La adopción de inteligencia artificial (IA) en las empresas aún no logra traducirse en resultados económicos concretos, ya que más de la mitad de los CEOs del mundo (56%) asegura no haber obtenido beneficios ni en ingresos ni en reducción de costos, según una encuesta global de PwC difundida este año.
En ese contexto, la urgencia por incorporar esta tecnología, sin un diagnóstico previo del negocio, está generando errores estratégicos que afectan la rentabilidad, la relación con los clientes y la confianza interna.
El relevamiento de PwC refleja que, pese al fuerte impulso de la IA en la agenda corporativa global, la mayoría de las compañías todavía no percibe un retorno financiero claro de sus inversiones, lo que abre interrogantes sobre la forma en que se están diseñando y ejecutando estos procesos.
De acuerdo con los datos de la encuesta, solo cerca de un tercio de los directores ejecutivos (30%) reportó un aumento en los ingresos asociados a la inteligencia artificial durante los últimos 12 meses, mientras que un 26% indicó haber logrado una reducción de costos vinculada a su implementación.
Sin embargo, el dato predominante es que más de la mitad de los CEOs consultados afirmó no haber obtenido mejoras ni en ingresos ni en costos, lo que evidencia una brecha significativa entre las expectativas iniciales y los resultados concretos de estas inversiones tecnológicas.

El informe también muestra un escenario de mayor cautela en el corto plazo. Apenas el 30% de los ejecutivos se declaró muy o extremadamente confiado respecto del crecimiento de los ingresos de su empresa en los próximos 12 meses, una cifra inferior al 38% registrado el año pasado y muy por debajo del pico del 56% alcanzado en 2022.
CEOs bajo presión y un entorno de negocios más complejo
En paralelo, el estudio de PwC señala que los CEOs están buscando nuevas fuentes de crecimiento fuera de sus sectores tradicionales. Más del 40% indicó que sus empresas comenzaron a competir en nuevos rubros durante los últimos cinco años, y entre quienes planean grandes adquisiciones en los próximos tres años, cuatro de cada diez prevén operaciones en otras industrias.
El contexto macroeconómico también aparece como un factor de preocupación. Casi un tercio de los directores generales (29%) consideró que los aranceles reducirán el margen de beneficio neto de sus compañías en los próximos 12 meses, aunque la mayoría (60%) espera poco o ningún impacto en este frente.
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A esto se suma el factor confianza. Dos tercios de los CEOs (66%) afirmaron que, en el último año, surgieron preocupaciones relacionadas con la confianza de los grupos de interés en al menos un área de sus operaciones, una variable que, según el informe, genera diferencias significativas en los rendimientos para los accionistas.
En este escenario, los ejecutivos señalaron que dedican casi la mitad de su tiempo (47%) a cuestiones con horizontes temporales inferiores a un año, frente a apenas un 16% destinado a decisiones con una proyección superior a los cinco años, lo que refleja una gestión cada vez más condicionada por la urgencia del corto plazo.
La advertencia sobre errores en la adopción de IA
Sobre este trasfondo, la consultora Aditi, advirtió que la presión por adoptar inteligencia artificial está llevando a muchas organizaciones a cometer errores estratégicos que no se originan en la tecnología, sino en la forma en que se la implementa.
El director de Aditi Consulting, Gonzalo Airoldi, señaló en un comunicado que “los cambios tienen que estar impulsados por necesidades concretas del negocio, y no por tendencias o modas. Implementar IA solo porque todas las compañías lo están haciendo es pensar el problema al revés. El negocio manda; la tecnología acompaña”.
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Para Airoldi, uno de los fallos más frecuentes es partir de la herramienta y no del problema a resolver. En ese sentido, explicó que muchas organizaciones plantean objetivos genéricos, como aplicar IA en ventas, sin identificar previamente dónde se encuentra el verdadero cuello de botella del proceso.
Otro punto crítico es la gestión del cambio. En la misiva se destacó que existe una diferencia sustancial entre aceptar ciertos márgenes de error como parte de una estrategia planificada y avanzar sin medir el impacto en las personas. “Lo que no se puede hacer es implementar algo sin medir, sin comunicar y sin acompañar. Eso no es agilidad, es una mala práctica”, afirmó.
Por último, el directivo señaló que las implementaciones exitosas comparten un denominador común: partir del diagnóstico del negocio, involucrar a los colaboradores desde el diseño de la solución y definir métricas claras de éxito antes de escalar la tecnología. “La transformación digital no es una carrera de velocidad. Es un proceso estratégico que requiere visión de negocio, gestión del cambio y ejecución disciplinada”, concluyó en el comunicado.
GZ/LT