DOMINGO
Constitución social

La clase dominante

A lo largo de este trabajo analizamos la intervención política de la burguesía en la Argentina entre 1955 y 1976. Es decir, en el punto más álgido de una crisis […] que fracturó a la clase dominante agudizando la lucha interburguesa, en la que los distintos bloques patronales esgrimieron diferentes estrategias y programas para imponer sus intereses. […]

En ese campo, los distintos agrupamientos burgueses definieron los programas con los que intervinieron en la crisis. La burguesía agropecuaria era partidaria de un ajuste radical: reducir al mínimo los gastos estatales y eliminar por completo las transferencias de ingresos entre el agro y la industria, condenando a la quiebra a buena parte del entramado industrial que dependía de las políticas proteccionistas, y al desempleo a buena parte de la clase obrera. Este es el programa liberal-agropecuario. Por su parte, la burguesía industrial de menor tamaño, la que contaba con menos recursos para sobrevivir al desatarse las tendencias a la concentración del capital, postuló como alternativa sostener un proteccionismo generalizado que permitiera la supervivencia de todas las capas industriales, sin formular una propuesta clara respecto a los recursos con que se sostendría tal esquema. Este es el programa de “liberación nacional”. Por último, entre ambos extremos, se ubicaron los grandes grupos económicos industrial-financieros de origen nacional y extranjero, que compartían con la burguesía agropecuaria la necesidad de un ajuste para resolver la crisis, pero que disentían en la magnitud que este debería adquirir, en tanto presentaban la misma debilidad que la burguesía industrial de menor tamaño: no podían sobrevivir en el mercado interno sin protección. Por eso la principal propuesta de esta capa fue el proteccionismo selectivo: desatar el ajuste sobre las capas más débiles de la burguesía industrial, mientras se mantenía la protección para los grandes, que absorberían a los chicos (o sus mercados) en el proceso de concentración y centralización, elevando su escala. En paralelo, buscaron abrir nuevos negocios a la sombra del Estado, como el Polo Petroquímico de Bahía Blanca o la privatización periférica de YPF. Este programa es el que denominamos liberal-desarrollista. […]

A lo largo de este proceso, emerge y se consolida una capa de la clase dominante que terminó imponiendo su programa en la disputa hegemónica: la gran burguesía liberal-desarrollista. Este hecho, constatado a lo largo del trabajo, es el hallazgo más relevante de este libro. […] Tanto por los prejuicios dominantes respecto al accionar de las distintas capas y fracciones de la burguesía, como por las formas organizativas que asumió el grupo de dirigentes industriales que promovió tal alternativa, el programa que emergió triunfante con el golpe del 76 es el que no había sido detectado por quienes estudiaron la etapa.

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Así, el proceso que reconstruimos en este libro puede leerse como el largo y sinuoso camino que recorrió una capa específica de la clase dominante argentina, la gran burguesía industrial-financiera, para imponer, al final de este recorrido, una hegemonía específica: la liberal-desarrollista. […] Tras el intento fallido en 1966, en 1976 esta capa se consolidó en el poder, de donde no logró ser desplazada. Bajo distintas denominaciones la veremos gravitar siempre en torno al Estado, resguardando los mecanismos de protección que garantizan su supervivencia. Durante la última dictadura se los conoció como la “patria contratista”, en los 80 como los “capitanes de la industria”, en los 90 como el “club de los exportadores”, en los 2000 como la “mafia de los cuadernos” y más recientemente como el “círculo rojo”. Aunque su composición ha ido variando, mantienen una constante: son los grupos económicos más importantes de la Argentina, de origen nacional y extranjero, con un centro en el mundo financiero-industrial antes que agrario, que necesitan para sobrevivir en el mercado interno (y eventualmente exportar) de la protección y los negocios que emergen de su asociación con el Estado. […] Han sorteado exitosamente distintos intentos de ajustarla y subordinarla: hacia el final del ciclo alfonsinista, durante el menemismo, con el kirchnerismo, con Macri, y lo están haciendo nuevamente con Milei. Para los sectores que integran este “círculo rojo” los aranceles nunca desaparecen, los regímenes de promoción no se eliminan, los subsidios no se recortan y las contrataciones del Estado no se acaban. En momentos en que se impone un discurso donde los trabajadores ocupados y desocupados aparecemos a los ojos del poder como la “casta”, los “privilegiados”, los “vagos” o los “planeros”, sería bueno poner sobre la mesa lo que se observa a lo largo de este libro: en la Argentina no somos los trabajadores los que sobramos, no somos la casta ni los que tenemos privilegios. […]

*Autor de Los golpistas. Ediciones ryr (Fragmento).