La organización del Mundial de la FIFA 2026 en los Estados Unidos, México y Canadá sumó un fuerte componente de debate político y deportivo tras las designaciones del gobierno estadounidense. El presidente Donald Trump colocó a Andrew Giuliani al frente de la dirección ejecutiva del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca (Task Force) dedicado exclusivamente a supervisar la máxima cita del fútbol global. La decisión generó inmediatas repercusiones tanto en el plano institucional de la FIFA como en la opinión pública, debido a su perfil y a sus antecedentes ajenos a la disciplina.
El mundo sin director: amenazas, retrocesos y negociaciones opacas
Lazos familiares, política y su pasado deportivo
Andrew Giuliani no es un nombre ajeno a las altas esferas de Washington y Nueva York. Es hijo de Rudy Giuliani, el exalcalde de la ciudad de Nueva York y abogado personal de Trump durante años, lo que lo vincula de manera directa con el núcleo duro del movimiento "MAGA". A nivel profesional, Andrew se desempeñó anteriormente en la gestión pública como asesor especial durante el primer mandato del líder republicano.

Sin embargo, antes de volcarse por completo a la política, la gran pasión de Giuliani hijo fue el golf, disciplina en la que intentó forjar una carrera profesional y en la que se destaca como un jugador altamente competitivo. Fue precisamente esa faceta deportiva la que Trump elogió públicamente al asignarle el puesto para el Mundial, al definirlo como una persona sumamente competitiva y capaz de llevar adelante la planificación del torneo.
El recelo de la FIFA y el desafío logístico de cara al torneo
A pesar del fuerte respaldo presidencial, el nombramiento de Giuliani encendió alarmas dentro de la cúpula de la FIFA. Los líderes de la federación internacional expresaron un marcado escepticismo sobre si el funcionario cuenta con los conocimientos necesarios para dirigir un evento de esta escala. El propio Giuliani admitió públicamente que no es un experto en las terminologías del fútbol, comentando con tono de humor en ruedas de prensa que todavía se encuentra adaptándose a los tecnicismos deportivos del sector.
El grupo de trabajo comandado por el neoyorquino opera bajo la órbita del Departamento de Seguridad Nacional y tiene a su cargo áreas sumamente sensibles como el control fronterizo, la infraestructura edilicia y la emisión de visas. Con estimaciones de flujo migratorio que superan los cinco millones de espectadores extranjeros y la participación de 48 selecciones, Giuliani enfrenta el reto de congeniar las estrictas políticas de seguridad y fronteras de la administración Trump con las exigencias comerciales y de accesibilidad dinámica que requiere el organismo regulador del fútbol.
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