DEPORTES
Memorias del Fútbol Argentino

Los Carasucias de Boedo: la revolución técnica y juvenil de San Lorenzo en la década de 1960

Análisis del juego de San Lorenzo en los años 60, desde la audacia de los Carasucias hasta el invicto de los Matadores. Un ciclo de fútbol ofensivo que transformó la identidad del Ciclón.

Los Carasucias de Boedo: la revolución técnica y juvenil de San Lorenzo en la década de 1960
Los Carasucias de Boedo: la revolución técnica y juvenil de San Lorenzo en la década de 1960 | Captura X

En los albores de la década de 1960, San Lorenzo de Almagro inició una metamorfosis futbolística que alteraría los cánones del profesionalismo argentino. Bajo la influencia de visiones renovadoras, el club de Boedo priorizó la técnica individual por sobre el rigor físico predominante de la época.

La aparición de los denominados "Carasucias" en 1963 marcó un punto de inflexión generacional. Este grupo de jóvenes, promovidos desde las divisiones inferiores, impuso un estilo basado en la improvisación y el descaro, desafiando a los sistemas defensivos más experimentados del país.

Sebastián Driussi se lesionó otra vez y será baja en River por al menos tres semanas

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Narciso Doval, Fernando Areán, Victorio Casa, Héctor Veira y Roberto Telch conformaron la quintaesencia de este movimiento. Su despliegue en el campo se caracterizaba por paredes cortas y una rotación constante que desarticulaba las marcas personales típicas de los años sesenta en el país.

El periodista Osvaldo Ardizzone, en las páginas de la revista El Gráfico, describió a este equipo como una bocanada de aire fresco para un fútbol local que se percibía estancado. La frescura de estos juveniles no solo atrajo a la hinchada propia, sino que capturó al espectador neutral.

La consolidación táctica y el hito de los Matadores en 1968

El proceso de maduración técnica de este plantel encontró su pico máximo con la llegada del entrenador brasileño Tim. El técnico logró amalgamar la rebeldía de los Carasucias con un orden táctico superior, transformando el juego vistoso en un sistema de alta eficacia competitiva.

Los Carasucias de Boedo: la revolución técnica y juvenil de San Lorenzo en la década de 1960
El equipo de 1968, apodado "Los Matadores", perfeccionó la herencia de los Carasucias

La disposición estratégica de San Lorenzo permitía que jugadores como Roberto Telch controlaran el ritmo desde el mediocentro. Telch era el eje equilibrador que facilitaba la libertad creativa de los atacantes, asegurando una transición fluida entre la recuperación y la gesta ofensiva.

El estilo de juego se fundamentaba en la posesión inteligente del balón y la explotación de las bandas. Victorio Casa, a pesar de sus limitaciones físicas tras un accidente, aportaba una profundidad que ensanchaba el campo, obligando a las defensas rivales a dispersar sus esfuerzos.

En el libro San Lorenzo: Historia Sagrada, se resalta que el equipo de 1968, apodado "Los Matadores", perfeccionó la herencia de los Carasucias. Fue el primer campeón invicto del fútbol argentino, logrando un equilibrio inédito entre la estética lúdica y la contundencia goleadora.

La Selección Argentina ya tiene su campamento base para el Mundial 2026: los detalles de las sedes de alojamiento y prácticas

Héctor "Bambino" Veira representaba la genialidad imprevisible dentro de este esquema. Su capacidad para definir jugadas en espacios reducidos y su visión de gol lo convirtieron en el referente máximo de una delantera que promediaba una gran cantidad de anotaciones por partido jugado.

La defensa no quedaba relegada a un rol secundario en esta estructura técnica. Jugadores como el uruguayo Sergio Villar aportaban una salida limpia desde el fondo, evitando el pelotazo dividido y buscando siempre al compañero mejor ubicado para iniciar la construcción del juego.

El Metropolitano de 1968 fue el escenario donde San Lorenzo demostró que la juventud no era impedimento para la solidez. La victoria en la final ante el Estudiantes de La Plata de Osvaldo Zubeldía contrastó dos escuelas: el pragmatismo táctico frente a la libertad creativa.

Los Carasucias de Boedo: la revolución técnica y juvenil de San Lorenzo en la década de 1960
Narciso Doval, Fernando Areán, Victorio Casa, Héctor Veira y Roberto Telch conformaron la quintaesencia de este movimiento

Aquella final en el estadio de River Plate simbolizó el triunfo de la técnica sobre la fuerza. San Lorenzo logró imponer su ritmo de circulación rápida, desgastando a un rival que basaba su éxito en la disciplina férrea y la ocupación estratégica de los espacios críticos.

La mística de los Carasucias trascendió los resultados numéricos para instalarse en el imaginario colectivo. Se trataba de un fútbol que respetaba la esencia del potrero argentino pero con la disciplina necesaria para dominar el ámbito profesional de una liga muy competitiva.

El legado de la década de 1960 para el Ciclón fue la consolidación de una identidad ambiciosa. El club se convirtió en un referente de buen trato de balón, una marca registrada que intentaría replicar en las décadas posteriores como parte fundamental de su idiosincrasia.

Sebastián Driussi se lesionó otra vez y será baja en River por al menos tres semanas

Incluso ante la salida de figuras clave hacia mercados extranjeros, la estructura formativa de San Lorenzo continuó produciendo futbolistas con el mismo perfil técnico. La década cerró con la certeza de que el talento joven era el motor principal para alcanzar la gloria deportiva.

La importancia de este ciclo radica en haber demostrado que un equipo podía ser campeón sin renunciar al espectáculo. La combinación de técnica individual, despliegue físico coordinado y una mentalidad ofensiva sin complejos definió a una de las mejores eras de Boedo.