ECONOMIA
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Ser ‘investment grade’, meta financiera en el idilio con el mercado

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La insistencia en reducir el déficit fiscal aun cuando eso signifique asumir un fuerte costo político, tiene su explicación en una de las ambiciones del Gobierno: lograr que la Argentina alcance el “grado de inversión”, la máxima categoría otorgada por las calificadoras de riesgo referida a la capacidad de pago de un país.

Y es que el nivel de déficit, la cantidad de reservas en las arcas oficiales, la consistencia de la política monetaria son sólo algunos de los parámetros que miran Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s, junto con el nivel de endeudamiento y la estabilidad de la economía en general. Si bien son analizados en conjunto por lo que existen matices entre las naciones.
La jerga dice que hoy la Argentina tiene una calificación B con perspectiva estable según Fitch y S&P, Moody’s califica con B y perspectiva positiva. Para llegar a grado de inversión debería llegar al menos a Baa para Moody’s o BBB para las restantes, a partir de ahí se puede mejorar con una A, luego AA y finalmente una AAA que representa el primer nivel dentro de grado de inversión.

Mientras que la deuda argentina hoy resulta atractiva por los altas tasas que aún paga el país, en la Casa Rosada se entusiasman con la posibilidad de reducir el costo de las emisiones cuando se obtenga una “AAA” que corresponde al mayor aval que tiene un soberano al momento de salir a buscar financiamiento en el mercado.

El entusiasmo llevó al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger a señalar que intentará elevar el nivel de reservas internacionales de la entidad hasta un nivel similar al de países de la región, porque eso contribuirá a lograr el grado de inversión “que tenemos como proa”.

Pero la agenda real parece ir a otra velocidad, las metas fiscales pueden lucir no demasiado ambiciosas ante la ansiedad en la búsqueda de rendimientos por parte de los inversores que el Gobierno busca seducir, y con un tercio de la sociedad por debajo de la línea de pobreza, decidir dónde recortar es demasiado delicado. Tanto es así que fue el propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el que recientemente aseguró que la nota máxima de capacidad de pago podría esperarse para después del término de la gestión.

Mientras tanto, la apuesta es que el riesgo país de la Argentina caiga para aliviar los costos de las emisiones. Después de perforar momentáneamente el piso de 400 puntos básicos, la Argentina presentó una mejora de 10% en lo que va del año, aunque todavía tiene un largo recorrido para alcanzar a Brasil que hoy cuenta con 286 puntos básicos.