Con un dólar que mostró menor volatilidad en las últimas semanas, el foco de los inversores vuelve a desplazarse hacia una pregunta central: cómo invertir en febrero de 2026 sin perder poder adquisitivo y, al mismo tiempo, aprovechar las oportunidades que ofrece un escenario financiero más estable en lo cambiario, pero todavía desafiante en términos de inflación y tasas.
En 2025, invertir afuera rindió más: el S&P 500 superó a todos los activos argentinos
Especialistas coinciden en que no existe una receta única. La clave pasa por alinear cada decisión de inversión con el perfil de riesgo y los objetivos personales de cada ahorrista.

Perfiles y estrategias de inversión
Ariel Mamani, fundador de INVERARG , plantea que una forma práctica de ordenar el análisis es dividir a los inversores en tres grandes perfiles: conservador, moderado y agresivo. “No se trata de etiquetas rígidas, sino de una manera práctica de agrupar comportamientos y tolerancias al riesgo.”, explica.
Perfil conservador: liquidez antes que rendimiento
El inversor conservador prioriza preservar el capital. En este grupo suelen aparecer instrumentos como el plazo fijo, las billeteras virtuales o los fondos comunes de inversión de corto plazo. Sin embargo, Mamani advierte que hoy estas alternativas funcionan más como herramientas de liquidez que como inversiones reales.
Con tasas promedio de plazo fijo en torno al 27% anual (alrededor de 2,25% mensual), los rendimientos quedaron por debajo de las últimas mediciones de inflación —2,3% en octubre, 2,5% en noviembre y 2,8% en diciembre de 2025—, lo que implica una pérdida de poder adquisitivo si la inflación se mantiene en estos niveles.
Dentro de este perfil aparecen opciones algo más sofisticadas. Los bonos ajustados por inflación (CER), como el TX28, permiten acompañar la evolución de los precios hasta 2028, sumando un interés real cercano al 7% anual. También se destacan las letras del Tesoro, que ofrecen tasas de entre 35% y 36% anual, superando al plazo fijo tradicional y con mayor flexibilidad.
Desde la mirada de David Miazzo, economista y director de DATA Miazzo, este contexto refuerza el atractivo de las letras del Tesoro frente a plazos fijos y cuentas remuneradas que hoy pagan entre 25% y 27% TNA. Además, señala que los bonos CER recuperaron atractivo al permitir asegurar retornos reales positivos en un escenario de inflación más persistente de lo previsto.
Perfil moderado: equilibrio y diversificación
El perfil moderado acepta cierta volatilidad con el objetivo de mejorar los rendimientos. Aquí suele combinarse renta fija y renta variable, buscando un equilibrio entre estabilidad y crecimiento.
Los bonos soberanos en dólares aparecen como una herramienta para dolarizar parte del portafolio. En este sentido, Miazzo destaca al AL30 como una opción balanceada: rinde en torno al 10% anual y cuenta con amortizaciones semestrales, lo que brinda mayor protección frente a eventuales subas del riesgo país.
También ganan espacio los fondos que replican índices como el S&P 500, permitiendo diversificar entre sectores y geografías. “La lógica es diversificar: distintos sectores, distintas geografías y distintos tipos de riesgo, evitando depender de un solo activo o mercado", resume Mamani.
A esta mirada se suma la de Elena Alonso, asesora financiera, quien propone pensar el perfil moderado desde una lógica de largo plazo y construcción de escenarios. “Me gusta armar carteras que contemplen distintos contextos posibles, con una parte dolarizada que genere renta en dólares”, señala.
En ese esquema, Alonso destaca instrumentos como los Bopreal y las obligaciones negociables de empresas grandes y de alta calidad crediticia, apuntando a rendimientos cercanos al 8% anual en dólares y minimizando el riesgo de default.
Para la porción de renta variable, sugiere una exposición gradual a través de CEDEARs antes que acciones locales. “Esperaría a que repunte la economía para aumentar la participación en acciones, sobre todo teniendo en cuenta el perfil moderado”, aclara.
Además, remarca el atractivo de aprovechar las tasas reales todavía elevadas. Los bonos ajustados por inflación ocupan un lugar central en su estrategia: “Hay instrumentos que rinden inflación más 8% o 9%. En ese caso le ganás a casi todos los escenarios: si sube el dólar, la inflación también, y quedás cubierto; y si el dólar se mantiene estable, la inflación tarda en bajar y no perdés poder adquisitivo”.
Perfil agresivo: maximizar crecimiento
Para quienes toleran fuertes subas y bajas, el perfil agresivo apunta a maximizar el crecimiento del capital. "Predominan las acciones, los ETFs sectoriales —especialmente tecnológicos— y una exposición acotada a criptomonedas de mayor capitalización", comenta Mamani.
En renta fija, Miazzo señala que para inversores que priorizan rendimiento y aceptan mayor volatilidad, el bono soberano AE38 sigue siendo atractivo, con rendimientos por encima del 10% y el mayor cupón del mercado (5%).
La educación financiera como activo central
Más allá de los instrumentos, los especialistas coinciden en que la educación financiera es un factor decisivo. La renta variable no sigue trayectorias lineales y los resultados dependen, en gran medida, de sostener las inversiones en el tiempo.
Mamani pone el foco especialmente en los jóvenes y el poder del interés compuesto. Un ejemplo lo ilustra con claridad: una persona que comienza a los 18 años a invertir 50 dólares mensuales y lo hace hasta los 65, habrá aportado unos US$28.250.
Sin embargo, suponiendo un rendimiento anual promedio del 10% —el histórico del S&P 500—, el capital final superaría los US$ 527.000.
En un contexto de dólar más calmo pero con desafíos macroeconómicos latentes, la conclusión es clara: más que buscar “la inversión perfecta”, el diferencial pasa por informarse, diversificar y elegir estrategias coherentes con cada perfil y horizonte de tiempo.
FN