La morosidad de las familias se ha convertido en espejo del deterioro financiero de los hogares argentinos. Pero detrás de los números agregados empiezan a aparecer dos movimientos diferentes: mientras el stock de personas que acumularon atrasos de más de tres meses sigue siendo muy alto, los nuevos incumplimientos muestran cierta moderación, al menos de acuerdo a los cálculos aportados por la Cámara Argentina Fintech.
El último relevamiento que realizaron en la CAF señala que, a julio de 2026, 20,9 millones de personas tenían algún crédito formal en la Argentina y 5,9 millones registraban atrasos superiores a 90 días, en base a los datos de CENDEU del Banco Central procesados por Analytica. En el caso de los bancos, 2,5 millones de personas estaban en situación irregular; en fintech eran 2,6 millones y otro tanto correspondía a otros proveedores no financieros. Vale considerar que una misma persona puede estar endeudada con más de un tipo de entidad, por lo que esas cifras no deben sumarse.
La dimensión del problema sigue siendo significativa. El BCRA informó que en junio la irregularidad de las financiaciones a las familias alcanzó el 12,8%, frente a apenas 3,5% entre las empresas. A nivel de todo el crédito privado, la mora se ubicó en 7,6%, aunque mostró una baja mensual de 0,1 punto porcentual.

¿La mora mejora o empeora?
La respuesta depende de qué parte del fenómeno se mire.
Por un lado, el volumen acumulado de deuda problemática continúa siendo elevado. En julio, el 16,7% del saldo total de crédito se encontraba en situación irregular, de acuerdo con la presentación de la Cámara Argentina Fintech. Además, buena parte corresponde a deudas antiguas que permanecen registradas dentro de la denominada “situación 5”.
Pero, cuando se observa la mora más reciente aparece una señal distinta. Los atrasos de entre 30 y 90 días bajaron desde los máximos registrados a fines de 2025. Para el conjunto del sistema financiero, la denominada mora temprana pasó de 6,6% en noviembre de 2025 a 4,4% en julio de este año, una caída del 33%. En bancos descendió de 6,3% a 4,3%, mientras que en financieras y emisoras bajó de 8,2% en diciembre a 5,3%.
Es decir, no puede hablarse todavía de una normalización de la deuda de los hogares, pero sí de una mejora en la entrada de nuevos préstamos a la mora.
El propio informe advierte, además, que el ratio tradicional puede ofrecer una imagen incompleta: cuando el crédito crece rápidamente, el aumento del denominador puede hacer bajar el porcentaje de mora incluso aunque el stock de deudas impagas continúe elevado. También influye la forma en que cada entidad mantiene, vende o da de baja los créditos de más larga antigüedad.
Refinanciar antes de caer en una deuda difícil de recuperar
El cambio de escenario también empezó a verse en las estrategias de las entidades. Frente al crecimiento de los atrasos, bancos y fintech están poniendo mayor énfasis en detectar temprano las dificultades de pago y refinanciar antes de que el cliente llegue a una situación de mora profunda.
También aparecieron programas concretos de bancos públicos y privados. Según un relevamiento publicado en septiembre, los planes para regularizar mora temprana o saldos de tarjetas presentan tasas nominales cercanas al 29% y hasta alrededor del 41%, dependiendo de la entidad y las condiciones del cliente.

Banco Nación, por ejemplo, redujo recientemente del 35% al 29% TNA la tasa para determinados planes de refinanciación de tarjetas con atrasos, mientras extendió los plazos de pago hasta cinco años.
La diferencia con un crédito personal ordinario es relevante: la tasa promedio de los préstamos personales informada por el Banco Central se encontraba el 14 de septiembre en 63,89% nominal anual.
Esto significa que algunos programas de regularización empiezan a ofrecer tasas sensiblemente inferiores a las disponibles para tomar un nuevo préstamo personal.
Sin embargo, no existe por ahora una estadística pública consolidada que permita afirmar cuánto aumentó el volumen de refinanciaciones de hogares en todo el sistema. Lo que sí puede observarse es una mayor oferta de programas específicos y una reducción de tasas en algunas líneas destinadas a clientes que comenzaron a atrasarse.
El crédito creció, pero Argentina sigue teniendo poco financiamiento
El problema de la mora convive además con una paradoja: comparada con otros países de la región, la Argentina continúa teniendo un sistema financiero pequeño.

El crédito bancario al sector privado representa alrededor de 13,1% del PBI, muy por debajo del 26,6% de México, 47,8% del promedio latinoamericano y cerca del 75% de Brasil y Chile, de acuerdo con datos del Banco Mundial recopilados por el ITBA.
Refinanciación de deudas en CABA: cuáles son los bancos que se adhirieron al programa
Al mismo tiempo, se amplió fuertemente la cantidad de personas con financiamiento formal. Entre diciembre de 2019 y julio de 2026, el número de individuos con acceso al crédito creció casi 30%. Las fintech explicaron buena parte de esa expansión: actualmente 10,6 millones de personas tienen algún financiamiento fintech y cuatro millones sólo acceden al crédito mediante ese canal.
Ese fenómeno ayuda a explicar también las tasas más elevadas del sector. Las fintech suelen financiar perfiles con menor historial crediticio, no captan depósitos para prestar y deben fondearse mediante deuda bancaria o mercado de capitales.
En febrero, por ejemplo, la tasa nominal promedio relevada en préstamos personales era de 70% entre entidades financieras, 140% en fintech y 179% en otros proveedores, según datos del BCRA incluidos en el trabajo.
Qué pasa con las tasas en otros países
Las comparaciones internacionales requieren cautela porque no existe una única “tasa de refinanciación” comparable entre países. Cambian las metodologías, los tipos de crédito y la regulación. Sin embargo, Chile, Colombia y Perú ofrecen ejemplos sobre cómo se administran los límites al costo del financiamiento.
En Colombia, por ejemplo, la Superintendencia Financiera certificó para septiembre una tasa de interés bancario corriente de 19,49% efectivo anual para consumo y crédito ordinario, mientras que la tasa máxima para ese segmento quedó en 29,24% anual. Para préstamos de consumo de bajo monto, en cambio, los límites son considerablemente más altos.
Chile también aplica tasas máximas diferenciadas por monto y plazo. Además, desde junio de este año modificó la fórmula del pago mínimo de tarjetas con el objetivo explícito de reducir el riesgo de sobreendeudamiento: el mínimo debe incorporar la totalidad de determinados cargos más al menos el 5% del saldo financiable.
Perú tiene desde 2021 un régimen de tasas máximas para créditos de consumo, pequeños préstamos y financiamiento a microempresas. El límite vigente para el actual período se determina sobre el promedio de las tasas del sistema y se revisa semestralmente.
Pero la experiencia regional muestra que reducir por regulación el costo máximo del crédito puede tener efectos secundarios sobre quién consigue financiamiento.
En Chile, la reducción del tope de tasas aplicada desde 2013 produjo una caída estimada de 9% en las tasas de los préstamos aprobados, pero la cantidad de créditos cayó 19%, con un impacto mayor sobre los clientes de mayor riesgo.
En Colombia ocurrió el fenómeno inverso: cuando en 2007 se flexibilizó el límite para microcréditos, la cantidad de nuevos préstamos aumentó entre 41,8% y 57,7%, dependiendo del grupo utilizado para la comparación.
Y en Perú, luego de establecerse topes en 2021, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP detectó que 216.166 personas que previamente tenían créditos de consumo o MYPE dejaron de aparecer en el sistema hacia diciembre de 2023, con una incidencia mayor entre los sectores de menores ingresos. El propio estudio aclara que no puede atribuirse toda esa salida exclusivamente al límite de tasas.
El dilema que se plantea a nivel local es bajar la tasa sin cerrar el acceso al crédito.
Un relevamiento de la Cámara Fintech contabilizó 60 proyectos presentados en el Congreso vinculados al crédito, muchos de los cuales proponen límites sobre las tasas compensatorias, intereses punitorios o el costo financiero total.
La discusión aparece en momentos en que la deuda familiar sigue mostrando una situación delicada, pero las primeras señales de mora comienzan a retroceder y algunas entidades están reduciendo el costo de las refinanciaciones.
Por ahora, el escenario puede resumirse como una mejora incipiente, no como una solución del problema. Hay menos nuevos préstamos entrando en mora que durante los picos de 2025, pero todavía hay casi seis millones de personas con atrasos superiores a tres meses.
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