ECONOMIA
Actividad industrial

Cada vez hay más maquinas apagadas en la industria mientras se asoma el fantasma de la recesión

La capacidad instalada se utilizó al 58,5% en agosto, por debajo de un año atrás. Pese al rebote mensual, la producción industrial acumula una caída del 2,7% en 2026. La metalmecánica y la automotriz, entre las más golpeadas.

09-10-2026 empleo industria caída
INDUSTRIA. Caída del empleo. | NA/Archivo.

Los últimos datos oficiales muestran que la industria argentina sigue sin encontrar un piso y alimentan las dudas sobre la recuperación de la actividad económica. En agosto, la utilización de la capacidad instalada se ubicó en el 58,5%, por debajo del 59,6% registrado en el mismo mes del año pasado, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Aunque el indicador mostró una leve mejora frente a julio, todavía refleja no solo las dificultades de las fábricas para aprovechar plenamente sus instalaciones, sino que sumado al deterioro general, reavivan los temores a una recesión.

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El dato adquiere mayor relevancia cuando se lo analiza junto con la evolución de la producción manufacturera. Después de caer un 5,1% en julio, la industria rebotó un 1,9% mensual en agosto, pero el repunte solo recuperó una parte de lo perdido. En la comparación interanual, la producción retrocedió un 3,2% y acumuló una caída del 2,7% en los primeros ocho meses de 2026.

La utilización de la capacidad instalada mide qué proporción del potencial productivo de las fábricas se encuentra efectivamente en uso. En otras palabras, permite dimensionar cuánto margen tiene la industria para aumentar su producción con las instalaciones que ya posee, sin necesidad de realizar nuevas inversiones.

Sin embargo, el promedio general esconde diferencias importantes entre las distintas ramas manufactureras. Mientras algunas actividades trabajan cerca de sus límites productivos, otras mantienen una proporción considerable de sus instalaciones sin utilizar. Esa brecha expone las dificultades de los sectores más ligados al mercado interno y abre interrogantes sobre su capacidad para sostener la producción, el empleo y la inversión.

La preocupación por la capacidad ociosa de la industria se suma a las señales de enfriamiento de la actividad económica y al temor de que la economía argentina entre en recesión. En el segundo trimestre, el Producto Bruto Interno (PBI) cayó un 0,6% frente a los tres meses anteriores, luego de haber crecido un 0,7% en el primero. El dato encendió las alertas sobre la evolución de la actividad en la segunda mitad del año.

A ese resultado se agregó la fuerte caída del estimador mensual de actividad económica (EMAE) en julio, cuando retrocedió un 2,9% respecto de junio y un 1,4% interanual. Si bien el rebote industrial de agosto podría moderar parte de ese deterioro, la caída interanual de la producción y el bajo uso de la capacidad instalada todavía plantean dudas sobre la solidez de una eventual recuperación.

El riesgo es que la debilidad se prolongue durante el tercer trimestre. Si el PBI vuelve a contraerse entre julio y septiembre, la economía acumularía dos trimestres consecutivos de caída, la definición habitual de recesión técnica. En ese escenario, la capacidad ociosa de las fábricas sería una de las señales de las dificultades para reactivar la producción, recomponer la inversión y sostener el empleo.

Industria

La metalmecánica y la automotriz, entre los sectores más golpeados

La industria metalmecánica, excluida la actividad automotriz, registró en agosto una utilización de la capacidad instalada del 35,9%, frente al 44,6% de igual mes del año pasado. Se trata del nivel más bajo entre los bloques sectoriales relevados por el INDEC.

El organismo explicó que el deterioro estuvo vinculado principalmente con la menor producción de maquinaria agropecuaria y de aparatos de uso doméstico. En la comparación interanual, la fabricación de maquinaria agropecuaria cayó un 37,9%, mientras que la producción de electrodomésticos y otros aparatos de uso doméstico retrocedió un 28%.

La industria automotriz tampoco logró revertir la tendencia. La utilización de su capacidad instalada se ubicó en el 46,2%, por debajo del 53,3% registrado en agosto de 2025. La baja respondió a la menor cantidad de unidades fabricadas por las terminales.

Otros sectores también mostraron niveles inferiores al promedio industrial. En la industria textil, la utilización fue del 44,6%; en los productos del tabaco, del 44,4%; y en los productos de caucho y plástico, del 40,9%.

En el otro extremo, la refinación del petróleo encabezó el ranking, con una utilización del 88,8%, seguida por las industrias metálicas básicas, con el 70,1%; los productos alimenticios y bebidas, con el 66,4%; y las sustancias y productos químicos, con el 65,2%.

La dispersión sectorial refleja una industria que funciona a distintas velocidades. Las actividades con mayores niveles de utilización conviven con otras que cuentan con un amplio margen de capacidad ociosa, una situación que limita los incentivos para ampliar la producción y realizar nuevas inversiones en los segmentos más comprometidos.

El riesgo de que la capacidad ociosa se transforme en cierres de empresas

Para Tomás Amerio, economista de la Fundación Libertad y Progreso, el dato de agosto debe analizarse especialmente a partir de la evolución acumulada de la utilización de la capacidad instalada y su relación con la producción manufacturera.

“El 58,5% de agosto importa menos por la caída frente a los 59,6% de un año atrás que por lo que muestra el acumulado. Entre enero y agosto la utilización promedió 57,8%, exactamente lo mismo que en 2025, aunque la producción manufacturera acumula una caída de 2,7%. Que el uso no empeore con menos producción sugiere que la capacidad instalada también se está achicando, por cierres de líneas o de plantas, y que el ajuste se hace por el lado de la oferta. La dispersión sectorial muestra eso: los sectores ligados a recursos y exportación, operan por encima de 65%, mientras los dependientes del mercado interno, quedan en niveles que no justifican nueva inversión. Si el consumo se recupera, probablemente se absorba con capacidad ociosa antes que con empleo o inversión industrial”, mencionó.

En la misma línea, Diego Koatz, director ejecutivo de I+D, advierte que el repunte mensual de agosto no modifica el panorama general. Para el economista, la mejora llegó después de la caída del 5,1% de julio y solo compensó una parte del retroceso anterior, en un contexto en el que la actividad acumula una contracción del 2,7% en lo que va del año.

Koatz plantea que sostener capacidad ociosa consume capital y pone en riesgo la continuidad de las empresas y los puestos de trabajo. Una fábrica puede atravesar algunos meses cubriendo sus costos pese a producir por debajo de su potencial, pero esa situación no resulta sostenible indefinidamente. En ese marco, I+D proyecta que durante 2026 podrían desaparecer alrededor de 3.000 empresas industriales.

Costos en alza, márgenes más estrechos y presión importadora

Koatz también pone el foco en la evolución de los costos y los precios relativos. Según los cálculos de I+D, entre enero y agosto los precios industriales subieron un 8,3% en dólares, frente al 21% de los servicios y al 41% de la electricidad. Desde su perspectiva, esa dinámica reduce los márgenes de las empresas industriales y dificulta la posibilidad de sostener la producción cuando las ventas no alcanzan para absorber los costos.

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A esa situación se suma la presión de la competencia externa. El Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) informó en septiembre que seis de cada diez empresas industriales encuestadas consideraban alto o muy alto el impacto de la competencia desleal y el contrabando sobre su actividad.

Para I+D, la falta de herramientas de política productiva también profundiza las dificultades. Entre los problemas que identifica se encuentran las restricciones al crédito y a las garantías, los reintegros pendientes y los saldos impositivos acumulados que, según su análisis, inmovilizan recursos necesarios para sostener las operaciones e invertir. También advierten sobre los efectos del contrabando y del retiro de medidas antidumping sobre determinados sectores locales.

Desde la consultora agregaron que el desafío pasa por lograr que las grandes inversiones previstas en el país generen oportunidades para los proveedores nacionales. En agosto, las compras externas de los doce importadores relevados por ADIMRA alcanzaron los US$139,9 millones, un récord para ese universo de empresas, de acuerdo con los datos citados por I+D. Según el análisis, China concentra cerca del 29% del total acumulado.

Los analistas advierten por una recuperación desigual y persiste el riesgo de recesión

Para Joaquín Rumbo, contador público y socio del estudio contable Rumbo & Asociados, los datos de capacidad instalada son relevantes para evaluar la situación industrial, pero no alcanzan por sí solos para anticipar una recesión. En ese análisis también deben contemplarse la evolución del consumo, la inversión, el empleo y el nivel general de actividad.

“Lo que muestran estos datos es que una parte del sector industrial continúa operando por debajo de su potencial, en un contexto de recuperación desigual”, señaló. Además, remarcó la relación entre el mercado laboral y la demanda interna: “sin empleo de calidad, no hay consumo y que sin consumo interno no hay posibilidad de que la capacidad instalada esté en sus niveles normales”.

A su entender, la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para una recuperación más extendida. También consideró fundamentales el acceso al crédito, la reducción de costos y la recomposición del poder adquisitivo para impulsar el consumo interno y mejorar la competitividad de los sectores más comprometidos.

En cuanto a los próximos meses, el contador anticipó que probablemente continúe la diferencia entre actividades. Mientras la inversión y las exportaciones podrían impulsar a los sectores más dinámicos, la evolución del consumo, los ingresos reales y el endeudamiento de los hogares serán determinantes para las empresas que venden principalmente en el mercado interno.

Por su parte, Nicolás Parreira, economista y director de Grupo Sigma, también planteó un escenario de cautela. “El escenario de recuperación que proyectaba el REM para la segunda mitad del año se volvió más exigente después de los últimos datos de actividad”, advirtió.

El economista señaló que la caída del PBI del 0,6% en el segundo trimestre y la contracción mensual del 2,9% del EMAE en julio obligan a seguir de cerca los datos de los meses siguientes. En ese sentido, consideró que agosto y septiembre serán determinantes para establecer si el retroceso de julio fue puntual o si responde a una prolongación del deterioro económico.

Su expectativa es que, si la recuperación comienza a consolidarse, seguirá siendo heterogénea. Las actividades vinculadas con la energía y los recursos naturales podrían mantener un desempeño más favorable, mientras que la industria, el comercio y la construcción necesitarán una recuperación más sostenida de la demanda y mejores condiciones financieras.

“No descartaría una mejora de actividad durante los últimos meses del año, pero tampoco esperaría un rebote generalizado e inmediato”, afirmó. Para que la recuperación sea consistente, agregó, será necesario que el consumo y la inversión comiencen a acompañar y que esa mejora se traduzca en mayores niveles de producción industrial.

Por último, Parreira consideró que el próximo EMAE será clave para determinar si la economía consiguió estabilizarse después de la caída de julio. Hasta entonces, su escenario es de crecimiento débil y desigual, con riesgos de una nueva contracción trimestral.

FN