Solo a un robot se le ocurre contestar el siguiente interrogante: “¿Cuán exitoso cree que
puede llegar a ser
el paquete económico anunciado por Cristina Fernández de Kirchner la semana
pasada?”, sin prestarle atención al contexto político y a la situación económica en que fuera
propuesto, y sobre todo a la credibilidad que tiene el Poder Ejecutivo a partir del 25 de mayo de
2003.
Sólo a un robot o a un economista joven. ¿Qué estamos “fabricando” en las
universidades, me pregunto y le pregunto a mis colegas, y no sólo en economía, cuando a juzgar por
los dichos o los escritos me encuentro con que increíble cantidad de graduados universitarios habla
como si una discusión sobre cómo conectar un par de caños, para evitar filtraciones, se pudiera
desarrollar así como así, sin saber si por adentro va a pasar agua para calmar la sed, o gas
venenoso destinado a un campo de concentración?
El joven profesional que conoce los teoremas pero no camina por la calle, no sabe
escuchar ni expresarse, no lee historia y cree que la política puede ser algo extraño a sus
análisis, confunde en vez de ser parte de la solución. Porque lo que puede ocurrir con un paquete
que busca blanquear capitales, perdonar las omisiones impositivas, previsionales y aduaneras,
reducir los impuestos al trabajo para quien aumente su dotación de personal y que crea el
Ministerio de la Producción, sólo puede ser conjeturado a partir de la falta de credibilidad en el
accionar del Poder Ejecutivo.
En efecto,
qué puede ocurrir con e
l blanqueo de capitales
y la moratoria (pensando santamente, más allá de
las implicancias que puede tener sobre causas judiciales donde están involucrados funcionarios de
este gobierno, porque si éste fuera un verdadero motivo de la medida lo que superficialmente luce
como un fracaso en realidad sería un éxito), no puede ser independiente del hecho de que hace pocos
días el gobierno incautó los fondos provisionales existentes en las AFJP.
Uno no se blanquea frente “al país” sino frente a autoridades concretas. Es
difícil pensar que los argentinos que desde el punto de vista impositivo, aduanero, previsional o
cambiario, están hoy en “orsay”, van a presentarse masivamente ante las autoridades
mostrando los recursos que tienen fuera del sistema.
El anuncio de la reducción transitoria de los impuestos al trabajo para quien aumente su
dotación de personal, además de “neoliberal” (¿será posible esto, luego de todo lo que
tanto Néstor como Cristina Kirchner dijeron del neoliberalismo, desde que son Gobierno?) luce hoy
irrelevante. Deben contarse con los dedos de una mano las empresas que hoy están aumentando su
dotación de personal, el caso típico es el de la empresa que, por caída de ventas y producción,
primero adelanta las vacaciones, luego elimina las horas extras, para terminar suspendiendo y
despidiendo personal.
Piénsese lo que se piense como principio, aquí y ahora tiene más sentido el reclamo sindical
por la doble o triple indemnización (¿qué tal prohibir los despidos, así terminamos con el
problema?), que la desgravación por aumento del empleo.
La creación del Ministerio de la Producción
seduce a una porción del sector privado, porque tiene que ver con la idea de que
cuanto más alto sea el lugar del Gobierno donde se “llevan” los asuntos de un sector o
región, más chances hay de que dichos asuntos sean debidamente tratados. Al respecto cabe recordar
que este Gobierno no reúne al gabinete, de manera que decir que “la producción llegó al
gabinete” es una licencia poética.
(*) Especial para Revista Fortuna
Paquete Neoliberal, en manos increíbles
El economista analiza las medidas tomadas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para afrontar la crisis.