ECONOMIA
CRISIS PRODUCTIVA

“Esto recién empieza”, la alerta industrial que pronostica un 2026 con más casos como FATE

En el sector privado temen que el ala dura del Gobierno potencie su ataque a la industria. Crece el clima opositor en el círculo rojo, a pesar de haber sido el principal sostén libertario.

Diego Santilli UIA 13112025
Diego Santilli UIA | Pablo Cuarterolo

La noticia del cierre de FATE no sorprendió a nadie dentro del círculo rojo, pero sí afectó emocionalmente a muchos empresarios, en especial a los del rubro industrial, porque ven en la icónica fábrica argentina de neumáticos el futuro inmediato de sus negocios. Incluso algunos ya experimentaron —con una sensación de soledad— el trance de bajar sus persianas: más de 22.000 firmas cerraron desde que Javier Milei llegó a la Presidencia. Pero el problema no es lo que pasó, sino lo que vendrá: “Esto recién comienza”, fue la sentencia del establishment productivo.

Distintas fuentes del empresariado argentino, consultadas por PERFIL, dieron cuenta de la “maduración de una crisis que pega por doble frente: el recesivo y el importador”. Según el CEO de una empresa poderosa, que ya debió ajustar personal y reacomodar deudas, “aún queda un trayecto muy complejo por recorrer y el objetivo hoy es salvar las plantas”. El pronóstico que tiene el directorio de la compañía es contundente: “Las fábricas que compiten contra China y la recesión, tarde o temprano, iban a cerrar. Y las que llegaron hasta ahora son las que más aguantaron”.

El dueño de una empresa argentina que tiene plantas en el exterior y que en el país hoy está afectada por la caída del consumo, pero aún a salvo del golpazo de las importaciones, le adelantó a este medio que “el 2026 será un año mucho más duro que el anterior y los cierres de fábricas serán mucho más habituales”. “El caso de FATE es notorio, porque se trata de un grande. Pero habrá más casos FATE, más medianas y más pymes que no podrán seguir con una competencia desleal y una crisis de consumo”, aseveró.

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Ahora, el gran temor de los empresarios es el conflicto social. El cálculo sugiere que el 2027 sería un año de reencendido de máquinas ante una “estabilización de las variables micro, que en la actualidad están afectadas por el costo que significó bajar la inflación”. Pero lo que avizoran en el horizonte es un derrumbe más contundente del empleo, que “puede ser la piedra en el zapato del programa económico y político de Javier Milei, como le sucedió a Carlos Menem en la última parte de la década del 90”, según recordó otro líder industrial.

El espejo de la década menemista

La comparación con la década en donde se derrumbó la industria nacional —al mismo ritmo que durante la última dictadura militar— devuelve una imagen inquietante. Según algunos empresarios que empiezan a ser críticos del Gobierno, aun luego de haberlo apoyado fuertemente en público y en el cuarto oscuro, el escenario es de liquidación: “Cuando ocurra la estabilización, las empresas argentinas estarán regaladas y se vendrá un reacomodamiento de poder y concentración del capital”. “Lo que resta saber es si habrá más multinacionales argentinas o si habrá una avalancha de inversiones buitre de empresarios de otros países, ahora con China como jugador importante”, alertó la misma fuente.

A diferencia de la década menemista, hoy los empresarios adelantaron los cierres de fábricas para evitar una bancarrota familiar. El dueño de una fábrica del sector metalúrgico del cordón industrial de Santa Fe le confesó a PERFIL que en esa provincia existe una “morosidad alta, sin alternativas en ARCA para resolver las deudas impositivas, tasas de interés por las nubes y caída de empresas grandes, lo que grafica cómo están las pymes”.

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“Yo le puedo tratar de explicar a un industrial o funcionario de una gran empresa lo que vivimos las pymes; él puede, incluso, ser empático, pero a la realidad no la vivió. Es como si a mí un pobre me explicara lo que es pasar hambre; yo puedo empatizar, incluso angustiarme, pero la verdad a mí nunca me faltó comida”, ejemplificó de manera contundente el referente fabril que observó, además, una crisis de representatividad en todos los eslabones de la sociedad.

Crece desde el pie

Bajo esa misma línea de alarma, la Unión Industrial de Berazategui (UIB) —una de las bases territoriales de la UIA en provincia de Buenos Aires— le hizo llegar al Presidente una misiva a la que accedió PERFIL en la que, pese a ratificar su acompañamiento a las primeras medidas de gestión, describe la asfixia actual del sector. Los dueños de las pymes advirtieron que el “colchón” de ahorros personales —utilizado hasta ahora para cubrir baches financieros y sostener a los trabajadores— se encuentra “cada vez más debilitado” y al borde del agotamiento.

En el texto, la entidad graficó un escenario de “indefensión” ante la caída del mercado interno y la imposibilidad de exportar la pesada carga tributaria local, sentenciando que, de no haber un cambio de timón urgente, la etapa de resistencia concluirá para dar paso a “pérdidas significativas de puestos de trabajo”.

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El reclamo industrial profundiza la grieta ideológica con la gestión libertaria al calificar la apertura indiscriminada de importaciones como una medida “marcadamente cortoplacista” que golpea sin piedad a rubros sensibles como el textil y la metalmecánica. Lejos de la euforia oficial por el RIGI, desde Berazategui le pidieron a Javier Milei no conformarse con un modelo “exclusivamente extractivista” y exigieron un plan de desarrollo que no desmantele el tejido productivo ni la ciencia nacional; una advertencia clara de que, para las pymes, la modernización no puede ser sinónimo de cementerio industrial.

El informe de la crisis

El último Monitor Mensual de Empresas publicado por el centro de investigación Fundar le puso la firma a la debacle y sentenció que la pérdida de 21.938 compañías desde diciembre de 2023 representó “la peor caída en los primeros 24 meses de un gobierno desde 2003”. El informe detalló que el tejido empresarial se contrajo un 4,3% bajo la gestión libertaria y advirtió que la destrucción de capital no encontró piso, ya que en noviembre se sumaron otras 892 bajas que consolidaron la “decimocuarta caída mensual consecutiva”, un dato que sepultó las expectativas oficiales de una recuperación rápida.

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El documento fue categórico al describir el alcance del daño y subrayó que “la caída es generalizada en todos los sectores”, con un impacto demoledor en rubros como transporte y construcción, que encabezaron los números rojos. El relevamiento de Fundar ilustró este desguace con nombres propios de peso como FATE, Paty y la textil Alal, y alertó sobre el efecto cascada en los proveedores al mencionar los casos de Translog y Novax, arrastrados por el cierre de operaciones de Whirlpool, lo que evidenció cómo la recesión golpeó tanto a grandes firmas como a sus cadenas de valor pyme.

El análisis de los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo confirmó que la crisis no distinguió fronteras, dado que “23 de las 24 provincias muestran una caída desde la asunción del actual Gobierno”, siendo La Rioja y Catamarca las jurisdicciones más castigadas. El estudio concluyó que la destrucción de 10.123 unidades productivas solo en el último año configuró una “vigésima primera caída interanual consecutiva”, una estadística letal que desmintió el relato de los brotes verdes y expuso la profundidad de una crisis que barrió con el empleo registrado a lo largo y ancho del país.

ML