La industria metalúrgica atraviesa un momento de fuerte tensión que se vive con mayor profundidad en el interior productivo, donde muchas localidades viven al ritmo de sus fábricas. Así lo describió Juan Fernando Torresi, secretario general de ADIMRA, al analizar la situación de la maquinaria agrícola en Las Parejas, Santa Fe, uno de los polos industriales más importantes del país que forma el cluster que se lleva su nombre junto a Armstrong y Las Rosas, representando más del 60% de la producción nacional de implementos agrícolas.
“En términos subjetivos es angustiante. En términos objetivos, hay una gran caída interanual de la actividad”, señaló Torresi. Según explicó, muchas plantas del sector trabajan con una utilización de capacidad instalada inferior al 40%, con menos pedidos, menos horas de producción y un horizonte que, por ahora, no muestra señales claras de recuperación.
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El dato preocupa porque la maquinaria agrícola venía siendo uno de los segmentos que lograba sostenerse mejor dentro del universo metalúrgico. Sin embargo, la caída de la demanda empezó a sentirse incluso en este sector, tradicionalmente ligado al dinamismo del campo.

Torresi aclaró que, en este caso, el problema no pasa tanto por la competencia importada. “La maquinaria agrícola y los bienes de capital que se fabrican en Argentina son muy competitivos, incluso con capacidad exportable”, sostuvo. El punto central, dijo, es otro: la demanda está deprimida.
El dirigente también reconoció que es llamativo el parate porque llega en un contexto de buena producción agrícola y precios favorables en la ganadería. A pesar de todo, el productor no está renovando maquinaria como en otros momentos. Según Torresi, hubo un cambio en la conducta de quienes producen en el campo, muchos de los cuales no son dueños de la tierra, sino arrendatarios o actores vinculados a la producción que hoy no encuentran incentivos suficientes para invertir.
“El que deja de comprar, arregla la máquina”, resumió Torresi. Esa decisión, lógica en un escenario de cautela, tiene impacto directo sobre toda la cadena. No sólo venden menos los fabricantes de equipos, también se frena la demanda hacia fundiciones, autopartistas agrícolas, proveedores de tecnología, sensores y otros eslabones del entramado industrial.

Fábricas con menos actividad, ajuste de horas trabajadas
En las fábricas, el cuadro se traduce en menos actividad. Primero se reducen turnos o se ajustan horas. Después, las empresas buscan cómo sostener a sus trabajadores. “El industrial metalúrgico trata de mantener la capacidad en el corto plazo. Se inventa trabajo”, explicó Torresi. Y puso ejemplos simples, pero muy gráficos: reparar una máquina que venía postergada, pintar la planta, ordenar tareas internas. Todo para evitar que la fábrica se apague.
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Detrás de esa estrategia hay una razón de fondo. Las pymes metalúrgicas no quieren desprenderse de sus equipos de trabajo. El capital humano, en este sector, no se consigue de un día para el otro. Se forma dentro de la empresa, con experiencia, oficio y capacitación propia.
“Cuando una empresa pierde continuidad, se descapitaliza. Después le cuesta mucho volver a retomar la curva de experiencia y productividad”, advirtió el secretario general de ADIMRA. Por eso, aun en un contexto complicado, muchas firmas intentan resistir antes que despedir.
El caso de Las Parejas, el cluster del "pleno empleo"
Las Parejas es un caso emblemático. La ciudad santafesina, reconocida como capital nacional de la pyme agroindustrial, llegó a tener pleno empleo. Hoy, según Torresi, el escenario cambió. No se observa una ola de despidos generalizada, pero sí una baja fuerte en el ritmo de trabajo. Y eso, en comunidades donde la industria ordena buena parte de la vida económica local, se nota rápido.
La preocupación no es sólo productiva. También pesa el ánimo. “La utilización de la capacidad por debajo del 40% no genera solamente menos posibilidades de trabajo o de mejorar salarios, sino también desgano y desmotivación porque no hay perspectivas”, señaló

De todos modos, el dirigente señaló que el panorama no es igual para toda la metalurgia y marcó que hay sectores vinculados a la energía, la minería o la logística que muestran otro dinamismo, pero en los segmentos atados al agro, la construcción o la línea blanca, el contexto aparece mucho más difícil.
¿Puede ser una opción la reconversión?
Frente a la caída de la demanda, algunas empresas buscan reconvertirse. No siempre es sencillo. Torresi explicó que muchas firmas tienen capacidades instaladas que podrían aplicarse a otros rubros: soldadura, ingeniería, desarrollo de piezas, conocimiento técnico. Pero esa transición requiere tiempo y financiamiento. Y muchas veces la coyuntura aprieta antes.
“El sector productivo argentino es dinámico, innovador y competitivo. Pero no puede todo el tiempo tratar de reconvertirse”, planteó. La frase refleja una tensión muy presente en la industria: adaptarse para sobrevivir, pero sin perder el rumbo productivo ni descapitalizarse en el camino.
Hacia adelante, el dirigente no ve todavía una recuperación generalizada para el segundo semestre. Puede haber nichos con alguna mejora estacional, pero no un cambio fuerte de tendencia. “Hace mucho tiempo que no tenemos estos pisos”, remarcó. Mientras tanto, las fábricas buscan oportunidades, nuevos horizontes y formas de sostenerse.
El diagnóstico, por ahora, es el de resistir a la espera de mejores tiempos.
Menos pedidos, plantas trabajando por debajo de su capacidad y empresarios intentando preservar el empleo en un escenario de baja demanda se vuelven espejo de lo cotidiano. En palabras de Torresi, la expectativa es poder volver a conversar en unos meses “con un cambio de panorama”. Por ahora, la industria metalúrgica espera señales. Y trata, como puede, de no apagar las máquinas.
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