El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e
irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de
entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica (...).
Esto ordena nuestra Constitución Nacional en el Capítulo Primero sobre “Declaraciones,
Derechos y Garantías” –tercer párrafo del art. 14 bis–, respecto de la cual todos
los ciudadanos de la Argentina asumimos la obligación de defenderla.
De ella se desprende claramente, aún cuando la lente de algún interés particular pueda
dificultar la lectura, que se trata de una obligación del Estado Nacional que es integral e
irrenunciable.
En torno a estas declaraciones y garantías, el célebre constitucionalista G. Bidart Campos
sostenía que la Constitución se vulnera no solamente cuando se hace lo que ella prohíbe, sino
también cuando se deja de hacer lo que ella manda que se haga.
La reestatización del sistema de jubilaciones significa no sólo una reivindicación histórica
de gran magnitud, sino, básicamente la adecuación de la conducta del Estado a los mandatos de la
Constitución que regula sus actos. La privatización de este sistema provocó una transferencia de
fondos del Estado hacia el sistema financiero; una real “sangría”. Para aportar alguna
idea de lo
que estoy hablando, me voy a remitir a algunos datos “duros”:
Los fondos de jubilaciones y pensiones del sistema de Capitalización suman unos $97.919
millones de los cuales $53.441millones han sido invertidos en títulos públicos. Nuestra historia
reciente y los acontecimientos actuales nos enseñan el riesgo ínsito en ese tipo de inversiones.
Ese dinero, que a veces se invierte despreocupadamente, no es otra cosa que el ahorro de nuestros
trabajadores.
La rentabilidad del ahorro asalariado en manos privadas ha sido de -10% (menos diez por
ciento) para agosto de 2008. Los recursos que recibe el sistema de capitalización, anualmente
rondan los $ 13 mil millones mientras que los beneficios que otorga rondan los $ 1.000 millones.
Claro está, es el Estado quien asume el costo de la Prestación Básica Universal (PBU).
Los 12 mil millones resultantes, en manos del Estado consolidarían definitivamente el
supéravit de la Seguridad Social y del Estado Nacional y evitaría el trillado recurso al
endeudamiento público.
Esto también es claro, la “sangría” de fondos, muchos de los cuales se perdieron
ya en comisiones, especulación financiera y “otros”, provocó un déficit fiscal crónico
y el agigantamiento de la deuda.
Ningún Estado desarrollado del mundo tiene un sistema de capitalización, aunque sea
remotamente similar al nuestro. Es una idea descabellada.
La actual administración Bush, la misma que intervino en defensa del sistema financiero, sí,
la misma, cuando pretendió privatizar el sistema de la seguridad social estadounidense obtuvo como
fuerte contestación la respuesta de numerosos sectores; pero recordaré los dichos en particular de
dos premios Nobel, porque basaron su repudio en la “enseñanza” argentina.
Paul Krugman escribió en diciembre de 2004 en el
New York Times: Una de las mayores razones que explican el rápido ascenso de la deuda en
la Argentina en los 90 fue una reforma de las pensiones que incluía el redireccionamiento de las
mismas a cuentas individuales, un redireccionamiento que el presidente Carlos Menem al igual que el
presidente Bush decidió financiar con endeudamiento en vez de impuestos. Por lo tanto, el Sr. Bush
intenta emular un plan que sirvió para montar el escenario de la crisis económica Argentina.
Por su parte, el otro premio Nobel, me refiero a Joseph Stiglitz, escribió en abril de 2005
en
The Guardian: Los Estados Unidos y el Mundo deben recordar: la privatización en la
Argentina de su sistema de pensión estuvo en el centro de sus recientes calamidades fiscales. Si la
Argentina no hubiera privatizado, su presupuesto habría estado básicamente balanceado.
No caben dudas de que debe reverse el modo en que todas estas inmensas tranferencias fueron
llevadas a cabo, pero sobre todo, deben implementarse los mecanismos para revertir el dramático
escenario en que quedamos insertos.
El sistema de la Seguridad Social cuyo principio fundante es la solidaridad, que hace al
bienestar general, que pone en juego los ahorros del pueblo trabajador no puede estar en manos
privadas cuyo ánimo es el lucro.
Estas medidas de recuperación, de implementación paulatina, tuvieron ya su inicio con la
apertura del régimen en 2007. Recordemos que quien se casaba con –o era cazado por– una
AFJP no podía divorciarse –o en su caso liberarse–.
No tengo dudas al respecto, es el Estado, en cumplimiento de los mandatos constitucionales,
quien debe retomar su rol dinámico y protector de los ciudadanos, más aún cuando lo que se
encuentra en juego es el futuro de los argentinos.
La medida propuesta por nuestra Presidenta no sólo es de gran nobleza, sino que además trae
consigo un gran sentido de la oportunidad dado el contexto global.
*Diputado de la Nación.
La nacionalización de las AFPJ es un paso hacia la recuperación del Estado
La Seguridad Social no puede quedar en manos privadas, cuyo objetivo es el lucro, alega el abogado de la CGT y diputado.