiente. Con el silbatazo final del árbitro Ali Bujsaim, se consumó la eliminación argentina en la primera fase del certamen.
Fue la primera vez desde 1962 que Argentina se despedía de un Mundial en la fase de grupos. El impacto mediático fue devastador. La prensa internacional, que había catalogado al equipo como "el mejor del mundo" meses antes, no encontraba explicaciones lógicas para tal desenlace.

En la obra El Loco: Biografía de Marcelo Bielsa, Vicente Muglia detalla que el entrenador permaneció horas en el vestuario procesando la derrota. El sistema que había pulverizado a los rivales en Sudamérica colapsó ante planteos defensivos rígidos y una merma física irrecuperable.
La preparación en el complejo de J-Village también fue objeto de críticas posteriores. La humedad extrema y las distancias entre sedes afectaron la recuperación de jugadores clave. Verón y Simeone, ejes del mediocampo, llegaron con molestias que limitaron su despliegue habitual.
Las estadísticas finales del torneo reflejaron una paradoja estadística: Argentina fue uno de los equipos que más situaciones de gol generó en la ronda inicial. Sin embargo, solo pudo convertir dos tantos, uno de jugada tras rebote de penal y otro de pelota detenida en el debut.
Alerta roja por la Finalissima: ¿Dónde se jugará el Argentina-España si Qatar se baja?
El regreso al país fue silencioso y marcado por el fin de una era para varios referentes. Jugadores como Batistuta y Sensini cerraron su ciclo en la absoluta tras el fracaso en tierras asiáticas. El proyecto de Bielsa, pese al golpe, continuaría dos años más por decisión de la AFA.
La eliminación de 2002 permanece en la memoria del fútbol argentino como la gran oportunidad perdida. Un equipo que combinaba jerarquía, funcionamiento y una identidad clara, terminó sucumbiendo ante la efectividad de rivales que supieron explotar sus mínimas urgencias.