—Doctor Gustavo Lupetti: ¿Cómo explica que Aeropuertos se
hubiera salvado de la estatización, como ocurrió con el Correo, habida cuenta de los grandes
incumplimientos contractuales que tenía la empresa?
—Desconozco las condiciones contractuales que tuvo el Correo. En nuestro caso, desde el
primer momento
el Estado Nacional
incumple: 1)
Con la entrega en tiempo y forma de los aeropuertos. 2)
No comunicar a los entes crediticios, que a la sazón habían
otorgado créditos por US$ 750 millones,
del plan de remediación ambiental que exigía el contrato de
concesión y que era su responsabilidad. 3)
Haber bajado la tasa aeroportuaria en los vuelos de cabotaje de $5
a $3 unilateralmente, contraviniendo disposiciones contractuales. 4)
No haber adecuado la tasa internacional al terminarse la primera
etapa del Aeropuerto de Ezeiza, como lo establecía el contrato. 5)
Haber exigido por presiones provinciales inversiones
extraordinarias en distintos aeropuertos, que no estaban previstas contractualmente y que no
fueron reconocidas posteriormente como inversiones. 6)
No haber definido el traslado
de Aeroparque a Ezeiza, tal como estaba establecido en el
contrato de concesión, generando un enorme costo adicional no previsto en el contrato. Y así
podríamos seguir con muchos otros. Además, supongo que el
Gobierno habrá evaluado nuestras inversiones, que están a
la vista. En el corto período de la concesión, hemos construido siete aeropuertos nuevos: Iguazú,
Salta, Córdoba, Ezeiza, Aeroparque, Bariloche y Río Gallegos. Modernizamos muchos otros y
mantuvimos el conjunto total de aeropuertos en perfectas condiciones, muchos de ellos sin vuelos y
durante el período mas crítico de la economía argentina en su historia.
—¿Cómo fue que el consorcio asumió tantas deudas (desde el
principio de la concesión, descontada la deuda del Estado con AA2000, llegaron a los US$ 850
millones) en tan poco tiempo de concesión?
—En nuestro caso, más que hablar de deudas debería hablarse de un desajuste del
contrato: a cuatro meses de tomar el primer aeropuerto, el organismo regulador (ORSNA) disminuyó de
US$ 18 a US$ 8 la tasa de los pasajeros regionales. El canon que la empresa estatal Intercargo
debía pagarnos, de US$ 207.000, fue reducido –sin nuestra participación y sin compensación
hasta el presente– a US$ 156.000, luego pesificados. Por decreto, antes de la salida de la
convertibilidad, el Gobierno disminuyó unilateralmente dos tasas que cobramos a las líneas aéreas
en un 15% y en un 56%, para ayudar a Aerolíneas Argentinas, que sin embargo se constituyó en
nuestro principal deudor. Ese contexto se completa con la caída del tráfico de cabotaje, por el
concurso o directamente la desaparición de las líneas aéreas nacionales (Kaiken, Dinar, LAER,
Southern Winds, American Falcon), que comenzó en el año 2000, y con la caída del tráfico
internacional después del 11-S.
—¿Cómo se negocia para condonar una deuda de esa magnitud
con el Gobierno, de forma tal de que el Estado capitalice esos pasivos en la compañía?
—El contrato debía respetar un principio de política de Estado invariable, como lo es
el de los subsidios cruzados (con 2 aeropuertos superavitarios se financian 31 deficitarios),
muchas veces criticado por las líneas aéreas. La capitalización fue una alternativa. Existen
diversas soluciones que tuvimos que evaluar. Esta alternativa no fue descartada cuando apareció y
trabajamos sobre ella, por cuanto nunca nos pareció disvaliosa la asociación con el Estado en una
actividad como esta.
—El tráfico comercial y de turistas internacionales ha
crecido sostenidamente desde la salida de la convertibilidad y hoy atraviesa un boom. AA2000 cobra
tasas aeroportuarias dolarizadas. ¿Esos fondos no alcanzan para financiar el funcionamiento de los
aeropuertos?
—La premisa de su pregunta es absolutamente falsa.
En el año ’99 el tráfico de pasajeros superaba los 22
millones y en la actualidad
solo llega a 18. Además, tenga en cuenta, también, que las
empresas aéreas nacionales que quebraron y la propia Aerolíneas Argentinas incumplían el pago de
las tasas, y dejaron adeudando al concesionario una suma del orden de los US$ 60 millones.
—Las aerolíneas internacionales también cuestionaron la
renegociación del contrato. Afirman que las tasas que les cobran no se corresponde con los
servicios que les prestan. Y sostienen que hay muchas líneas aéreas que revisarán su actividad en
el país.
—No son las líneas aéreas: son organizaciones que las agrupan y que tienen intereses
bien diferentes entre ellas. Existen líneas aéreas que, individualmente, nada tienen que criticar.
Saben que volar a Buenos Aires es negocio, hacen lo suyo y les va muy bien. Nadie vuela a un
destino o deja de volar por el costo aeroportuario. Si es negocio, vuelan. Y cuando la Argentina
dejó de serlo, sufrió la huida de varias de ellas, que ahora van retornando lentamente. A lo que
IATA se opone en el mundo es al “subsidio cruzado”, que la Argentina adoptó como
política de Estado, considerando y valorando su mercado aerocomercial, su extensión territorial y
las necesidades de la red aeroportuaria. Y lo que no se puede hacer alegremente es comparar el
aeropuerto de Ezeiza con los de EE.UU., Europa y Asia, ya que éstos no sólo difieren enormemente en
el tráfico sino que además Ezeiza subsidia un sistema, cosa que no ocurre en Atlanta, Tokio o
Frankfurt. Las líneas aéreas cobran en dólares o euros todos lo destinos, desde cualquier lugar del
mundo, pagan el combustible y los leasing en dólares o euros. ¿Por qué pretender entonces que en la
Argentina no se paguen los costos aeroportuarios en dólares?
—¿Por qué en el nuevo contrato se reducen significativamente
las inversiones por realizar?
—No es cierto que se reduzcan las inversiones. Este
planteo fue efectuado por un legislador en el debate parlamentario. En realidad, hay una
confusión. ¿Qué se comparan: obras o montos? ¿Montos en
pesos o en dólares? Una obra que costaba US$ 6 millones en 1998, no cuesta US$ 6 millones en 2007,
pero tampoco cuesta $ 6 millones. Hay que comparar obras, las obras necesarias con el tráfico que
tenemos y vamos a tener.
—¿Por qué se redujo el canon de US$ 170 millones a US$ 120
millones?
—Cuando el concesionario hizo su oferta, el canon ofrecido estaba en relación directa a
los pasajeros que el Estado establecía en el pliego licitatorio, como también las inversiones. Para
que tenga una idea, en el año 2003, de acuerdo al pliego, estaban proyectados 26,7 millones de
pasajeros y se verificaron 13,8 millones: casi la mitad. Al caerse los pasajeros por las
circunstancias apuntadas, es lógico que el canon y las inversiones deban modificarse. Supóngase,
por el absurdo, que si la Argentina cerrara sus fronteras y nadie más ingresara al país por
Ezeiza... ¿Qué se pretendería, que se pague el mismo canon y se hagan las mismas inversiones? Se
establece en el contrato nuevo un monto variable del 15% sobre todos los ingresos, con el que
seguramente en poco tiempo llegaremos a los US$ 171 millones.
—Uno de los cuestionamientos al contrato es que mientras la
empresa pesificó sus deudas financieras, los ingresos, como las tasas aeroportuarias, se
mantuvieron en dólares.
—Al momento de la salida de la convertibilidad y la devaluación, teníamos deudas por
obligaciones negociables de US$ 150 millones que no se pesificó, insumos para inversiones,
operaciones y mantenimientos que tampoco se pesificaron. Las tasas de cabotaje se pesificaron (son
de las más bajas del mundo) y los ingresos comerciales (lo que se cobra a quienes realizan
actividades en el aeropuerto) también.
—¿El Estado ya formalizó su participación en AA2000? ¿Cómo
realiza los controles del contrato el Estado siendo, a la vez, accionista de la empresa?
—El Estado será poseedor de acciones preferidas y tendrá, de inmediato, la posibilidad
de convertir obligaciones negociables (deuda pura) en acciones ordinarias. A partir de la entrada
en vigencia del nuevo contrato, el Estado designará un director y un síndico con amplias facultades
de control. El control del Estado desde el ORSNA es un control regulatorio. Y el control como
accionista es más de carácter comercial societario.
—Se acusa a AA2000 de haber realizado acciones de lobby
sobre el Congreso. Un diputado denunció que le envió vinos y que lo llamaron otros legisladores
para que recibiera a directivos de AA2000.
—Realmente este cuestionamiento parece un chiste. Nadie seriamente puede entender que
regalar para fin de año dos botellas de vino a funcionarios, empresarios, etc., puede ser tomado
como un incentivo a cualquier cosa. En todo momento, hemos buscado una renegociación absolutamente
transparente. Han intervenido la Procuración del Tesoro y la SIGEN. Se celebraron dos audiencias
públicas. Se debatió en el Congreso. Y para esto último nos pusimos a disposición de los
legisladores de todos los partidos, a efectos de aportar información y colaborar para la
comprensión de un contrato de cierta complejidad. Eso no puede considerarse lobby.
El abogado de Aeropuerto Argentina 2000 defiende el contrato renegociado con el Estado argentino