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ELOBSERVADOR / crisis humanitaria
sábado 14 septiembre, 2019

Volver a empezar en la Argentina: historias venezolanas de superación

Yrina Morgado se especializa, desde sus oficinas en Tigre, en capacitar a compatriotas que dejaron en su país altos cargos ejecutivos o profesiones de éxito, alejándose de familias y amigos para arrancar de cero.

por Silvina Marquez

Miles de venezolanos llegaron a la Argentina, empujados por la crisis humanitaria. Foto: car graciano
sábado 14 septiembre, 2019

Entre los miles de venezolanos que llegaron a la Argentina, empujados por la crisis humanitaria que devasta su país, hay muchos profesionales que debieron sobrevivir con trabajos en negro, limpiando oficinas,  trabajando en verdulerías o planchando ropa. Ante esa situación, Yrina Morgado, una especialista en recursos humanos, decidió que debía ayudar a sus compatriotas.

“Nosotros éramos un país de recibir inmigrantes, no de emigar, por nuestras venas no estaba eso. En nuestra cultura no estábamos acostumbrados a dejar a nuestras familias”, cuenta a PERFIL esta venezolana de nacimiento -“pero argentina de corazón”- desde su oficina en Tigre, donde vive con su “equipo”: Alex, su esposo; Fabrizio y Dakota, sus hijos.

Yrina fue “afortunada” -como se define- porque llegó ya con un trabajo y porque tenía familiares que la recibieron aquí, “así que hubo un apoyo importante”, dice.

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Su caso “fue muy diferente al de muchas personas. Igualito, me pongo en los zapatos de los demás que han pasado tantas cosas duras. Hay muchos otros venezolanos que no corren esta suerte. Veo cuántos familiares están llegando con niños, a quienes no les ha sido fácil ni siquiera salir de Venezuela, y que se pasan viajando hasta 14 días en colectivos y pasan de un país a otro a pie”.

Provincias con mayor radicación de venezolanos.

Aviones y micros. En los últimos meses se produjeron varias polémicas en las redes sociales sobre el exilio venezolano en la Argentina, por quienes afirmaban que a nuestro país solo venián “ricos” y gente “sin hambre”, ya que los más necesitados dejaban a pie Venezuela.

Eso puede haber sucedido en un comienzo, explica a PERFIL Vicenzo Penza, presidente de la Asociación Venezolana (Asoven) de residentes en la Argentina , durante “los primeros años de la oleada migratoria, en 2015, 2016, 2017, cuando había más profesionales y menos grupos familiares”.

Sin embargo, Yrina recuerda que, aún entre esos primeros inmigrantes, hubo “algunos que durmieron en plazas o que comían naranjas porque ya no tenían que comer”.

Hoy, apunta Penza, se está viendo una migración "más carenciada. Eso lo notamos por la gente que viene a por las donaciones, a buscar ropa de invierno. Antes era un papá o una mamá que venían a juntar el dinero y traer a los demás. Venían en avión; ahora vienen en micro, atravesando todo Brasil o por la Cordillera de los Andes y en grupos familiares. Con más dificultades que en otro momento. Ya desde el año pasado. Este grupo migratorio es diferente", afirma.

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Sufrimiento. Contadora pública y experta en reclutamiento y en las búsquedas de personal calificado conocidas como “headhunters”, además de otros estudios, Yrina sintió la necesidad de ayudar a sus compatriotas. “Yo voy a ayudarlos porque ya sé bastante del sufrimiento y  hambre que está pasando esa persona. Yo voy a ser partícipe de ese granito de arena”, se dijo. Comenzó entonces a capacitar a inmigrantes -venezolanos en su mayoría, aunque también de otras nacionalidades- que llegaban a la Argentina. El objetivo: que conocieran sus fortalezas, superaran sus defectos y así pudieran  “venderse” mejor a través de su currículum a diferentes empresas.

Evolución de la radicación de venezolanos en la Argentina.

“El venezolano llega con su título y piensa que lo tiene que meter en una maleta. Piensa que debe empezar de cero y prácticamente se castiga: ‘yo tengo que pasar las verdes para conseguir las maduras’”, como decimos en Venezuela”. Ante esto, lo que esta amante de las arepas les plantea es la posibilidad de mejorar su CV. “Por qué empezar de cero si es un país de oportunidades. A mí me recibieron, por qué tu no”, los alienta.

Yrina advierte que cuando mejora la situación de un inmigrante, “no se da solo el crecimiento de la persona. También mejora la calidad de vida de su grupo familiar, y recordemos que todos los que dejamos familia en Venezuela les mandamos dinero”, sostiene.

Y no se trata de ayudar sólo “a la mamá, el papá o los hijos; estamos hablando también de tíos, inclusive de amigos” a quienes se envía dinero.  

Las historias de vida que acompañan estas líneas se plasmaron gracias al trabajo profesional de Yrina.

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¿Por qué Argentina? En cuanto a su elección Penza, de Asoven, considera que es fundamentalmente por un tema de documentos.  “Es el país con más facilidades migratorias.  Al tener nosotros el privilegio de pertenecer al Mercosur como ciudadanos, aunque no como país,  eso nos facilita”.

En el caso de los jóvenes,  el Gobierno argentino publicó en su Boletín Oficial del 9 de febrero de 2018  la decisión de otorgar “tratamiento preferencial” a los estudiantes de Venezuela en los “trámites administrativos de reconocimiento de estudios”, que a su vez están  exceptuados del requisito de legalización de la documentación educativa que deben realizar todos los estudiantes extranjeros que decidan cursar en instituciones de Argentina.

 Yrina recuerda que el idioma también influye a la hora de elegir nuestro país. Y “es conocido que Argentina recibe al extranjero de muy buena manera, con proyectos, educación, trabajo e igualdad de oportunidades. El mito del argentino creído no sé de dónde salió”.

Venezolanos radicados por profesión.

Penza subraya que “todo está supeditado a la obtención del DNI: si no hay DNI no hay convalidación y el trámite se retrasa”. Y explica que “un médico, un ingeniero o un docente van a tener más posibilidades que un abogado, que va a tener que hacer otro tipo de estudio”. Es el caso de Inexis Bujosa, que trabajó en negro hasta que tuvo sus papeles (ver recuadro).

Así, de acuerdo a los datos del Ministerio del Interior, en las radicaciones por actividad de 2015 a 2018 predominan los ingenieros (16.234), como Ybelice Flores, que se vino con su esposo porque su hijo estudiaba acá, o Alejxandra Olaizola ; seguidos por administradores de empresas (10.860) y profesionales de la salud (4.517).

Según datos del Ministerio del Interior de junio de 2019, la mayoría de los venezolanos se radican en Capital y provincia de Buenos Aires, pero también en Córdoba y Neuquén (ver gráfico). Al respecto Yrina Morgado, la menor de 20 hermanos, explica que Buenos Aires, además de ser vista como “una urbe hermosa donde hay más posibilidades”, es también donde hay mayor concentración de venezolanos porque “es una manera de apoyo. Es como volver a estar en las calles de tu ciudad”.

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“Trabajé en negro en Once”

Inexis Bujosa

Soy licenciada en química, egresada de la Universidad Simón Bolívar. En Venezuela estaba ejerciendo. Llegué hace tres años. Al comienzo fue duro. Dejando todo atrás, vendimos todo con mi esposo y a empezar de cero. Para que nos llamaran nos pedían el DNI u otros papeles que aún no teníamos porque estaban en proceso. Yo trabajé en negro en Once, más de 12 horas de lunes a sábado, y a mi marido también le tocaba viajar, pero todo en negro. Yo metiendo CV, me contrataron en  un laboratorio de cosméticos, hasta que hubo reducción de personal. Ahí empieza el dilema porque ya teníamos cosas que pagar. Ya con una experiencia en Argentina calificaba más y me llamaban, pero no quedaba. Un mes después de la capacitación logré el contrato con una multinacional farmacéutica. Pude mejorar mi calidad de vida y traer a mis papás, tenerlos acá conmigo. Ahora, tengo a mi bebé y los beneficios de estar en blanco. Nos cambió la vida. Con Argentina estamos agradecidos.


“¿Cuándo te vas a venir?”

Osmarbin Colmenarez

En diciembre de 2017 llegué porque tenía un amigo que había estudiado conmigo lo que acá se llama una  Tecnicatura en Electricidad. Un día le dije que tenía que hablar con él y la respuesta fue: “¿Cuándo te vas a venir?. Me pagó el pasaje, el hospedaje, la comida, me dio para que saque el documento. Primero, empecé en una obra que no me pagaron ni nada. Luego, en una lavandería que pedían “chico venezolano” y se me acabó el contrato. También trabajé en una verdulería para pagar mi alquiler y ayudar a mi familia, y hacía unos cursos de la Ciudad. Mientras tanto seguí mandando currículums y no me llamaban ni por equivocación. Actualmente estoy trabajando en una empresa en la parte de mantenimiento.

Osmarbin Colmenarez
Osmarbin Colmenarez.

“En mi vida he planchado, pero yo aprendo”

Ybelice Flores

Llegamos sin nada con mi esposo en junio de 2017. Soy ingeniera en computación y analista funcional de sistemas. Como no me llamaban de las empresas empecé a caminar por las calles de Buenos Aires a dejar mi currículum. En realidad, tuve una entrevista a las dos semanas de haber llegado con una empresa de computación. Pensé que yo había hecho la entrevista del siglo. Bueno, no me llamaron ni siquiera para decirme “no fuiste seleccionada”. Les escribí y no tuve respuesta. Después conseguí trabajo. Por las mañanas limpiaba casas en Vicente López y tres apartamentos en Belgrano. También entré a una lavandería y le dije a una persona que ahora es una gran amiga, Lili: “¿No necesitas alguien que planche?”. “¿Tú sabes planchar?”. “En mi vida he planchado, pero te lo juro que yo aprendo”. “Yo pago por camisa planchada”. Y ahí cuadré. En las mañanas limpiaba y en las tardes trabajaba en la lavandería. El primer día me regresó todas las camisas de lo mal que yo planchaba. En septiembre comencé en una inmobiliaria que buscaban manejar sistemas. Pensaba que era por mi edad. En estos momentos tengo 54 años, soy jubilada de una empresa petrolera y trabajé en la parte de computación en el área de Sistemas. Hablo inglés. Me gradué en la Universidad de Houston y estoy certificada. Actualmente estoy en el área de proyecto en una refinería. Es un reto para mí. Todo este proceso nos ha hecho crear lazos de amistad; y en su momento cada uno nos dio una mano.


“Estás solo contra el mundo”

Héctor Bermúdez

Viajé de Caracas a Buenos Aires el 25 de febrero de 2018. Soy ingeniero industrial y tengo 40 años. No quería iniciar mi vida de inmigrante de forma ilegal. Cuando uno emigra de forma consciente o inconsciente te desprendes, cortas un cordón umbilical que no habías sentido, que te ata a tu país de origen, hay algo que arriesgar. Estás como solo contra el mundo. Y ese miedo te puede paralizar o impulsar, depende de la actitud que tú tienes como persona. Al seleccionar el país para migrar uno tiene que pensarlo bien en cuanto a los documentos y el tema económico y laboral. Yo le di más peso a cómo es el ciudadano argentino. Ya había venido acá y el argentino es más abierto a recibir inmigrantes. En mayo tuve la primera entrevista y quedé en una empresa de módulos habitables con contenedores marítimos reciclables. Me vine solo y después mi pareja. Después me salió la oportunidad de hacer un curso de inglés en Estados Unidos y me hicieron una despedida en el trabajo y me dijeron que tenía las puertas abiertas a mi vuelta. Ya regreso a fines de septiembre, pero primero viajo a Venezuela. Una vez en Argentina espero tocar las puertas de la empresa que me dio la oportunidad de iniciar mi vida laboral en Argentina.


“Una de las cosas es la perserverancia”

Jhenny Blanca

Ahorita estoy en Mendoza. Soy ingeniera civil de la Universidad de Carabobo. El 3 de septiembre se cumplió un año que estoy en Argentina. Llegué a Buenos Aires a casa de una prima y después estuve en lo de unos padrinos, cerca de Lomas de Zamora. Estuve planificando un año para poder venir para acá y, recolectando dinero, me vine en avión. Me motivó sobre todo las ganas de buscar una mejor calidad de vida para mí, mi hija y mi familia. Empecé a enviar currículums y currículums las 24 horas, aplicando en todas las páginas web. Una de las cosas que hay que tener y no perder es la perseverancia. Estuve en varias entrevistas de trabajo. Me llamaron de dos empresas y me decidí por una. Después se comunicaron de Mendoza. Me gustaron los beneficios que me ofrecían y quedé seleccionada como planificadora de obra. Uno llega aquí, prácticamente solo, sin la familia. Yo estoy divorciada, dejé a mi hija de 10 años con mis padres. Si bien hablamos por internet, no es lo mismo. Ya me estoy estabilizando y pronto la voy a traer junto con mis padres. Es lo que más quiero. Ellos no están mal allá, pero gracias a Dios yo les puedo enviar dinero  y por allí se ayudan.


“No me volvían a llamar”

Alexandra Olaizola

Tengo 27 años y soy ingeniera en computación. Llegué a Argentina hace tres años. Allá trabajaba en una aerolínea, tuve mi bebé y me vine. Mi campo laboral lo he ejercido más acá que en mi país. Elegí Argentina porque hace cuatro años mi hermano ya estaba. También por las posibilidades para desarrollar mi carrera y por la situación de Venezuela. Fue complicado. Yo  me quedaba con la nena de cinco meses y mi esposo que es ingeniero en informática salía a trabajar. Me costó mucho conseguir trabajo. Me decían que les gustaba mucho mi perfil, pero no me volvían a llamar. Allá no hay tantos filtros para un trabajo. Actualmente estoy trabajando en lo mío.

Alexandra Olaizola
Alexandra Olaizola, en una de sus últimas fotos en Venezuela.

“Lo material se recupera pronto”

Yrina Morgado

Fui secuestrada en Venezuela. Me quitaron todo, nevera, lavadoras, comida. Yo estaba embarazada. Querían que me acueste arriba de mi barriga. Fue la cosa más espantosa que he vivido en mi vida. Eso me marcó. Mi hijo nació prematuro. Pensaba en Argentina, donde tengo lazos, se está bien económicamente y hay prosperidad. Ahí empiezo a planificar. Después mi hijo necesitaba eterogermina y, por la escasez de medicamentos, por las redes sociales me la daban a cambio de un  mercado completo (bolsa con comestibles):  “yo te doy esta medicina pero tu me hacés un mercado”. Yo pensaba “tengo el dinero, tengo el seguro, pero si no tengo la medicina, qué hago con eso. Me tocó a mí de cerca. Dakota nace y también Giuliana, la hija de mi amiga Vanesa, la niña se enfermó y se complicó. No llegó la medicina a tiempo, demoró 14 días y la bebé de seis meses murió. Me volví como loca. Dije “lo puedo tener todo, pero lo más importante es la salud de mis hijos”. Encendió todas las alarmas de mi cabeza. No estoy en el lugar correcto. Mi mamá Estela, papá Edmundo y mis 19 hermanos me apoyaron en Venezuela. Fue difícil en el sentido de dejar no lo material, tú viajas y no sabes cuándo vas a regresar. Es duro a nivel familiar, lo material se recupera pronto.


Yrina Morgado, Asociación Venezolana

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